INTRODUCCIÓN

      El I Congreso Internacional de Barroco Latino-Americano, celebrado en Roma en abril de 1980, bajo los auspicios del Instituto Italo-Latino-Americano, constituyó todo un hito en la revisión crítica sobre los estudios del Barroco en Iberoamérica.
       Hasta esta fecha las polémicas persistentes sobre la existencia de un barroco colonial autóctono, o la evalución acertada de los préstamos estilísticos de modelos procedentes de Europa, significaba una controversia en ciertos casos inicial.
       El nuevo debate emprendido en Roma, las nuevas metodologías ensayadas, supusieron un referente incuestionable a la hora de abordar un fenómeno cultural, el del barroco americano, que -como apuntaba en aquel entonces Paolo Portoghesi en la sesión inaugural- mostraba una extraordinaria capacidad de ser coherente y unitario en ciertos aspectos y diverso entre las diferentes modalidades regionales. Y añadía: "Este uso libre, este uso desprejuiciado de la gran herencia de la cultura clásica, de la cultura griega, romana y renacentista en particular, ha hecho posible este milagro de la diferencia en la unidad, esta adecuación a las exigencias de climas y regiones".
       Una década más tarde, en 1991, fue la ciudad mexicana de Querétaro la que hospedó a un nutrido grupo de especialistas en la segunda edición de este evento. Este II Congreso Internacional posibilitaría la incorporación de una nueva generación de investigadores dispuestos a constrastar la validez y los avances efectuados en los métodos de análisis desarrollados.
       De nuevo, diez años más tarde, en octubre de 2001, ha sido la ciudad de Sevilla quien tome un relevo tan comprometido como alentador: organizar el III Congreso Internacional del Barroco Iberoamericano, esta vez celebrado bajo el epígrafe de "Territorio, Arte, Espacio y Sociedad".
       Este acontecimiento ha sido posible gracias a la apuesta decidida y el compromiso universitario de la universidad más joven de Andalucía, la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, quien desde un primer momento aceptó este reto, uno más en su vocación americanista y en su voluntad de excelencia.
       Durante más de dos años han sido infinitas las horas de trabajo dedicadas al buen éxito de este encuentro internacional por un diminuto grupo de profesores que, siempre amistosamente respaldados por los colegas del comité científico, en ningún momento se han sentido desbordados por una responsabilidad, sin duda alguna, muy superior a sus medios y recursos. Pero el esfuerzo corona el fin. Y ahí ha quedado la satisfacción de sus más de trescientos participantes procedentes de veintidós países, su inusitado número de ponencias (lo que imposibilitó su lectura, que no la publicación, de la totalidad de las presentadas), la calidad y el rigor científico de éstas, la solidez de sus conferencias magistrales, o la posibilidad hecha realidad de estrechar lazos de amistad y conocimientos entre los diversos participantes.
       En este Congreso hemos gozado de la oportunidad de poder contar con figuras consagradas, muchas de ellas veteranos integrantes de la primordial edición de Roma, profesionales de reconocido prestigio internacional que en todo momento han sido testigos de la aparición de nuevas promociones de estudiosos, europeos y americanos, que son toda una realidad en el presente y una certera garantía para el futuro del conocimiento en estas disciplinas.
       De nuevo, en las sesiones de trabajo del Congreso hemos apreciado la aportación de nuevas lecturas sobre un tema tan persistente, aunque siempre controvertido, como es el análisis del Barroco americano y su relación tributaria con fuentes europeas.
       Empero, con toda justicia, podemos afirmar que este Congreso ha trascendido las visiones temáticas del fenómeno barroco en Latioamérica, incorporando nuevos estudios sobre los medios de producción artística, el trabajo de los talleres artesanales, la formación de gremios y cofradías y su repercusión social en la vida cotidiana de las ciudades barrocas.
       También ha sido analizada la Fiesta, religiosa y civil, como expresión amplia de los distintos estamentos urbanos capaces de generar unos modelos de cultura barroca que aún subsisten en nuestros días. Y, como complemento a esta visión del universo barroco, el análisis del soporte físico de la ciudad.
       En estas jornadas tuvimos ocasión de reflexionar sobre una ciudad que cualifica el uso de sus espacios públicos más allá de su traza inicial y es capaz de transformar, a través de una compleja escenografía, plena de simbolismo, a éstos dotándolos de su más genuina fisonomía barroca. "La conjunción de lo lúdico con las manifestaciones de lo religioso y del poder civil en las plazas americanas -venía a decir el comunicado final del Congreso- señala la fuerza de esa centralidad inicial y los renovados y jerarquizados usos de las mismas".
       Lo que se ha hecho patente en este encuentro es la visión de un fenómeno cultural, el barroco iberoamericano, que cada vez extiende más su cauce de interpretación, ofreciéndonos facetas más complejas y poliédricas, facetas que desbordan los aspectos formales de las diferentes artes para afianzarse en el mundo de las relaciones entre las obras y sus usuarios, los artistas y sus comitentes.
       Del mismo modo, también se ha universalizado por evidente la comprensión de un barroco que, anclado en un tiempo sincrónico más o menos dilatado, cada vez más muestra sus manifestaciones locales y regionales diferenciadas, lo que nos permite, a la postre, hablar de "barrocos" singularizados en sus propias características sociales y culturales.
       Pero este Congreso no estaría completo si el esfuerzo intelectual desplegado no se viera recogido en esta actas, que ahora nos honramos en ofrecer a toda la comunidad investigadora. En ellas no sólo están publicadas las sesenta y cinco ponencias expuestas a lo largo de cinco días de intenso trabajo; también han sido acogidas en estos volúmenes otras tantas, de indiscutible valor científico que, por elemental carencia de tiempo, no pudieron ser defendidas en público en las diferentes sesiones congresuales.
       En suma, nuestra Universidad se siente legítimamente orgullosa de poder ofrecer a un público cada vez más amplio unos materiales que, a buen seguro, han de ser referencia obligada en los próximos años para el investigador, el arquitecto o el historiador del arte, especialista en Barroco Iberoamericano, en la esperanza de que pronto este testigo sea recogido por alguna universidad hermana, o algún centro de investigación, de Iberoamérica.

Arsenio Moreno Mendoza
Coordinador del III C.I.B.I.

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