Compromiso Social

«Se pueden romper las barreras que cada uno se autoimpone»

Sergio González-Caballos, técnico en el Centro de Informática y Comunicaciones de la Universidad Pablo de Olavide, hace balance de su experiencia tras participar en la prueba de ciclismo Transpyr Coast to Coast, en la que ha compartido el primer tándem de la historia de la prueba con José Antonio González, deportista con Daño Cerebral Adquirido (DCA) y ceguera

José Antonio González y Sergio González-Caballos durante la Transpyr Coast to Coast

La Transpyr Coast to Coast está considerada la prueba de ciclismo más dura de España y una de las más duras del mundo. Consiste en cruzar los Pirineos desde el mar Mediterráneo (con salida desde Roses) hasta el mar Cantábrico (con meta en Hondarribia). Son siete etapas en las que se recorre un total de 1.050 kilómetros, con 20.000 metros de desnivel positivo y 44 puertos de montaña. Sergio González-Caballos Marqués, ayudante técnico de Informática en el Centro de Informática y Comunicaciones de la Universidad Pablo de Olavide desde el año 1999 y responsable de las comunicaciones de voz y de la gestión de la red física de datos en la Universidad, ha participado, junto al presidente de la Fundación INDACE José Antonio González, deportista con Daño Cerebral Adquirido (DCA) y ceguera, en el primer tándem de la historia de esta prueba, que lleva ya diez ediciones.  La finalidad del reto consistía en recaudar fondos para los niñós y niñas con DCA a través de la asociación DACE. De los 80 participantes que tomaron la salida solo 17 consiguieron terminarla: Sergio y José Antonio estaban entre ellos.

Enhorabuena por este enorme reto ¿Qué podría destacarnos de la experiencia?

Pues ha sido una aventura inolvidable. Desde el punto de vista deportivo ha sido durísima, muchos puertos de montaña donde el tándem sufre mucho en las subidas. Desde el punto de vista solidario, pues encantado de contribuir con nuestro granito de arena al programa infantil de daño cerebral para la contratación de un monitor terapéutico para los fines de semana, para que ayude a los chavales y además ofrezca respiro a las familias. También me gustaría destacar que el reto ha sido posible gracias al equipo que hemos formado José y yo subidos en el tándem y siendo la cabeza visible. Víctor y José Manuel dándonos apoyo logístico permanente desde el vehículo. Y por supuesto el apoyo incondicional de familiares y amigos.

¿Cuáles fueron los momentos más difíciles?

Los momentos más complicados fueron en la etapa 2, donde había que subir el puerto del Coll de Pradell, que tenía repechos de hasta 20%. Esos desniveles son muy, muy duros para el tándem.
También recuerdo como especialmente duro un momento en la etapa 3, que amaneció lloviendo y con frío. Tras subir el primer puerto (Coll del Cantó) a 1721 metros de altura teníamos cero grados y estábamos totalmente empapados. En esta esta etapa hubo muchísimos abandonos. Figúrate que, de 80 que salimos, ése día, llegamos a meta, solo 21.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido del reto?

Pues el apoyo y solidaridad que hemos recibido, desde familiares y amigos más cercanos hasta por los propios participantes y organizadores de la Transpyr. Nos ha dado mucha fuerza. Sin duda hemos sido el centro de atención durante toda la prueba, nos sentíamos muy arropados.

También me ha sorprendido como ha respondido físicamente el cuerpo, nunca habíamos hecho nada parecido, de tantas etapas, y teníamos dudas. Hemos sido muy conservadores, intentado guardar fuerzas y llegar al final de cada etapa con reservas suficientes para empezar al día siguiente.

¿Cuándo comienza su relación con esta prueba?

Llevábamos más de un año madurando esta idea. José y yo nos conocemos desde hace cuatro o cinco años. Nuestras hijas estaban juntas en la misma clase en el colegio y por ahí nos conocimos. Empezamos a salir en tándem desde el principio y poco a poco cogiendo nivel, siempre con una dimensión lúdica, en ningún momento competitiva. La Transpyr Coast nos parecía muy atractiva a nivel deportivo, por el entorno y por la dureza de la misma. Nuestro objetivo siempre fue llegar a meta, terminarla, en ningún momento hemos mirado la clasificación en los tramos cronometrados. Éramos conscientes de que era una prueba de fondo y teníamos que ir reservando etapa a etapa.

¿Qué cree que aporta a las personas con daño cerebral formar parte de iniciativas como ésta?

Pues creo que el principal aporte es demostrar que se pueden romper las barreras que cada uno se autoimpone. La clave está en sentirse de igual a igual al resto de compañeros. Por eso esta prueba es tan interesante: una oportunidad perfecta para demostrar que no hay límites más allá de los que cada uno se fija. Esta prueba demuestra que el deporte puede ser inclusivo al cien por cien hasta en los más duros escenarios. Con la ayuda necesaria, las personas con daño cerebral adquirido pueden hacer lo que se propongan, como hemos demostrado en este reto deportivo y solidario. En nuestro caso ha sido el primer tándem que ha participado en la Transpyr desde que se creó, este año ha sido la décima edición, y además siendo finisher, es decir, finalizando todas las etapas en los tiempos establecidos. Es interesante considerar que de 80 participantes que tomaron la salida sólo consiguieron terminarla 17.

¿Cómo ha vivido su compañero la prueba? ¿Qué sensaciones le trasladaba mientras pedaleaban?

Mi compañero José es un apasionado del ciclismo y de la montaña, por tanto, los Pirineos han sido un escenario perfecto. La tranquilidad de carreteras rurales inaccesibles al tráfico, el sonido del agua en las riberas, el paso por puentes, puertos, aldeas, el sonido de los cencerros, el olor de los bosques de hayas, coníferas, abetos … Sensaciones inolvidables para él. Hemos disfrutado muchísimo.

¿De qué manera se puede seguir colaborando con esta iniciativa?

Se puede colaborar haciendo una donación en la página web de la asociación sevillana de daño cerebral, http://asociaciondace.org/reto-dca-transpyr-2/.