Entrevistas

Rocío Medina: «El racismo no se puede combatir con políticas banales de interculturalidad»

Profesora del Departamento de Derecho Público de la Universidad Pablo de Olavide

Rocío Medina Martín
Rocío Medina Martín

El 21 de marzo se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Rocío Medina Martín, profesora del Departamento de Derecho Público de la Universidad Pablo de Olavide, analiza el contexto social y político en el que esta conmemoración llega este año.

Pregunta: La Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes que firmaron los Estados Miembros de las Naciones Unidas es muy reciente, concretamente de septiembre de 2016. En ella se condenan enérgicamente los actos y las manifestaciones de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia. ¿En qué medida es importante esta Declaración? ¿Supone un cambio respecto a políticas anteriores?

Respuesta: Este texto tiene algunas limitaciones importantes, la primera de ellas es que al ser una declaración, no es vinculante. Sin embargo, aunque lo fuese, el texto no recoge nada nuevo en cuanto a las obligaciones que debieran tener los estados, ni sobre los derechos de las personas refugiadas y migrantes. Aunque señala en innumerables ocasiones que serán respetados los derechos humanos y el derecho internacional, la declaración no profundiza en las causas de los grandes desplazamientos y en las responsabilidades políticas que existen al respecto, sin lo cual no se pueden establecer políticas de prevención serias.

Recordemos que la declaración está firmada, entre otros, por jefes de estado que en muchos países del norte, a día de hoy, confinan cientos de miles de personas migrantes y refugiadas en campos de condiciones inhumanas. Se trata de los mismos jefes de estado que exportan armas a los países en conflicto, instalan vallas con concertinas y externalizan sus fronteras a países empobrecidos con inversiones faraónicas bajo la égida de la cooperación en seguridad. Entre ellos, España es un buen ejemplo. Lo que sí aporta el texto es la convocatoria hacia un “Pacto Mundial para la migración segura, ordenada y regular” que, como han explicado muchos colectivos de derechos humanos, todo apunta a que probablemente sirva para justificar y legitimar aún más el confinamiento en campos y la privatización de la seguridad.

P: La defensa de los derechos humanos debería ser una cuestión pareja a la erradicación de la discriminación racial en cada estado, pero no es así. ¿Por una cuestión cultural?

R: Pensar que hay culturas más humanas y civilizadas que otras es parte esencial del racismo. Además, habría mucho que discutir sobre qué entendemos por cultura y por humanización. De hecho, tras haber vivido muy de cerca los efectos de las políticas occidentales en Colombia y en los campamentos saharauis, sinceramente no creo que desde los países occidentales se pueda presumir mucho de respeto a los derechos humanos.

Ésta es una cuestión profundamente política, no cultural, aunque a menudo las históricas desigualdades políticas son ocultadas y presentadas como diferencias culturales. Europa y Occidente se han construido históricamente como centro civilizado del mundo, entendiendo al resto de pueblos, razas o culturas como infieles, pre-modernos, incivilizados, atrasados, subdesarrollados o, más en la actualidad, como antidemocráticos, justificando así las políticas coloniales a lo largo de la historia. De esta manera, el mundo occidental ha justificado históricamente su expansionismo capitalista y la violencia colonial genocida, etnicida y epistemicida. Esta violencia se sigue expandiendo hoy en guerras económicas e intervenciones militares en un contexto de colonialidad global extractivista y depredador.

Por tanto, no se trata de aplicar un paradigma culturalista al problema del racismo, más bien se trata de analizar, de manera contextualizada, a través de qué procesos sociales, políticos y económicos se produjeron categorías ficticias como raza; qué instrumentos la reproducen y afianzan; y, sobre todo, qué dispositivos hacen que hoy, aunque no se asuma el racismo biologicista, esté legitimado el racismo culturalista que adscribe disposiciones éticas a unas culturas u otras gratuitamente.

P: El racismo es un prejuicio aprendido; no se nace racista. ¿Dónde se buscan las excusas para ser racista?

R: El racismo no es un problema de individuos o colectivos prejuiciosos. Esa mirada está basada en un individualismo metodológico que invisibiliza la dimensión estructural del racismo y, por tanto, lo perpetúa. El racismo, como el machismo, está presente de manera explícita e implícita en todas las dimensiones de la esfera pública cuando menos y, especialmente, en las instituciones, las normativas y las políticas públicas. Ésta es la clave de que el racismo, el machismo y la pobreza no sólo no se atajen en nuestras sociedades, sino que se estén incrementando alarmantemente.

Ahí están los datos de violencias machistas -sin que se dispongan recursos ni se politice seriamente el problema- o del incremento de la islamofobia, vinculado éste último directamente al tratamiento político que se da ante la situación de los refugiados y refugiadas, las vallas de Ceuta y Melilla y la propia historia de la construcción de la Europa-fortaleza mediante Schengen.

Por tanto, no se necesitan excusas para ser racistas o machistas porque ya hay una perversa construcción política de la deshumanización del otro como refugiado, migrante o con un fenotipo que no es el del canon normativo del ciudadano fiable. El racismo está en los medios, en las instituciones, en las  universidades, etcétera. Es parte de nuestra historia y cultura política y hay que combatirlo desde el antirracismo explícito, que es algo muy diferente a la interculturalidad, a menudo banal, que prescriben las políticas de integración de quienes levantan vallas y realizan devoluciones en caliente. Sin duda, los gobiernos cuyas políticas son extremadamente racistas, legitiman y alimentan el racismo en sus propias sociedades.

P: Cuando se habla de racismo y xenofobia, la actualidad nos hace mirar hacia la inmigración. ¿Cómo se cambian las percepciones y las actitudes negativas hacia refugiados e migrantes?

R: Considero que uno de los pasos más importantes es que las mismas instituciones públicas practiquen la igualdad combatiendo las desigualdades de derechos cotidianas a las que son sometidas las personas migrantes y refugiadas en el ámbito laboral, educativo, sanitario, etcétera. La Europa del Acuerdo de Schengen ha ido institucionalizando ciudadanías de primera, segunda y tercera hasta haber eliminado en la práctica el derecho de asilo.

No se puede promover un sentido común vinculado a la igualdad si se mantiene una práctica de política pública desigualitaria cotidiana. Es una contradicción. De hecho, hoy es más bien la movilización social la que está exigiendo a los gobiernos europeos altura política porque éstos están actuando justo en la dirección contraria: construyendo una nueva categoría de subhumanos, de no-seres confinables y desechables a costa del dinero público.

P: La mujer sufre una doble discriminación: por razón de etnia y género. ¿Cuál es el cambio determinante en una sociedad para que esto deje de ser así?

R: Las subordinaciones de las mujeres son muy diversas y están compuestas por muchos factores que no se suman o acumulan (no sólo por raza y etnia), sino que interseccionan de manera situada y localizada. La clase, la cultura, la situación de neocolonialismo o la edad son algunas de las variables a tener en cuenta a la hora de analizar las múltiples subordinaciones y resistencias de las mujeres.

Hace unos días nos llegaba la noticia de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea legitimaba el despido en las empresas a mujeres con pañuelo, aún reconociendo la posibilidad de que algo así pueda suponer una discriminación indirecta para las mujeres musulmanas en el ámbito laboral. Este racismo institucional es el peor semillero donde, en nombre de los derechos de las empresas en este caso, se abona el racismo y el sexismo que está nutriendo a las nuevas generaciones. Hoy más que nunca, en un estado español que supone un contexto sociopolítico de violencia extrema contra las mujeres y de incremento de la islamofobia, en los derechos de las mujeres musulmanas nos jugamos los derechos de todas y todos.

P: En España, durante los últimos años, se han multiplicado los actos de discriminación y agresión, particularmente contra los y las inmigrantes y otras minorías. ¿Cuál es el detonante de estas actitudes y comportamientos? ¿En qué medida influyen la política o las medidas políticas?

R: Estamos viviendo un momento histórico de despojo de derechos y de robo de expectativas de futuro que se denomina ya como un cambio civilizacional. Estos tiempos de incertidumbre, aunque son producidos políticamente y tienen responsables claros, desde la propaganda de la extrema derecha y no tan extrema, son envueltos en una cultura del miedo que está dirigida a producir nuevos chivos expiatorios a quienes culpar de la situación de retroceso social.

Así se construyen y circulan los relatos de la inmigración que roba los puestos de trabajo, las mujeres que se quedan con todo después del divorcio o la cultura machista y de violencia sexual que importan los refugiados a Europa. Así por ejemplo, conocimos el caso inventado por la prensa de extrema derecha sobre el supuesto ataque sexual masivo en fin de año en Colonia. Estos nuevos relatos, junto a la legitimación de la LGTBIfobia que promueve parte de la Iglesia y la derecha, a menudo con el beneplácito de altos cargos universitarios, están en el corazón de los asesinatos de mujeres, los ataques a centros de confinamiento de refugiados o el caso del bus tránsfobo.

P: Los nacionalismos excluyentes son una realidad en Occidente. ¿Hacia dónde cree usted que evolucionarán?

R: No creo que la Unión Europea como institución esté dispuesta a reconocer la relación que existe entre el auge de la extrema derecha y los efectos de un capitalismo financiero salvaje que nos ha desprovisto de recursos básicos y empobrecido a gran parte de la población, porque sencillamente Europa ha promovido esta depredación natural y humana en el resto del planeta y se ha levantado desde sus entrañas, cuando menos desde el Tratado de Maastrich. La victoria de Trump se explica de este modo en parte, al menos en lo que respecta a los votos de personas mayores y de la antigua clase trabajadora despojada ahora de derechos en la zona del cinturón del óxido.

Sin embargo, sí hay esperanza y se encuentra en las nuevas subjetividades políticas que la ciudadanía está reinventando hoy y en sus formas de resistencia y propuesta. En mi opinión, será fundamental el papel de los y las jóvenes, cuyas expectativas de futuro van a continuar colapsadas, y el papel de las mujeres, en cuyos cuerpos están recayendo las labores de cuidado, que se han re-hogarizado con los recortes en el gasto social. Además, estamos sufriendo como ningún otro colectivo, vejaciones, agresiones y asesinatos sistemáticos y atroces que son en sí mismos un revelador discurso sobre la escena política contemporánea.

Sin embargo, las izquierdas más clásicas tienen dificultades evidentes a la hora de comprender estas nuevas alianzas ciudadanas porque sus lenguajes, demandas y formas de organización son rizomáticas. Pero en mi opinión, jóvenes y mujeres van a ser colectivos claves junto a las personas migrantes, racializadas y musulmanas, para poder leer nuestra nueva realidad política y comprender cómo se está resignificando la categoría clase.

P: Entre otras, usted imparte la asignatura Políticas de Igualdad y Derecho en dos grados diferentes de la Universidad Pablo de Olavide. ¿Cuál es el fin docente último de esta materia?

R: Mi objetivo principal en la asignatura es que el alumnado comprenda que un estado, para ser democrático y de derecho, debe hacerse cargo del respeto a las diferencias y del reconocimiento y superación de las desigualdades de clase, sexo y raza, entre otras. Es decir, el respeto a la diversidad implica que en su nombre no se pueden justificar desigualdades. Por eso, las políticas de igualdad son las arterias que llegan al corazón de la democracia y a través de las cuales el estado debe reconocer las desigualdades históricas que afectan a grupos sociales por su raza, sexo o clase entre otros organizadores sociales, así como establecer políticas de compensación ante estas situaciones como el camino más democrático para construir la igualdad frente a los privilegios.

P: Finalmente, a su juicio, ¿cuáles son las cuestiones más trascendentes que plantean los alumnos y alumnas de esta u otra de las asignaturas que usted imparte respecto a las políticas de igualdad?

R: En mi opinión, hay un serio problema que tiene que ver con en el individualismo metodológico que ya se aplica como nueva antipedagogía en las aulas de las universidades. La historia y la memoria de las estructuras sociales de dominación y sus resistencias están siendo eliminadas en algunas facultades y disciplinas, impidiendo al alumnado comprender el presente desde el pasado para poder pensar su futuro. En estos casos, al estudiante no se le ofrecen herramientas de análisis social que le permita pensar las desigualdades y los derechos más allá de la autogestión neoliberal de las vidas individualizadas.

Esto tiene unos efectos perversos en las nuevas generaciones. Por un lado, se está sustituyendo el paradigma de los derechos por el de la capacidad de autogestión individualizada que responsabiliza a los propios sujetos de sus situaciones, lo que fomenta el racismo, el sexismo y el clasismo. Por otro, desde un punto de vista ético, se pretende eliminar la empatía de las nuevas generaciones universitarias con los colectivos más despojados de derechos, por eso hablo de antipedagogía. Sin embargo afortunadamente, en las universidades también existen, cada vez más, espacios de resistencia que desde el pensamiento crítico y el acompañamiento a las luchas sociales y ciudadanas, crean una universidad de retaguardia y no de vanguardia, como dice Boaventura de Sousa Santos, al servicio de la emancipación social.

AGENDA

Oct
23
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9:00 8th Workshop on Risk Management ... @ Plaza de San Francisco 1, 41004 Sevilla - SPAIN
8th Workshop on Risk Management ... @ Plaza de San Francisco 1, 41004 Sevilla - SPAIN
Oct 23 a las 9:00 – Oct 24 a las 14:00
http://eventos.upo.es/event_detail/45206
Nov
4
Mié
9:00 9TH INTERNATIONAL SYMPOSIUM ON I... @ Universidad Pablo de Olavide
9TH INTERNATIONAL SYMPOSIUM ON I... @ Universidad Pablo de Olavide
Nov 4 a las 9:00 – Nov 6 a las 14:00
http://eventos.upo.es/event_detail/37759