Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla


Manuel Pinto: “La motivación que tiene el alumnado de los cursos de español para refugiados lo hace todo más fácil”

Ha sido profesor en las dos ediciones del Curso de Español para personas refugiadas e inmigrantes de la Universidad Pablo de Olavide

Manuel Pinto

Manuel Pinto

Por segundo año consecutivo, los Vicerrectorados de Internacionalización y Postgrado y Formación Permanente de la Universidad Pablo de Olavide, han organizado el Curso de Español para personas refugiadas e inmigrantes. En total, 95 alumnos y alumnas se han beneficiado gratuitamente de este curso durante las dos ediciones, procedentes de países tan diversos como Costa de Marfil, Carmerún, Guinea, Gambia, Palestina, Siria, Ucrania, Libia, Yemen, Marruecos, Somalia, Afganistán, China, Nigeria, Ucrania, Kuwait, Paquistán, Irak y Togo.

Manuel Pinto es licenciado en Lengua y Literatura castellanas. Terminó sus estudios de doctorado especializado en la novela contemporánea española y su tesis trata sobre el carácter informativo y la conciencia social de las novelas españolas con respecto a los casos de niños apropiados durante la dictadura española, que defenderá en la UPO. Ha sido uno de los profesores que, de forma voluntaria, ha impartido estas clases de español. Casi recién llegado de Estados Unidos, donde ha enseñado español durante 15 años en las universidades de Georgia State en Atlanta y University of Georgia en Athens, en la actualidad da clases a alumnado estadounidense que está desarrollando un programa de estudios en el extranjero.

Pregunta: El objetivo del curso es favorecer la comunicación a refugiados e inmigrantes con la comunidad de acogida, de manera que les permita participar en la vida social y laboral. Esto no se consigue sólo con vocabulario y gramática.

Respuesta: En realidad, hay muchos aspectos implicados. Este alumnado está intentando involucrarse o integrarse en la sociedad y el curso le sirve como primer paso para sentirse cómodo. Son personas con experiencias muy particulares, de distintas nacionalidades, etnias, lenguas o culturas, por lo tanto, cuando se encuentran todos juntos, el vocabulario y la gramática son lo que menos ilusión les hace. Más bien, lo que persiguen con este curso es integrarse y sentirse parte de un grupo. En mi curso en particular, esta es la forma de trabajar que hemos tenido porque estudiar una lengua es un proceso largo y lento pero activo. Lo que menos intentaba enseñar era Gramática, aunque alguno sí que tenía cierta idea. Sin embargo, el curso está totalmente enfocado a la comunicación y la expresión oral.

P: Para una persona refugiada, el entorno puede ser hostil desde el punto de vista lingüístico, pero no el único. ¿En qué medida cree que el aprendizaje de una lengua facilita la integración de estas personas?

R: En un porcentaje bastante alto, porque estas personas llegan a nuestra sociedad y a la cultura española con falta de comunicación y de entendimiento. No comprenden a lo que están expuestos o cuál es su función en la sociedad. Puede que le expliquen algo en los centros de acogida pero no se sienten libres para decidir sobre ellos mismos. He tenido en mi clase a un chico albañil que no sabía leer ni escribir en su propia lengua, así que cuando se le plantea a una persona así hacer un curso de español, intenta comprender qué exigen de ellos la sociedad, el centro de acogida, los vecinos y vecinas, etcétera. Llegan aquí con sus problemas particulares y no entienden, así que los cursos son una base, una alfabetización que les sirve para comunicarse y expresar sus emociones y sus necesidades.

P: De una edición del curso a otra, la actualidad política de los refugiados y de la inmigración proveniente de algunos países ha cambiado considerablemente. ¿Se ha reflejado esto de alguna forma en el curso de este año?

R: La tipología del alumnado de un curso a otro ha sido más o menos la misma. Incluso, algunos estudiantes repetían experiencia con este curso y se involucraban bastante teniendo una asistencia regular, ya que han visto que podía resultarles muy práctico. Contaban su experiencia de haber viajado por diferentes países europeos. Algunos de ellos, por ejemplo, habían recibido clases de alemán a su paso por Alemania antes de llegar a España. Se planteaban si este iba a ser su destino final, ya que viven en una gran incertidumbre. Otros ven el curso como el paso previo para marcharse a otro país, para seguir avanzando hacia otro objetivo.

P: ¿Cuáles son las principales dificultades que encuentran estos alumnos y alumnas con el idioma castellano?

R: Depende de su lengua materna, de su educación y de su experiencia como estudiante. Unos tenían dificultad para coger el lápiz y otros habían estudiado en sus países. Una de mis alumnas había sido directora de televisión en Ucrania, por lo que ella tenía, por ejemplo, una experiencia académica totalmente distinta al resto de sus compañeros y compañeras. En el curso nos teníamos que adaptar a todo y proponíamos diferentes actividades para diferentes alumnos: caligrafía o lectura y comprensión de un texto. En realidad, el nivel era el mismo a la hora de comunicarse o aprender expresiones en castellano. Sin embargo, en la escritura y la lectura era donde más se evidenciaba la diferencia.

P: En algún caso, el profesorado ha enseñado castellano escrito a personas que no sabían escribir en su propio idioma.

R: Sí, como se ha hecho siempre, con caligrafía. Por ejemplo, hay que cambiar el proceso de escritura a quienes vienen de países árabes, empezando por aprender el abecedario. Unos aprenden más rápido que otros pero la motivación que tiene este alumnado lo hace todo más fácil. Y todo esto en un tiempo muy reducido porque el curso dura dos meses.

Alumnado del Curso de Español para refugiados e inmigrantes

Alumnado del Curso de Español para refugiados e inmigrantes

P: Estos cursos tienen un importante componente de compromiso social por parte de la Universidad Pablo de Olavide. ¿Cree que son valorados en este sentido?

R: Pienso que sí y hay que visibilizarlo. Muchas personas tienen una idea de la universidad limitada al estudio y el conocimiento pero este tipo de iniciativas va más allá. Se acoge a estudiantes refugiados e inmigrantes y se les intenta ayudar de una manera útil. En el área al que me dedico, Humanidades, esta palabra lo define bien: somos humanos ayudando a otros seres humanos. Es una oportunidad única para decir que somos activos y conscientes de las necesidades de la sociedad que nos rodea. En este caso, trabajando en dar soluciones a la población inmigrante de la ciudad para integrarlos en la sociedad y el primer paso es la lengua.

P: ¿Se ha sentido implicado en estas clases más que como profesor simplemente?

R: Por supuesto. Te obligas a implicarte porque te toca la parte emocional. Cuando ves a esas personas con tanta ilusión y tan pocos recursos, te planteas qué más podrías hacer por ellas para que tengan un futuro óptimo en sus vidas, en España o donde deseen. Muchos no quieren dar detalles de su familia pero otros cuentan cómo han perdido a miembros de su familia o desconocen su paradero. Yo me planteaba cómo podían estar en el aula aprendiendo español sin saber si su madre o su hermano están bien o dónde. Cuando les preguntaba qué más podía hacer, ellos me contestaban: “muchas gracias, lo que estás haciendo es mucho”, y eso me hacía sentir importante. Yo también he aprendido mucho en estas clases. Por ejemplo, en la cultura árabe hay un dicho que explica que el profesor enseña todas las profesiones porque es el que explica la lengua y por este motivo le tienen un gran respeto. Yo intento ser muy cercano en mis clases sin establecer una fuerte división entre alumno y profesor, ya que en las lenguas es muy importante la participación activa. Sin embargo, un día se le cayó un lápiz a un estudiante y cuando me acerqué para recogerlo, otro alumno me agarró del brazo para hacerlo él. Estas cosas te hacen pensar en la trascendencia que tiene su profesión cuando lo que intentas es sólo aportar un granito de arena en la vida de una persona.

P: ¿Cómo valora la experiencia personal en conjunto durante estos dos años?

R: Muy enriquecedora. Aún sigo asimilando todo lo que ha pasado y lo que he vivido con mis alumnos y alumnas. Muchos siguen en contacto conmigo y me escriben, quieren regalarme dulces o invitarme a sus casas a comer. Nunca había tenido una experiencia tan cercana con los estudiantes después de un curso y esto me supera. He tenido otros alumnos que me han pedido redactar una carta de recomendación o corregir un escrito, pero estos estudiantes piden otras cosas como amistad. No tengo la sensación de que haya sido diferente profesor en estos cursos que con otro tipo de alumnado, mi intención siempre es ser agradable y motivar, pero ellos han visto otras cosas. Haber hecho este trabajo como voluntario me hace estimar más mi profesión y pensar que sirve para más cosas que para ganar dinero y abrir academias.


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