{"id":30874038,"date":"2022-07-06T07:12:20","date_gmt":"2022-07-06T05:12:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.upo.es\/diario\/?p=30874038"},"modified":"2022-07-06T14:25:35","modified_gmt":"2022-07-06T12:25:35","slug":"el-cerebro-esta-mas-caliente-de-lo-que-se-pensaba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.upo.es\/diario\/theconversation\/2022\/07\/el-cerebro-esta-mas-caliente-de-lo-que-se-pensaba\/","title":{"rendered":"El cerebro est\u00e1 m\u00e1s caliente de lo que se\u00a0pensaba"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_30874039\" aria-describedby=\"caption-attachment-30874039\" style=\"width: 750px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-30874039 size-large\" src=\"https:\/\/www.upo.es\/diario\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/TheConversation_20220706-750x530.jpg\" alt=\"ilustraci\u00f3n de un cerebro ardiendo\" width=\"750\" height=\"530\" srcset=\"https:\/\/www.upo.es\/diario\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/TheConversation_20220706-750x530.jpg 750w, https:\/\/www.upo.es\/diario\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/TheConversation_20220706-385x272.jpg 385w, https:\/\/www.upo.es\/diario\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/TheConversation_20220706-768x543.jpg 768w, https:\/\/www.upo.es\/diario\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/TheConversation_20220706-1536x1086.jpg 1536w, https:\/\/www.upo.es\/diario\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/TheConversation_20220706-2048x1448.jpg 2048w, https:\/\/www.upo.es\/diario\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/TheConversation_20220706-1320x934.jpg 1320w\" sizes=\"auto, (max-width: 750px) 100vw, 750px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-30874039\" class=\"wp-caption-text\">Shutterstock \/ k_yu<\/figcaption><\/figure>\n<p><a href=\"https:\/\/theconversation.com\/profiles\/guillermo-lopez-lluch-1122562\">Guillermo L\u00f3pez Lluch<\/a>, <em><a href=\"https:\/\/theconversation.com\/institutions\/universidad-pablo-de-olavide-1362\">Universidad Pablo de Olavide<\/a><\/em><\/p>\n<p>Hasta hace unos d\u00edas ignor\u00e1bamos que existen \u00e1reas de nuestro cerebro <a href=\"https:\/\/academic.oup.com\/brain\/advance-article\/doi\/10.1093\/brain\/awab466\/6604351\">mucho m\u00e1s calientes de lo que cabr\u00eda esperar<\/a>. Tanto que cada d\u00eda llegan a alcanzar <a href=\"https:\/\/www.eurekalert.org\/news-releases\/955387\">41 \u00f3 42 grados de temperatura<\/a>, seg\u00fan sacaba a la luz un art\u00edculo en la revista <em>Brain<\/em>.<\/p>\n<p>Claro que el cerebro no arde a estos niveles las 24 horas. A lo largo del d\u00eda, y en funci\u00f3n de la actividad neuronal, la temperatura fluct\u00faa. Concretamente, entre los voluntarios sanos tomados como control para el estudio, la temperatura cerebral oscil\u00f3 entre los 36 y los 41 grados, con 38,5 grados de media. Por otro lado, en los pacientes que hab\u00edan sufrido da\u00f1os cerebrales por traumatismo la temperatura oscil\u00f3 a\u00fan m\u00e1s, entre los 32,6 y los 42,3 grados, sin alterar la media.<\/p>\n<p>Parece indiscutible que la temperatura cerebral excede en m\u00e1s de dos grados la temperatura registrada de forma habitual en la boca o las axilas (alrededor de 36 grados). La duda es: \u00bfpor qu\u00e9?<\/p>\n<h3>La alta actividad metab\u00f3lica de las c\u00e9lulas del cerebro como fuente de calor<\/h3>\n<p>Nuestra temperatura corporal depende casi exclusivamente de la actividad de los org\u00e1nulos que producen la energ\u00eda en nuestras c\u00e9lulas: las mitocondrias.<\/p>\n<p>En la intensa actividad de estas centrales energ\u00e9ticas celulares para generar ATP \u2013la mol\u00e9cula <em>comod\u00edn<\/em>, necesaria para que todo funcione\u2013 se produce mucho calor. Y es precisamente ese calor el que mantiene la temperatura corporal. Adem\u00e1s, las mitocondrias presentan una serie de prote\u00ednas que disipan energ\u00eda. Estas prote\u00ednas, conocidas como <a href=\"https:\/\/www.karger.com\/Article\/Abstract\/321319\">UCP (o prote\u00ednas desacoplantes), son muy abundantes en tejido graso, especialmente en el pardo<\/a>.<\/p>\n<p>Las neuronas y las c\u00e9lulas que las acompa\u00f1an (conocidas como gl\u00eda) consumen una gran cantidad de energ\u00eda y mantienen una alta actividad mitocondrial. De hecho, <a href=\"https:\/\/time.com\/5400025\/does-thinking-burn-calories\/\">pese a suponer tan solo el 2\u00a0% del peso de una persona adulta, el cerebro acapara el 20\u00a0% de toda la energ\u00eda<\/a> que consumimos a lo largo del d\u00eda. En reci\u00e9n nacidos puede subir hasta el 80\u00a0%.<\/p>\n<p>Por tanto, no es extra\u00f1o que semejante consumo venga acompa\u00f1ado de una alta generaci\u00f3n de calor. Igual que ocurre con nuestros m\u00fasculos cuando los ponemos en funcionamiento con el ejercicio, a m\u00e1s energ\u00eda consumida, m\u00e1s calor.<\/p>\n<p>De hecho, las c\u00e9lulas del cerebro contienen mitocondrias ricas en UCP. Estas prote\u00ednas han sido asociadas con la supervivencia celular, ya que reducen <a href=\"https:\/\/www.jbc.org\/article\/S0021-9258(20)33334-2\/fulltext\">el da\u00f1o celular frente a los cambios en la actividad metab\u00f3lica<\/a>.<\/p>\n<h3>La temperatura fluct\u00faa a lo largo del d\u00eda<\/h3>\n<p>No es el primer <a href=\"https:\/\/www.tandfonline.com\/doi\/full\/10.1080\/23328940.2019.1691896\">estudio que sugiere<\/a> que tanto la temperatura corporal como la del cerebro fluct\u00faan a lo largo del d\u00eda.<\/p>\n<p>La temperatura cerebral es mayor durante la ma\u00f1ana, decae a lo largo de la tarde y alcanza sus m\u00ednimos durante la noche. Adem\u00e1s, las fluctuaciones de la temperatura cerebral tambi\u00e9n dependen de las actividades que estemos realizando. Las zonas que m\u00e1s variaci\u00f3n presentan son las m\u00e1s profundas, incluyendo aquellas donde reside la memoria, como el hipot\u00e1lamo.<\/p>\n<p>En este estudio se encontr\u00f3 que los pacientes v\u00edctimas de traumatismos cerebrales pierden parte de esta capacidad de fluctuaci\u00f3n en la temperatura. Esa p\u00e9rdida de capacidad se ha relacionado con un aumento en el riesgo de muerte, posiblemente por disfunciones de la actividad mitocondrial.<\/p>\n<h3>El cerebro de las mujeres est\u00e1 m\u00e1s caliente<\/h3>\n<p>Por lo general, las mujeres presentan mayor temperatura cerebral que los hombres. Sobre todo durante la fase l\u00fatea, es decir, entre la ovulaci\u00f3n y la menstruaci\u00f3n. Todo apunta a que <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Ciclo_sexual_femenino\">el ciclo menstrual<\/a> y la fluctuaci\u00f3n de hormonas influyen en la actividad neuronal, y eso queda reflejado en la temperatura cerebral.<\/p>\n<p>Por otro lado, en personas mayores se ha detectado un aumento de temperatura en algunas zonas del cerebro, especialmente las relacionadas con la memoria. Simult\u00e1neamente, <a href=\"https:\/\/pubmed.ncbi.nlm.nih.gov\/21274962\/\">otros estudios han mostrado que se produce un descenso de temperatura en otras zonas<\/a>, posiblemente debido a defectos en la circulaci\u00f3n de sangre y de l\u00edquido cefalorraqu\u00eddeo.<\/p>\n<h3>Un exceso de temperatura corporal puede da\u00f1ar las neuronas<\/h3>\n<p>La circulaci\u00f3n sangu\u00ednea sirve para regular la temperatura corporal, especialmente del cerebro. Por eso nos quedamos p\u00e1lidos cuando el ambiente es fr\u00edo: porque la circulaci\u00f3n se retrae de la piel, evitando as\u00ed que el calor se pierda. Por el contrario, la circulaci\u00f3n en la piel aumenta cuando hace calor, para poder disipar la temperatura corporal mediante la sudoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una de las mayores preocupaciones cuando sube la fiebre es controlarla para evitar, entre otras cosas, que se produzca da\u00f1o cerebral. Ahora ya sabemos que ciertas zonas del cerebro est\u00e1n m\u00e1s calientes que el resto del cuerpo. Por ello, un aumento de la temperatura corporal debido a la fiebre puede hacer que ciertas partes del cerebro, las m\u00e1s calientes, no puedan disipar bien el calor y se produzca da\u00f1o celular.<\/p>\n<p>Aunque este es un aspecto controvertido, <a href=\"https:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/abs\/pii\/S0079612306620177?via%3Dihub\">algunos estudios ya han presentado evidencias que demuestran da\u00f1o neuronal tras fen\u00f3menos de hipertermia<\/a>.<\/p>\n<p>Los estudios sobre la temperatura del cerebro abren la posibilidad de abordar de una manera m\u00e1s apropiada los fen\u00f3menos asociados con la disfunci\u00f3n mitocondrial, la acumulaci\u00f3n de prote\u00ednas da\u00f1adas y las enfermedades neurodegenerativas (p\u00e1rkinson, alzh\u00e9imer, etc.), permitiendo as\u00ed un mejor y m\u00e1s r\u00e1pido diagn\u00f3stico de estas enfermedades.<!-- Below is The Conversation's page counter tag. 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M\u00e1s informaci\u00f3n: http:\/\/theconversation.com\/es\/republishing-guidelines --><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/theconversation.com\/profiles\/guillermo-lopez-lluch-1122562\">Guillermo L\u00f3pez Lluch<\/a>, Catedr\u00e1tico del \u00e1rea de Biolog\u00eda Celular. Investigador asociado del Centro Andaluz de Biolog\u00eda del Desarrollo. Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunol\u00f3gicos y antioxidantes., <em><a href=\"https:\/\/theconversation.com\/institutions\/universidad-pablo-de-olavide-1362\">Universidad Pablo de Olavide<\/a><\/em><\/p>\n<p>Este art\u00edculo fue publicado originalmente en <a href=\"https:\/\/theconversation.com\">The Conversation<\/a>. Lea el <a href=\"https:\/\/theconversation.com\/el-cerebro-esta-mas-caliente-de-lo-que-se-pensaba-185312\">original<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillermo L\u00f3pez Lluch, Universidad Pablo de Olavide Hasta hace unos d\u00edas ignor\u00e1bamos que existen \u00e1reas de nuestro cerebro mucho m\u00e1s calientes de lo que cabr\u00eda esperar. Tanto que cada d\u00eda llegan a alcanzar 41 \u00f3 42 grados de temperatura, seg\u00fan sacaba a la luz un art\u00edculo en la revista Brain. 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