Las premisas erróneas contra el Contrato Único

Mucho se ha escrito sobre la conveniencia o no del Contrato Único para la economía española (aquí, aquí y aquí). No voy pues a detenerme en explicar sus bondades y por supuesto sus limitaciones. Simplemente, y muy rápidamente, voy a explicar por qué dos de las más usuales críticas contra el Contrato Único se basan en premisas erróneas. Me refiero a:

  1. “El Contrato Único no es posible en España ya que la temporalidad es necesaria en nuestro país y ésta se explica por nuestra estructura productiva”
  2. “Si ningún otro país tiene Contrato único, por algo será”

Vayamos por partes.

La temporalidad existente en España no sólo se explica por la estructura productiva. Como sabemos muy bien, la estructura productiva de un país es altamente endógena a las regulaciones existentes. Esto implica que podríamos considerar que gran parte de nuestra especialización productiva es debida a nuestro modo de organizar legalmente las actividades productivas.

Recientemente, un trabajo de Pijoan et al. (2015) (aquí), muestra cómo el modo que tienen las Administraciones Públicas de interferir en las actividades económicas ha condicionado enormemente no sólo en qué nos especializamos sino además en cómo las empresas españolas se organizan para afrontar el reto de la producción. En otro trabajo que en estos momentos estamos terminando, el que les escribe junto con Jesús Rodríguez y José María O’Kean, mostramos que el uso de factores productivos en España no ha sido el más óptimo desde finales de los ochenta, y que este uso no depende del sector productivo, sino que ocurre en todas y cada una de las empresas independientemente del sector al que pertenezca.

Ambos trabajos implican análisis muy complejos. Sin embargo, con un ejercicio muy muy sencillo se puede mostrar cómo ciertamente no es la estructura productiva lo que determina nuestra elevada especialización en temporales.

Hagan el siguiente ejercicio mental. Supongan dos países, A y B. Supongamos que cada país tiene dos sectores, uno que necesita temporales, por ejemplo hostelería, y otro que necesita fijos, por ejemplo automoción. Supongamos que en A cada sector pesa lo mismo, es decir, el 50% del empleo está en cada sector, mientras que en B ese porcentaje es diferente, por ejemplo, 10 y 90 % a favor del sector que contrata fijos. Supongan que en cada país cada uno de los sectores contrata a la misma proporción de temporales. Esto implicaría que A tendría más temporales porque el sector de la hostelería es mayor. Lo que llamamos efecto composición. Si esto fuera cierto, un ejercicio contrafactual que nos diera el número de trabajadores temporales que tendría A si su estructura productiva fuera similar a la de B, si elimináramos el efecto composición, llegaría a un resultado sencillo: no habría diferencias en la tasa de temporalidad de A y B. Resumiendo, todo sería efecto composición. Por el contrario, si la contratación de temporales “dentro” de cada sector fuera motivado por otras cuestiones, y por lo tanto en A se contrataran más en ambos sectores, al eliminar el efecto composición todavía tendríamos diferenciales de “temporalidad”.

Este ejercicio se puede implementar fácilmente. Sólo debemos coger los sectores del país A, calcular su tasa de temporalidad y aplicar el peso que cada sector tiene en un país de referencia. Haciendo eso podríamos preguntarnos qué tasa de temporalidad tendría A en el caso de que su estructura productiva fuera similar a la de B.

El gráfico que a continuación les muestro nos da respuestas sobre si ciertamente nuestra tasa de temporalidad depende de nuestra estructura productiva. Cada columna mide dos cosas. La parte azul nos dice cuál sería la tasa de temporalidad en España en el caso en el que nuestro país tuviera la misma estructura productiva del país de referencia (sin efecto composición). La parte verde nos dice qué parte de nuestra temporalidad se debe al tener una estructura productiva diferente comparada con la del país de referencia (motivado por el efecto composición).

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Es obvio que este ejercicio confirma que nuestra temporalidad es obra y gracia de otras razones y no porque disfrutemos de más horas de sol o dispongamos de un sector turístico o agro-ganadero exorbitado. El efecto composición es mínimo. Primer crítica errónea.

Respecto al argumento de que ningún otro país lo ha aplicado, resulta cuando menos simple. En primer lugar, el hecho de que algo no se haya aplicado antes no nos dice que ni se pueda ni se deba hacer. Pero, además, no es cierto que no se haya aplicado en ningún otro país. Lo que el CU propone es la igualación de los costes de despido por tipología de contrato. Es cierto que la propuesta incorpora más cuestiones, como el aumento de estos costes de una forma escalonada conforme el trabajador adquiere antigüedad en la empresa, y que de facto no existan más que un sólo contrato. Sin embargo, lo que hace “único”, lo que le da tal calificativo al contrato es la igualación de los costes de despido.

Miren la gráfica que les acompaño abajo. En ella se relacionan dos variables. En el eje horizontal tienen las diferencias en costes de despidos para contratos de menos de un año y contratos de más de cinco años para un conjunto de países. Si esta diferencia es cero significa que relativamente es igual de costoso despedir a un temporal que a un fijo. Por lo tanto, podemos argumentar que los países con valor cero en esta diferencia serían países que de facto tendría un contrato único. En la vertical se mide la tasa de temporalidad de cada país. Resulta claro que a menor diferencia, menor temporalidad. Por lo tanto, la reducción de los diferenciales en los costes de despido entre temporales y fijos nos llevaría, con casi total seguridad, a tasa de temporalidad muy inferiores a las que actualmente sufrimos.

g2En conclusión, la temporalidad española no es debida a nuestra estructura productiva. Un contrato único facilitaría la disminución de la misma, ya que la evidencia muestra que los países con menor diferencia en los costes de despido entre temporales y fijos, “disfrutan” de una menor temporalidad. La evidencia nos dice que, si lo hacemos, tampoco seremos los primeros. es más, otro países, además de España, se plantean adoptar un contrato similar al de la propuesta.

Datos usados en el gráfico de nube de puntos

Datos usados en el gráfico de descomposición