Paula Borrego Díaz, docente especialista en mindfulness infantil y juvenil, advierte de que los niños llegan a la escuela con el mismo estrés y problemas que tienen sus padres, lo que dificulta su proceso de aprendizaje

El mindfulness es un método para dirigir la atención al momento presente mediante ejercicios como la meditación o los recorridos corporales. El objetivo es que la mente no quede anclada en el pasado –causando depresión- ni en el futuro –provocando ansiedad- sino, a través de la práctica continuada, alcanzar un estado de paz. Una técnica que también ayuda a la resolución de conflictos en el aula. Para Paula Borrego Díaz, es posible “trabajando la conexión y el respeto, el escuchar de una manera consciente y evitando vivir en los juicios”, explica esta docente especialista en mindfulness infantil y juvenil, para quien una parte vital consiste en “la aceptación de cada cual como es” para lo que trabaja un “ejercicio muy valioso” como es “mirar a los ojos al compañero de una manera atenta”, describe.

Borrego ha hecho estas declaraciones con motivo de la celebración de la tercera edición del curso ‘Neuroeducación, mindfulness y conflicto en el aula. Una aproximación desde el enfoque sistémico’, donde este martes ha impartido los talleres “Mindfulness y convivencia en la escuela” y “El teatro como herramienta de resolución de conflictos y expresión emocional”. El seminario, que se prolongará durante toda la semana dentro de los XVII Cursos de Verano que la Universidad Pablo de Olavide celebra en su sede académica de Carmona, está dirigido por Almudena Serra, socia fundadora y presidenta de Rumbos, Recursos Educativos Especializados, presidenta de la Asociación Española de Educación Emocional (Asedem) y directora del máster de Educación Emocional e Inteligencias Múltiples de la UPO y Samuel Chaves, director de Rumbos y docente en dicho máster.

Paula Borrego, socia de Asedem, explica que el mindfulness se aplica en el ámbito escolar mediante un entrenamiento para que los niños adquieran recursos que les permitan estar más atentos, sentir las sensaciones corporales y descubrir por sí mismos “cómo llega una emoción, lo que les genera y salir de ella por medio de la observación de las sensaciones, pensamientos y la propia emoción”. Una parte importante dentro de la práctica del mindfulness es “la compasión y el amor bondadoso, con ello se sienten parte de un todo, trabajan la conexión con los demás, sintiendo su sentir y actuando para evitar su sufrimiento y cuidándose ellos mismos por medio de su propio autoconocimiento”.

La experta afirma que cada vez son más los profesionales de la docencia interesados en el mindfulness, y asegura que la clave está en que el trabajo sea diario, “cuidando los tiempos y los ejercicios”, si bien reconoce que al principio hay profesores reacios a la introducción del método, “pero cuando ven cómo reaccionan los niños ya no hay marcha atrás”. Y lo mismo ocurre en el caso de los padres, quienes demandan sesiones de mindfulness, por lo que dice que “la unión perfecta sería la de padres, profesores y alumnos”, porque mientras que en la escuela el principal interés es la atención, en las familias lo constituye la gestión emocional”. De esta manera, España está implantando la atención plena en todos los ámbitos, como escuelas, hospitales, policía, adicciones, centros penitenciarios, mujeres víctimas de violencia de género… Sobre el ámbito educativo, “hay muchos centros que lo tienen implantado en su día a día como una parte muy importante de su proceso de aprendizaje”, por lo que “es necesario que el personal esté formado en mindfulness”, asevera.

El estrés de las familias por el ritmo de vida actual no ayuda a que los menores se centren en su proceso de aprendizaje, ya que “los niños llegan por la mañana a la escuela con el mismo estrés y problemas que tienen sus padres, y así es difícil que el aprendizaje haga su función cuando la emoción domina sus mentes”. Los escolares “necesitan serenar la mente, desconectar de esas prisas y problemas para que sus cerebros estén preparados para aprender”, argumenta. En este sentido, la “escuela consciente” propugna el “desarrollo de habilidades cognitivas, emocionales y relacionales en el ámbito escolar y facilitar la práctica del mindfulness y la compasión”, entendida ésta no como lástima o pena sino como la “creación de una conexión con los demás, como comprensión, aceptación y ayuda, como una actitud para mejorarse y mejorar al otro”, concluye.

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