Cuando hablamos de agricultura regenerativa solemos pensar en nuevas formas de cultivar o en prácticas agrícolas más sostenibles. Sin embargo, el verdadero protagonista de este modelo se encuentra bajo nuestros pies: el suelo.
El suelo no es simplemente un soporte donde crecen las plantas. Es un ecosistema complejo formado por minerales, materia orgánica, agua, aire y una enorme diversidad de organismos vivos. En un solo puñado de suelo pueden encontrarse millones de microorganismos, como bacterias, hongos, protozoos o nematodos, que participan en procesos esenciales para la fertilidad y el funcionamiento de los ecosistemas agrícolas.
Estos organismos desempeñan funciones clave. Por ejemplo, ayudan a descomponer la materia orgánica, liberando nutrientes que las plantas pueden utilizar para crecer. También contribuyen a mejorar la estructura del suelo, favoreciendo la formación de agregados que permiten una mejor infiltración del agua y una mayor retención de humedad.
Sin embargo, muchos suelos agrícolas han sufrido procesos de degradación a lo largo de las últimas décadas debido a prácticas intensivas como el laboreo excesivo, el uso continuado de fertilizantes químicos o la reducción de la diversidad vegetal. Esto puede provocar una disminución de la materia orgánica, pérdida de biodiversidad edáfica y una menor capacidad del suelo para almacenar agua y carbono.
La agricultura regenerativa busca revertir esta situación mediante prácticas que restauren la vida del suelo. Entre ellas destacan el uso de cubiertas vegetales, el manejo holístico del pastoreo, la diversificación de cultivos o la reducción del laboreo. Estas estrategias favorecen la actividad biológica del suelo y contribuyen a recuperar su fertilidad natural.
En el proyecto AGROREG, liderado por la Universidad Pablo de Olavide, se estudia precisamente cómo estas prácticas influyen en la biodiversidad del suelo y en el funcionamiento de los ecosistemas adehesados. A través del análisis de muestras de suelo, estudios y la evaluación de diferentes variables ecológicas, se pretende comprender mejor cómo la agricultura regenerativa puede contribuir a restaurar los ecosistemas agrícolas.
Comprender el papel del suelo es fundamental para avanzar hacia sistemas agrícolas más resilientes. Al fin y al cabo, cuidar el suelo es cuidar el futuro de nuestra agricultura y de nuestros ecosistemas.


