{"id":360,"date":"2020-11-02T17:13:55","date_gmt":"2020-11-02T16:13:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/?p=360"},"modified":"2020-11-02T17:50:40","modified_gmt":"2020-11-02T16:50:40","slug":"encarnacion-y-asi-se-llamaba-mi-abuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/2020\/11\/02\/encarnacion-y-asi-se-llamaba-mi-abuela\/","title":{"rendered":"Encarnaci\u00f3n&#8230; Y as\u00ed se llamaba mi abuela"},"content":{"rendered":"\n<p>Me desat\u00e9 con la lectura, sin orden ni concierto, disperso, a golpe de d\u00eda, a salto de silla. Y muy joven me convert\u00ed en un lector empedernido, casi resiliente&#8230; tomaba los libros por derecho y resist\u00eda a pesar de mis castigados ojos, incluso la desilusi\u00f3n, cuando no el desinter\u00e9s. Mazo de hojas que tomaba en mis manos, lo desentra\u00f1aba y me hac\u00eda con su contenido. Ni por muy grueso que fuera me rend\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero vamos por partes. Primero, lo primero. Los responsables de este atentado contra mi salud -m\u00e1s mental que f\u00edsica- y el sentido com\u00fan: una abuela y un novelista. \u00c9ste, del que hablo m\u00e1s abajo, Julio Verne. Aqu\u00e9lla, mi gran maestra. Insensata la familia que me dej\u00f3 en sus manos. Ya su nombre avisaba de lo que sobreven\u00eda: Encarnaci\u00f3n. Mi abuela, mi nunca olvidada abuela, no me empuj\u00f3 a leer. Ella s\u00f3lo fue mi espejo, en el que me miraba una y otra vez. Hab\u00eda sido una mujer fuerte, fuerte en tierra dura y tiempo de conflicto. Y tan fuerte como admirable. Pasados los setenta a\u00f1os, de riguroso luto, su cabello blanco recogido en un mo\u00f1o menudo en la base de su cabeza; habitualmente en la cocina, sentada en su silla de patas recortadas. Alternando sus momentos de enso\u00f1aci\u00f3n, lectura o de atenta escucha de la radio, sin perder de vista la hornilla de carb\u00f3n, mientras la olla o la sart\u00e9n canturreaban. Y yo a su lado, intenso, curioso, como queri\u00e9ndome agarrar a aquel \u00e1rbol que sab\u00eda fuerte. Ella, que a pesar de la edad segu\u00eda teniendo mucho car\u00e1cter, no hab\u00eda d\u00eda que no se quejase de lo latoso que era este nieto suyo que con sus gigantes ojos, cabez\u00f3n y flacucho no dejaba de mirarla y preguntarle por cada gesto que hac\u00eda frente al guiso.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Abuela, \u00bfpor qu\u00e9 le echas eso? \u00bfy qu\u00e9 es, abuela?, \u00bfpor qu\u00e9 apagas el fuego, se quem\u00f3 la comida? Abuela&#8230; y si dejas de mover la cuchara, \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Lolaaaaa (mi madre) &#8230;| \u00a1Qu\u00edtame de encima al pesado de tu hijo&#8230;! &#8211; sol\u00eda decir entre molesta y divertida. Y de inmediato a\u00f1ad\u00eda que yo era un \u00abcazol\u00f3n\u00bb o un \u00abjaquecoso\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 bien se siente uno al lado de la abuela, entre fogones y siendo un ni\u00f1o. Medio siglo despu\u00e9s no olvido esa sensaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/2-yonino-2-684x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-362\" width=\"398\" height=\"596\" srcset=\"https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/2-yonino-2-684x1024.jpg 684w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/2-yonino-2-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/2-yonino-2-768x1150.jpg 768w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/2-yonino-2-1026x1536.jpg 1026w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/2-yonino-2-1367x2048.jpg 1367w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/2-yonino-2-scaled.jpg 1709w\" sizes=\"(max-width: 398px) 100vw, 398px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Y nada comparable con un regalo maravilloso que me hizo bien pronto: un pasaje para volar sin levantar los pies del suelo, descubrir el Amazona entre los geranios de mi casa, recorrer los cerros del Himalaya en continuidad con el empedrado del patio&#8230; Ese billete para viajar fue un libro. Ella era una empedernida lectora. No hab\u00eda d\u00eda que no volviera a las andadas y la molestara en su tarea. Y cuando le\u00eda igualmente reclamaba ayuda para quitarse al pegajoso ni\u00f1o de encima. Pero un d\u00eda, que era del milenio pasado, muy abajo, casi llegando a la mediaci\u00f3n del \u00faltimo siglo, me sent\u00f3 a su lado y abri\u00f3 ante m\u00ed el libro que le\u00eda&#8230; bast\u00f3&#8230; fue suficiente&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Empec\u00e9 a acompa\u00f1arla en algunas de sus lecturas. Primero ella, luego yo, al final el universo me acompa\u00f1\u00f3 sin mucho esfuerzo de mi parte. Y sus lecturas eran laberintos de palabras y narraciones atravesadas. Libros enormes, de gruesas hojas, con toscos grabados y todo atado a cordel. Todo un dechado de edici\u00f3n, sin duda. Pero luego supe que eran los llamados libro de pliegos de cordel. Historias inveros\u00edmiles, personajes incre\u00edbles, situaciones imposibles, pero qu\u00e9 emocionante todo. A calor de mi abuela le\u00eda historias como <em>Gorriones sin nido<\/em> o <em>Sonia y el martirio del pueblo ruso<\/em>. Qu\u00e9 emocionante pasar, qu\u00e9 regalo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Un regalo que se complet\u00f3 con otro que recib\u00ed algunos a\u00f1os despu\u00e9s, en forma de un libro de gruesas tapas con sobrecubiertas muy coloreadas. Era la historia del capit\u00e1n Nemo y de sus andanzas submarinas. La firmaba un tal Julio Verne. La le\u00ed con fruici\u00f3n. Y cuando la acab\u00e9 sent\u00ed que despertaba desconsoladamente en la c\u00e1rcel de mi habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/3-abu-629x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-363\" width=\"382\" height=\"621\" srcset=\"https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/3-abu-629x1024.jpg 629w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/3-abu-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/3-abu-768x1251.jpg 768w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/3-abu-943x1536.jpg 943w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/3-abu-1258x2048.jpg 1258w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/3-abu-scaled.jpg 1572w\" sizes=\"(max-width: 382px) 100vw, 382px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Meses m\u00e1s tarde pude viajar de nuevo como yo estaba queriendo hacerlo, de la mano de aquel escritor franc\u00e9s que tan bonito nombre ten\u00eda. Mis padres me regalaron una aut\u00e9ntica joya: un primer volumen de las obras completas de este relator de viajes, editadas por Plaza y Jan\u00e9s. En un papel biblia y con una cubierta de piel bellamente grabada.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/4-verne-1000x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-364\" width=\"444\" height=\"454\" srcset=\"https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/4-verne-1000x1024.jpg 1000w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/4-verne-293x300.jpg 293w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/4-verne-768x787.jpg 768w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/4-verne-1499x1536.jpg 1499w, https:\/\/www.upo.es\/investiga\/enredars\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/4-verne-1999x2048.jpg 1999w\" sizes=\"(max-width: 444px) 100vw, 444px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Empec\u00e9 leyendo <em>La Jangada<\/em>. Una traves\u00eda por la selva. No me hizo falta sentir el roce de las hojas de los \u00e1rboles, el cantar de las aves, ni tan siquiera el gru\u00f1ido de los primates, porque yo ya me adentraba en el boscaje. Y luego siguieron otros itinerarios, en nav\u00edo, globo o tren.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi abuela me hizo en aquel verano maravilloso en que navegaba al lado de Dick Sand, un capit\u00e1n que justo ten\u00eda la misma edad que yo -quince a\u00f1os-<em>, <\/em>un \u00faltimo regalo: un lugar para perderme. Ya no viv\u00edamos en el pueblo. Ella al fin nos dej\u00f3, mud\u00e1ndose a la casa de otros familiares. Me instal\u00e9 en su habitaci\u00f3n, me apropi\u00e9 de su cama y me acompa\u00f1\u00e9 de su esp\u00edritu. Y su esp\u00edritu no me dej\u00f3 nunca. Todav\u00eda hoy cierro los ojos y me transporto f\u00e1cil a ese momento, cuando hice m\u00edo aquella peque\u00f1ita estancia. Era mi refugio. Y conmigo se encerraron el profesor Aronnax, Claudius Bombarnac, Sand y muchos otros personajes. Algunos ya no los retrat\u00f3 Verne, sino otros escritores que empec\u00e9 a conocer y a amar, como Emma Bovary o Julien Sorel. En mis locos devaneos con la literatura tuve otro descubrimiento que me fascin\u00f3. En realidad, un duo: Tolstoi y Balzac. Balzac en especial dio entrada en mi vida a Eugenia Grandet, C\u00e9sar Birotteau y tantos otros que pululaban por aquella impresionante <em>Comedia Humana<\/em>, que devor\u00e9 en meses. Tolstoi, a continuaci\u00f3n. Y luego Zola, Flaubert, Stendhal. Incluso empec\u00e9 a reconciliarme con la literatura espa\u00f1ola, que no supe leer en el colegio. Me entusiasm\u00f3 Carmen Laforet, Ana Mar\u00eda Matute y de manera muy especial algunos de los escritores latinoamericanos, empezando por M\u00fajica La\u00ednez. Nunca dejar\u00e9 de agradecer que los hados me hicieran nieto de aquella poderosa mujer. Sin su influencia hoy no ser\u00eda lo que soy, sobre todo un apasionado de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica. Tengo por seguro que nada hubiera sido igual sin el despertar a la lectura al lado de mi abuela y sin el acompa\u00f1amiento de Verne y los buenos amigos que luego se nos unieron en este transitar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00b7 Foto de portada: Alcal\u00e1 del R\u00edo, principios del siglo XX (<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"http:\/\/arqueolugares.blogspot.com\/2017\/08\/ilipa-alcala-del-rio-sevilla-andalucia.html\" target=\"_blank\">x<\/a>).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>F. Quiles.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me desat\u00e9 con la lectura, sin orden ni concierto, disperso, a golpe de d\u00eda, a salto de silla. 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