Inauguración Curso Académico 2012-2013

Inauguración Curso Académico 2012-2013

21 de septiembre de 2012

rector2012-13_webHace ya bastantes años, yo todavía desarrollaba mis andanzas universitarias en la Universidad Carlos III, una viñeta del muy conocido y justamente reconocido Forges hacía aparecer a un hombre de gabán raído y barba descuidada que, extendía la mano al conductor de un coche parado en un semáforo al que le dirigía una frase más o menos así “una limosna para poder financiar la investigación, que soy Rector de Universidad”. En los años 90 podría pensarse que esto era una exageración, aunque encerraba una cierta verdad sobre la atención que los poderes públicos destinaban a las Universidades en términos de financiación de sus actividades. Fuera de las sinécdoques que la viñeta encerraba (hablar de limosna, personalizar la necesidad en el Rector), lo que Forges no podía imaginar es que en 2012 esa misma viñeta estaría más de actualidad que cuando fue publicada, y más cerca de hacerse real.

Se dice que es de mala educación, o de mal gusto, hablar de dinero en público. Por lo tanto no voy a hablar de dinero en el sentido de que no voy a convertir esta ocasión en una simple reivindicación de financiación para las Universidades Públicas en general y para la Pablo de Olavide en particular. Pero es necesario aludir a la financiación de las Universidades Públicas para comenzar a tratar de ganar dos batallas que, por ahora, parece que estamos perdiendo: la de las ideas y la de la comunicación.

"Si usted cree que la educación es cara, pruebe con la ignorancia” (Derek Bo, Rector de la Universidad de Harvard). En el modelo de enseñanza universitaria pública, estas palabras deberían ser fuente de reflexión para quienes trabajamos en él, pero sobre todo, para quienes toman las decisiones políticas que afectan a su funcionamiento.

Estamos ante un debate amplio y con muchos matices, como el coste del sistema educativo, su optimización, su justificación, sus resultados, su financiación, o la exigencia de las responsabilidades por la adecuada gestión de todos estos elementos y del sistema en su conjunto. El debate debe partir de la autocrítica por los equipos directivos de las Universidades Públicas y las respectivas comunidades universitarias; debemos, cuando menos, practicar la absoluta transparencia en el uso de los recursos que recibimos y rendir cuentas ante los ciudadanos.

El sistema universitario puede y debe mejorar, somos los primeros interesados en hacer todos los esfuerzos necesarios en esa dirección, que nadie tenga ninguna duda. Se acusa en general a las Universidades Públicas de tales defectos que pareciera que sólo somos máquinas de dilapidar recursos sin dar ningún beneficio a la sociedad y a los ciudadanos, y esto es, y se transmite la idea de que no se trabaja o se trabaja poco, y no se rinde o se rinde poco, todo lo que es, además de injusto, radicalmente falso. Una cosa es reconocer que podemos y debemos mejorar, y otra muy distinta es admitir que, poco menos, somos una especie de parásitos sociales a los que hay que meter en cintura, especialmente en estos tiempos de crisis.doctores2012-13_web

Las Universidades Públicas hemos afrontado una transformación esencial de forma apresurada, sin adecuada reflexión sobre las consecuencias, y con una buena dosis de improvisación por parte de los poderes públicos. No tenemos un marco de seguridad normativa y financiera que permita diseñar con tiempo y aplicar con suficientes medios las políticas docentes, investigadoras, de gestión y de adecuada formación de los estudiantes. Pero éste es el centro del debate necesario sobre el modelo de Universidad si queremos que sea fructífero.

Nuestros políticos, azuzados por los llamados líderes de la Unión Europea (¡qué desgraciada falta de verdaderos líderes!), ejecutan recortes en el sector público y, como si no hubiera otras partidas que reducir o eliminar, los aplican desmedida y desordenadamente en aras a la (no tan) drástica disminución del gasto. Y han apuntado directamente a la educación y, dentro de ella, a la de carácter superior, a la universitaria. Debemos oponernos con firmeza a medidas que sólo se justifican en disminuir el gasto público, sin que para colmo parezca que el objetivo se cumpla, y que se toman sin un verdadero análisis de la situación real de la Universidades.

El escenario descrito provoca la asfixia económica de las Universidades Públicas pero los responsables políticos defienden la importancia de las Universidades para salir de la crisis económica, y repiten que la educación en general, y la universitaria en particular, es la mejor inversión posible y no un gasto. Bueno sería que creyeran en lo que dicen y que pasasen del dicho al hecho mientras estemos a tiempo para ello.

Porque sin duda más cara es la ignorancia, la falta de educación. Y detraer recursos a la educación sin mirar más allá de la pura reducción de gasto tendrá graves consecuencias de presente y futuro. Elementos necesarios, no únicos desde luego, para salir de la crisis y para lograr un continuo avance económico, social y cultural son el conocimiento, la innovación y el emprendimiento (o la emprendeduría que dicen algunos rectores), y ahí está en primera línea, pese a todo, la Universidad. Porque es fuente generadora de conocimiento a través de la formación y de la investigación, y este capital es esencial para llevar a cabo los cambios que permitan salir de esta difícil situación, posibilitando el crecimiento económico, y la generación de empleo digno, con respeto a los valores, es decir, con repercusión en el aumento del bienestar y de la calidad de vida. Porque puede y debe ser modelo de gestión de lo público moderna, eficaz, eficiente, transparente.

Acabamos, los rectores de las Universidades Públicas andaluzas, de salir de una reunión con la Consejera de Hacienda y con el Consejero de Innovación, Ciencia, Empresa y Empleo. Como podrán imaginar, lo que digo a continuación no está en este escrito que leo.

…….

Esta es la situación y los Rectores haremos público un comunicado conjunto. Pero como no es bueno quedarse esperando a que los problemas sean resueltos por otros, aunque sea su responsabilidad hacerlo, quiero resaltar dos cuestiones relacionadas con nuestra Universidad.

La primera es que ya tenemos un diagnóstico certero de la situación económica. No son buenas noticias: situación grave tirando a desesperada por los aludidos problemas de liquidez. Quiero anunciar que ayer culminamos en el Consejo de Dirección el plan de choque para afrontar internamente la situación económica y empezar a encauzarla. En cumplimiento sobre todo de las normas que obligan a una estabilidad presupuestaria en las Universidades, de los Reales Decretos 14 y 20 de 2012, del Decreto 1/2012 de la Junta de Andalucía, hemos ajustado profundamente la ejecución del presupuesto 2012. Este plan se circulará la semana que viene con los responsables académicos, con los órganos de representación, comisiones, etc., con el objetivo de que tras estos trámites pueda ser aprobado en Consejo de Gobierno a primeros de octubre y que entre en vigor sin más dilación. Y puedo garantizar que los ajustes se han efectuado sin tocar ni un solo ápice del empleo estable en esta Universidad. A partir de ahí comenzaremos a trabajar en los presupuestos de 2013. Pero el plan de ahorro y la situación económica de la Universidad serán también comunicados a la comunidad universitaria para que todos quienes la componen tengan información clara, directa y veraz de nuestros problemas y de las vías de solución.

La segunda es que, pese a los problemas que podamos tener, es mi convencimiento que no podemos limitarnos a hacer ajustes. Tenemos que demostrar nuestra capacidad de innovación y de obtención de recursos, y toca el tiempo de sentarse a elaborar proyectos ambiciosos, que persigan objetivos estables y que reviertan en la sociedad, en el entorno económico, social, cultural. Es el tiempo de demostrar que la combinación de lo público y lo privado puede generar enormes plusvalías en beneficio de las personas y que puede transformar el actual escenario hasta revertirlo. Estamos en las puertas de un cambio trascendental, aunque hay quien no lo quiera ver, y es nuestra responsabilidad liderar ese cambio para hacer una sociedad más justa y equitativa. Y esa es la visión que yo tengo de la Universidad Pablo de Olavide y de las personas que la componen: innovación y audacia para estar a la altura en estos tiempos de cambio.

Se ha leído la memoria, se han repartido los honores, hemos disfrutado con la magnífica lección inaugural. Hemos hecho Universidad una mañana más, en el comienzo de un curso difícil.

Y sólo quedar ponerse a trabajar. Termino con una reflexión puramente personal. Hay muchos responsables de la situación que atravesamos: están los que Silvio Rodríguez refleja en “la primera mentira”, historia en el fondo tierna y en la que todos podríamos vernos reflejados. Con estos responsables cabe la indulgencia.

Quería una princesa convertida en un dragón, 
quería el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón, 
quería un vellosino de oro para un reino, 
quería que Virgilio me llevara al infierno, 
quería ir hasta el cielo en un frijol sembrado, 
y ya.

Y están los responsables que no tienen perdón, que no pueden ser sujetos de indulgencia alguna. Son los que Serrat refleja en “Algo personal”:

Probablemente en su pueblo se les recordará 
como cachorros de buenas personas, que hurtaban flores para regalar a su mamá 
y daban de comer a las palomas. 
Probablemente que todo eso debe ser verdad, 
aunque es más turbio cómo y de qué manera 
llegaron esos individuos a ser lo que son 
ni a quién sirven cuando alzan las banderas. 

Hombres de paja que usan la colonia y el honor 
para ocultar oscuras intenciones: 
tienen doble vida, son sicarios del mal. 
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Como señalé antes es tiempo de trabajo y de lucha, como dijo Bertold Brecht:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, esos son imprescindibles.”

He dicho.

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