¡Hola coloraos y colorás!
Si alguna vez habéis paseado por Sevilla, seguro que os habéis fijado en la mezcla de estilos que conviven en sus iglesias: una auténtica delicia para nuestros sentidos que nos habla de siglos de historia. Hoy os propongo un viaje por la Sevilla mudéjar, un estilo que combina la delicadeza de la arquitectura islámica con la monumentalidad cristiana, y que sigue muy vivo y latente a día de hoy gracias a las cofradías de Semana Santa que habitan estas joyas arquitectónicas.
El mudéjar sevillano: arte entre culturas
El mudéjar se desarrolló tras la Reconquista y se caracteriza por el uso de ladrillo, cerámica decorativa, arcos de herradura y techumbres artesonadas. En Sevilla, podemos disfrutarlo en iglesias como San Esteban, Omnium Sanctorum, San Julián, San Marcos o Santa Catalina, donde cada detalle cuenta la historia de una ciudad que siempre ha sabido mezclar influencias.
Cofradías y mudéjar: tradición que respira historia
Estas iglesias no solo son monumentos que están ahí, en la calle, sino que también son hogares de algunas de las cofradías más emblemáticas de la ciudad: la Hermandad de la Hiniesta en San Julián. Para muchos (entre los que me incluyo) su Semana Santa empieza cuando el Cristo de la Buena Muerte cruza la ojiva mudéjar de San Julián el Domigo de Ramos, provocandonos así una estampa visual y estética tremenda en la que podemos ver entre capirotes azules fusionados el arte y el patrimonio de dos épocas muy lejanas y diferentes: el arte contemporáneo, con el Cristo, la Magdalena y la misma Virgen de la Hiniesta, todas imágenes de Castillo Latrucci; y la Edad Media, con el entorno arquitectónico mudéjar de la Parroquia de San Julián. Arte entre culturas. Y ya luego, cuando sale y suena la marcha «Cristo de San Julián»… eso es patrimonio inmaterial de nuestra Sevilla. Como dato, por si no lo sabías, esta misma hermandad no podrá salir este año de San Julián, pues tras las lluvias acontecidas y el mal estado previo del techo el pasado mes el templo ha cerrado de manera urgente para la restauración y conservación de la misma parroquia. Pero esto no nos impedirá ver de nuevo a la Hiniesta salir rodeada de un entorno mudéjar, pues saldrá de Santa Marina. En esta misma parroquia también habita la Hermandad de la Resurrección. Este hecho nos regalará una estampa histórica en el mundo de las cofradías, donde dos hermandades de penitencia compartirán el mismo templo mudéjar.
Siguiendo en el ámbito cofrade y lo mudéjar también nos encontramos con la Iglesia de San Esteban, que aguarda a la hermandad que lleva su mismo nombre: la Hermandad de San Esteban. Aquí se produce uno de los milagros de la Semana Santa, cuando la Virgen de los Desamparados saca su palio por esta ojiva; se necesita ayuda fuera del paso, pues las dimensiones de la puerta son muy pequeñas para el paso de palio. Esto nos regala una salida estéticamente increíble, donde podemos ver de nuevo la mezcla entre lo cofrade y lo mudéjar. Nos deja un momento muy fotogénico. Si eres un «jartible», como yo, sabes que esto es una cosa muy grande.
Ocurre lo mismo en otros templos como Santa Catalina (donde sale la Hermandad de la Exaltación) que volvió a abrir al público en noviembre de 2018, tras 14 años cerrada por obras de restauración; cerró en mayo de 2004, por desprendimientos y graves problemas estructurales. Por ello, estuvo 14 años y medio cerrada. Supuso una inversión de 4 millones de euros. A mi juicio, la reapertura de este templo fue un hito fundamental para Sevilla, no solo por recuperar uno de sus templos mudéjares más emblemáticos, sino porque nos recordó la importancia de proteger y conservar nuestro patrimonio histórico. Su vuelta a la vida supuso devolver a la ciudad una pieza clave de su identidad arquitectónica y cultural, demostrando que la restauración rigurosa es esencial para mantener viva la memoria de Sevilla. Por dentro es una maravilla arquitectónica
Luego tenemos otras iglesias más como San Marcos u Omnium Sanctorum, donde reside (en esta última) la Hermandad del Carmen Doloroso y hasta hace muy poquito los Javieres.
Pasear por estos emblemas es como leer un libro de historia abierto: cada arco, cada ojiva y cada techo artesonado nos habla de un tiempo en el que la convivencia de culturas dejó un legado imborrable. Y cuando llega la Semana Santa, ese legado cobra vida de una manera espectacular. Podríamos hablar de arte entre culturas.
Sevilla con otra mirada
Así que, la próxima vez que visitéis Sevilla, no os quedéis solo con la catedral, la Giralda o la Torre del Oro, que también son lugares emblemáticos;. id más allá, buscad esos rincones mudéjares donde la cultura y el arte se entrelazan, y dejad que la ciudad os cuente su historia. Y tras una ruta por la Sevilla Mudéjar por la zona de la calle Feria y San Luis, es obligatorio acabar con unas cervezas en el Vizcaíno o el Umbrete. Es el mejor regalo posible que nos puede dar Sevilla: primavera, cofradías y arte.




