¿Sevilla, parque temático? Cuando la ciudad se convierte en escenario

¡Hola coloraos y colorás!

Si habéis seguido un poco las últimas entradas, habréis notado algo: Sevilla es una ciudad que se disfruta, pero también una ciudad que se transforma. Y hoy os lanzo una pregunta directa, sin rodeos ni miramientos: ¿estamos convirtiendo Sevilla en un parque temático?

Sí, suena bastante fuerte. Pero vamos a pensarlo.

De ciudad viva a ciudad escaparate

Sevilla siempre ha sido una ciudad abierta, acogedora, llena de vida en sus calles. Pero en los últimos años, esa vida parece estar cambiando de protagonista. Donde antes había vecinos, ahora hay turistas. Donde había comercios de barrio, ahora hay tiendas pensadas para el visitante.

No es algo exclusivo de Sevilla, pero aquí se vive de una forma especialmente intensa. El centro histórico, Triana o incluso zonas que antes quedaban más al margen están entrando en una dinámica donde la ciudad empieza a funcionar más como escenario que como hogar.

La estética sin alma

Uno de los mayores peligros de este proceso es que todo siga siendo “bonito”… pero vacío.

Seguimos viendo fachadas cuidadas, calles con encanto, rincones que parecen sacados de una postal. Pero, ¿qué pasa cuando ese encanto deja de ser auténtico y pasa a estar diseñado para el consumo rápido?

Aquí es donde empiezan a aparecer esos detalles que lo cambian todo. Por ejemplo, ese cajero automático incrustado en pleno Callejón del Agua, en el barrio de Santa Cruz. Un elemento completamente funcional, sí, pero totalmente fuera de lugar en un entorno histórico que parece detenido en el tiempo. Además, desde 2023. Tres años ya y parece no importarnos nada en absoluto.

Yo soy de Los Palacios y Villafranca, un pueblo cercano a Sevilla. Mi autobús baja en el Prado, muy cerquita del centro y de Santa Cruz. Siempre que he ido al centro de la ciudad, siempre me ha gustado ir de vuelta a la parada por Santa Cruz: vuelta por el Patio de las Banderas y este mismo Callejón del Agua. Y precisamente encontrarme un cajero ATM por este lugar tan emblemático y significativo… ¿Qué queréis que os diga? A mí realmente me duele mucho cada vez que paso por ese mismo punto y veo eso ahí incrustado. Me duele mucho ver en qué han convertido a mi ciudad y, mucho peor, ver cómo poco a poco se sigue permitiendo ver este tipo de atrocidades en el resto de la ciudad.

Otro caso es el de la calle Alfarería, en Triana, donde la presencia de un hotel en una calle con una identidad tan marcada transforma directamente el uso del espacio. Ya no hablamos solo de estética, sino de cómo cambia la vida del propio barrio.

Incluso la eliminación de azulejos históricos, por ejemplo en la calle Mateos Gago este último verano con la aprobación y beneplácito del propio Ayuntamiento de Sevilla. Resulta curioso cuando el alcalde prometió no destruir estos azulejos, aunque también proclamó que no iba a permitir el aumento de apartamentos turísticos en el centro y… bueno, los hechos nos atropellan y las palabras se las lleva el viento.

Son solo dos ejemplos concretos (entre otros muchos), casi cotidianos, pero que reflejan algo mucho más grande. En definitiva, no nos debe dar miedo decir que se está cometiendo auténticos atentados patrimoniales contra nuestra ciudad.

Vivir o visitar: el gran dilema

Aquí aparece el conflicto clave: ¿Sevilla es para vivirla o para visitarla?

Porque cuando el equilibrio se rompe, empiezan los problemas. Los vecinos se ven desplazados, los precios suben, y los barrios pierden su vida cotidiana. Lo que queda es una ciudad que funciona perfectamente… pero solo de cara al visitante.

Y claro, una ciudad sin vecinos no es una ciudad. Es otra cosa.

Patrimonio en peligro, aunque no lo parezca

Cuando pensamos en patrimonio, solemos imaginar iglesias, monumentos, obras de arte. Pero el patrimonio también es la vida que ocurre en esos espacios.

Ese cajero en el Callejón del Agua o ese hotel en la calle Alfarería no destruyen directamente un monumento, pero sí alteran la forma en la que entendemos y vivimos esos lugares. Y eso, poco a poco, también es una forma de pérdida.

Igual que defendíamos el valor del mudéjar o de nuestras cofradías, también deberíamos defender algo más intangible: la forma en la que Sevilla se habita.

Porque si perdemos eso, ¿qué estamos conservando realmente?

Sevilla con otra mirada

Así que os dejo con una reflexión: la próxima vez que paseéis por el centro o por Triana, preguntaros si estáis viendo una ciudad real… o una versión adaptada de ella.

No se trata de rechazar el turismo, ni mucho menos, se trata de encontrar un equilibrio; de no perder lo que nos hace únicos en el intento de mostrarnos al mundo.

Porque Sevilla no debería ser un parque temático, debería seguir siendo lo que siempre ha sido: una ciudad viva.

Y eso, coloraos y colorás, también es patrimonio.

Ignacio Amuedo Rodriguez
Ignacio Amuedo Rodriguez

Estudiante de Humanidades en la UPO. Enamorado del arte y la historia.

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