¡Muy buenas, coloraos y colorás!
Cuando hablamos del barroco sevillano casi siempre se nos suele venir a la cabeza los mismos nombres: Martínez Montañés, Juan de Mesa… pero muchas veces se nos olvida algo importante, y es que en aquella Sevilla también hubo una mujer capaz de hacerse un hueco en un mundo dominado completamente por hombres; y esa mujer fue Ignacia Luisa Roldán, más conocida como “La Roldana”.
Y sinceramente, su historia me parece una barbaridad y es por ello que esta entrada la quiero hacer sobre ella.
Abrirse camino en la Sevilla del siglo XVII
La Roldana nació en Sevilla en 1652 y aprendió el oficio en el taller de su padre, el escultor Pedro Roldán. Lo que pasa es que una cosa era aprende y otra muy distinta conseguir reconocimiento propio en aquella época.
Aun así, ella terminó convirtiéndose en una de las grandes figuras de la escultura barroca española. De hecho, llegó incluso a trabajar para la corte de Carlos II, algo impensable para la mayoría de artistas de su tiempo y más aún siendo mujer.
La Virgen de la Estrella
En Sevilla dejó obras importantísimas, y una de las más notoria es la de la Virgen de la Estrella, titular de la Hermandad de la Estrella.
La imagen tiene ese sello tan característico de La Roldana: dulzura en el rostro, expresividad y una sensibilidad muy distinta a otras obras del barroco sevillano más dramático.
Y claro, cuando ves a la Estrella cruzando el puente de Triana cada Domingo de Ramos entiendes perfectamente por qué esta imagen tiene tanta devoción detrás.
A mi juicio, la mejor dolorosa de la ciudad; y es obra de La Roldana.
Los ladrones de los caballos de la Exaltación
Pero quizás uno de los detalles más curiosos y menos conocidos relacionados con La Roldana está en el paso de misterio de la Hermandad de la Exaltación.
Las figuras de los ladrones, esos tan característicos, gemelos, que aparecen arrestados en el misterio, están vinculadas estilísticamente al círculo de Pedro Roldán y al ambiente artístico donde trabajó la propia Luisa. Esos ladrones son obra suya; el crucificado de la Exaltación y el resto del misterio sí es obra de su padre. De hecho, los cofrades siempre han dicho estos ladrones son primos hermanos de la Virgen de la Estrella, pues son de la misma escultora.
Aquí es donde uno se da cuenta de algo muy interesante: la Sevilla barroca funcionaba casi como una gran red de talleres, influencias y familias de artistas que terminaron construyendo buena parte de la estética cofrade que seguimos viendo hoy.
Mucho más que “la hija de”
Creo que durante mucho tiempo a La Roldana se la ha tratado simplemente como la hija de Pedro Roldán, cuando en realidad su figura tiene un mérito enorme por sí sola. Hay que remarcarlo.
No solo por la calidad de sus obras, sino porque consiguió abrirse paso en un contexto dificilísimo y dejar un legado que sigue vivo siglos después.
Y eso, sinceramente, tiene muchísimo valor.
Sevilla y la memoria de sus artistas
Al final, muchas veces disfrutamos del patrimonio sevillano sin pensar demasiado en quién estuvo detrás. Vemos imágenes, pasos o esculturas… pero olvidamos las historias personales de quienes las hicieron posibles.
Por eso creo que hablar de La Roldana también es una forma de recuperar memoria. De darle el sitio que merece dentro de la historia del arte sevillano.
Porque detrás de muchas de las cosas más bonitas de Sevilla también hubo mujeres.
Referencias bibliográficas
García Olloqui, M. V. (1986). Luisa Roldán “La Roldana”. Nueva biografía documental. Sevilla: Excma. Diputación Provincial de Sevilla.
Recio Mir, Á. (2007). «La Roldana y la escultura barroca sevillana». Laboratorio de Arte




