¿Quién fue la tapada? La leyenda que dio nombre a un molino del Guadaíra

¡Hola, colorás y coloraos!

Si alguna vez os paseáis por Alcalá de Guadaíra siguiendo el curso del río, puede que de repente os topéis con él: el Molino de la Tapada. Está ahí, tranquilo, a un paso del Puente de Carlos III, con ese aire entre nostálgico y misterioso que tienen los sitios que han visto pasar demasiadas cosas. Y vaya si ha visto.

El edificio en sí ya merece una parada. Es un molino de rodezno (de los que funcionaban con la fuerza del agua) pero con una particularidad: no usaba directamente el caudal del Guadaíra, sino el de un manantial cercano, la llamada Fuente del Piojo, que llegaba hasta los cubos a través de una atarjea, una especie de canal elevado que hacía caer el agua desde la altura justa para mover el mecanismo. Las primeras referencias documentales nos llevan al siglo XVI, cuando era propiedad de don Fernando Afán de Ribera, duque de Alcalá. Más tarde, en 1649, pasó a manos del Convento de San Juan de Dios. Hoy sigue en pie, restaurado, con su fachada decorada y sus dos cubos mirando al río.

Pero lo que de verdad engancha de este molino es su nombre, y la historia que hay detrás. ¿Por qué «La Tapada»? La leyenda cuenta que hace mucho tiempo, una mujer se refugió en una cueva del paraje conocido como «El Bosque», el trecho arbolado que se encuentra entre este molino y el del Algarrobo. Nadie sabía muy bien quién era ni de dónde venía. Vivía apartada de todo y los lugareños la llamaban «la tapada» por su costumbre de ir siempre cubierta. Según la tradición oral, el motivo de su retiro era una historia de amor que acabó mal: un desamor, una traición, quizás algo peor. En cualquier caso, aquella mujer eligió la soledad y la penitencia, y se quedó en esas cuevas como una ermitaña.

Lo interesante es que las covachas donde supuestamente habitó siguen ahí, junto al camino de ribera. Podéis verlas hoy mismo. Cuando las veis, con el río sonando cerca y los árboles cerrándose sobre el camino, la historia cobra una vida extraña. Ya a principios del siglo XIX, el historiador Leandro José de Flores recogía esta leyenda como la explicación más extendida del nombre del molino, lo que da idea de cuánto tiempo lleva circulando.

La historia llamó tanto la atención que acabó inspirando una novela. Su autor fue José María Gutiérrez de Alba, escritor nacido en Alcalá de Guadaíra en 1822, que publicó La Tapada en 1844 como una de sus primeras obras. Fue poeta, dramaturgo y periodista, y con el tiempo se convirtió en una figura relevante de las letras españolas del siglo XIX. Hoy el teatro principal de Alcalá lleva su nombre como reconocimiento a su trayectoria.

El Molino de la Tapada sigue en pie, esperando visitas. Si os acercáis, vale la pena pararse un momento, mirar las cuevas al fondo del camino y escuchar el agua. Hay lugares que cuentan sus historias en silencio, y este es uno de ellos.

Bibliografía

Emma Garcia Vazquez
Emma Garcia Vazquez
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