Aunque una novela rara vez cambia una vida de un día para otro, sí puede acompañar a una persona en momentos decisivos, ayudarle a comprender una experiencia o enseñarle a mirar el mundo desde otra perspectiva. Esa es una de las ideas que defiende la escritora y periodista Nerea Riesco Suárez, directora del taller ‘Construyendo mundos. Estructura tu novela en un día’. 3ª edición. que se celebró ayer dentro de la 24 edición de los Cursos de Verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona. El taller ha ofrecido a los participantes herramientas prácticas para diseñar y estructurar proyectos narrativos, profundizando en la creación de personajes, la construcción de tramas y la organización de la historia.
Para Riesco, una de las ideas más extendidas y equivocadas sobre el oficio de escribir es pensar que las novelas nacen únicamente de la inspiración. Frente a esa imagen romántica del autor que se enfrenta a una página en blanco y deja fluir las palabras, la escritora reivindica el valor de la disciplina, la planificación y el trabajo constante. “Para componer una buena novela es necesario talento, pero también conocer bien a los personajes, construir una estructura sólida y cuidar cada elemento de la historia”, explica.
Más allá de las técnicas narrativas, sostiene que escribir implica convivir durante largos periodos con la incertidumbre y las dudas. Empezar una historia puede resultar relativamente sencillo; terminarla exige perseverancia. “Hay un momento en que desaparece la emoción inicial y solo queda el trabajo cotidiano. Es entonces cuando se decide si una historia será una novela o simplemente una idea difusa”, señala. En este sentido, advierte de que muchos autores noveles cometen el error de preocuparse demasiado pronto por la publicación o por demostrar todo lo que saben: “La narrativa gana fuerza cuando recuerda que lo importante no es lo que sabe el autor, sino lo que siente y descubre el personaje”.
Precisamente por ello, Nerea Riesco defiende el proceso creativo como una poderosa herramienta de conocimiento personal. “Escribir es una forma de pensar”, afirma, argumentando que la escritura obliga a observar la realidad con mayor atención, a escuchar mejor y a cuestionar las propias ideas. “Muchas veces uno empieza una página creyendo que sabe lo que piensa sobre algo y la termina habiendo descubierto algo nuevo. Escribir no solo transforma los textos, sino también a quienes los escriben”.
Esa transformación íntima del autor se traslada directamente a la relación con el lector, un vínculo que ha ido ganando importancia a lo largo de su trayectoria. “Cada vez escribo más pensando en cómo quiero que se sientan las personas al otro lado de mis historias”, señala la escritora. A su juicio, la fuerza de una novela reside en esa conexión emocional y en la universalidad de los sentimientos, por encima de la ambientación.
“Los lectores pueden aceptar dragones, viajes en el tiempo o reyes legendarios, pero no perdonan personajes sin alma. Lo que permite entrar en una historia es la posibilidad de reconocerse en los deseos, los conflictos o las dudas de sus personajes”. Cuando esa conexión se produce, la literatura deja de ser un mero entretenimiento para convertirse en una experiencia capaz de acompañar, consolar o plantear preguntas que también pertenecen al lector.
Esta filosofía atraviesa buena parte de la obra de Nerea Riesco, autora de títulos como El elefante de marfil, Las puertas del paraíso, Ars Magica o El país de las mariposas. Actualmente, la escritora presenta Morgana, una novela que recupera la voz de uno de los personajes femeninos más complejos y fascinantes de la leyenda artúrica, conectando con las emociones humanas y la capacidad de la ficción para ofrecer nuevas miradas sobre la realidad.
Desafíos y vigencia de la literatura en la era digital
Por último, la periodista analiza cómo la revolución digital ha transformado profundamente la forma de escribir, publicar y leer. Reconoce que internet ha democratizado el acceso a herramientas de documentación y ha multiplicado las oportunidades para que nuevos autores encuentren su público. Sin embargo, advierte de que la abundancia de estímulos y distracciones convierte la atención en un bien cada vez más escaso: “La tecnología ha cambiado los hábitos, pero no la necesidad humana de escuchar historias”.
En una época dominada por la rapidez y la simplificación, Riesco sostiene que la literatura conserva una función social esencial. “Leer es un ejercicio de empatía”, defiende, concluyendo que la ficción no consiste en copiar la realidad, sino en observarla e interpretarla para revelar aspectos que a menudo pasan desapercibidos. Aunque los libros rara vez transformen una vida de forma inmediata, la autora reivindica su capacidad para dejar una huella silenciosa y acompañar a las personas en momentos importantes: “Las historias pueden ofrecer nuevas preguntas, abrir perspectivas diferentes o ayudarnos a comprender mejor lo que estamos viviendo mucho tiempo después de haber cerrado la última página”, concluye.




