¡Muy buenas, coloraos y colorás!
Hoy vengo a hablaros del Hombre de Piedra.
La primera vez que lo vi fue gracias a mi padre. Recuerdo, ya hace un porrón de años (cuando era peque), cuando estábamos dando un paseo familiar en una tarde de cuaresma viendo pasos y mi padre me contó su historia (cuando pasamos por allí, que estaba el coche muy cerquita de ahí). Y la verdad, desde entonces, cada vez que oigo hablar del Hombre de Piedra me acuerdo de ese momento. Precisamente esta escultura la podemos encontrar en la calle que lleva su nombre (Hombre de Piedra), en pleno barrio de San Lorenzo y muy cerquita de la Alameda de Hércules.
Al final, lo especial de todo es quien que te termina contando esa historia.
El Hombre de Piedra es una escultura colocada, como hemos dicho, en el barrio de San Lorenzo y mucha gente pasa por delante sin darse cuenta siquiera de que está ahí. Muy escondida, como buscando ponerla justo ahí intencionadamente. No es un gran monumento ni algo especialmente llamativo a primera vista. Pero precisamente ahí está parte de su encanto.
Como ocurre con muchas historias sevillanas, como la del Cachorro que hemos hablado, alrededor del Hombre de Piedra hay varias versiones. La más conocida cuenta que representa a un hombre condenado eternamente por un crimen o por una traición, quedando convertido en piedra como castigo. Esa es la leyenda que me contó mi padre.
Con el tiempo, la figura terminó formando parte del imaginario popular de la ciudad. Y, sinceramente, creo que ahí está lo bonito del asunto. Muchas veces tendemos a pensar en el patrimonio como algo que solo está en un museo (que también), pero aquí también existe mucho patrimonio que está en la calle.




