¡Muy buenas, coloraos y colorás!

En Sevilla, las imágenes de Semana Santa van mucho más allá de lo artístico o lo religioso. Hay algunas que incluso alguien no es cofrade reconoce al instante. Y una de ellas es, sin duda, el la del Cristo de la Expiración, más conocido como El Cachorro. Una obra culmen del barroco.

Pero alrededor del Cristo de la Expiración no solo existe devoción. También existe una de las leyendas más famosas de la ciudad.

El origen de la historia

Y es que cuenta la leyenda que el escultor Francisco Antonio Ruiz Gijón buscaba inspiración para realizar el crucificado encargado por la entonces Hermandad del Patrocinio (hoy la del Cachorro). Y esa inspiración apareció de la forma más inesperada y trágica posible.

Y es que un gitano trianero conocido como “el Cachorro” habría sido apuñalado mortalmente en una pelea cerca del río Guadalquivir. Siendo un hombre de clase baja, se rumoreaba que todas las noches cruzaba a la otra orilla para encontrarse con su amada la cual era mujer de un alto cargo de la clase alta de la época; ante ello y al enterarse de tal situación, lo buscó en Triana (se dice que fue en la misma Velá de Santa Ana) una noche de los años 80 (del 1680) y lo asesinó. Ante esto Ruiz Gijón, impresionado por la expresión agónica de su rostro en el momento de morir, tomó (según la leyenda) esa imagen como referencia para esculpir al Cristo.

Y claro, una historia así en Sevilla no podía quedarse pequeña.

Lo posterior

Pero una de las cosas más fascinantes es cuando una vez se pone al cristo tallado por Ruiz Gijón al culto, los vecinos, contemplándolo, vieron en él a ese gitano asesinado esa noche. «Mirad, es él; es el Cachorro», se llegaba a decir, según las voces que nos han llegado hasta hoy.

Triana, muerte y emoción

También hay algo muy trianero en toda esta historia. Esa mezcla entre dramatismo, arte y sentimiento popular que caracteriza tanto al barrio. Todo lo que rodea al crucificado y al barrio

Y es que cuando el Cachorro sale cada Viernes Santo en Semana Santa, especialmente al cruzar el puente de Triana o al volver de madrugada por la calle Castilla, uno entiende perfectamente por qué esta imagen provoca tanto impacto. Eso es patrimonio inmaterial de nuestra ciudad.

No hace falta ser especialmente religioso para reconocer que hay algo ahí que impresiona.

Más que una simple imagen

Muchas veces hablamos de patrimonio pensando solo en edificios o monumentos, pero casos como este demuestran que las leyendas también forman parte de la ciudad.

Porque al final, Sevilla también se construye con historias. Historias que se cuentan generación tras generación y que terminan formando parte de la memoria colectiva.

Y pocas leyendas en Sevilla tienen tanta fuerza como la del Cachorro.

Sevilla y sus historias

Quizás eso sea lo más interesante de Sevilla, que nunca sabes dónde termina la realidad y dónde empieza el mito.

Aquí cualquier esquina tiene una historia, cualquier imagen tiene una leyenda y cualquier barrio guarda algo que contar.

Y todo ello también es patrimonio.

Ignacio Amuedo Rodriguez
Ignacio Amuedo Rodriguez

Estudiante de Humanidades en la UPO. Enamorado del arte y la historia.

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