¡Muy buenas, coloraos y colorás!
No todo lo puramente religioso está dentro de las iglesias, a veces podemos verlo en la mismísima calle: azulejos en las paredes, esquinas, patios… en un lugar cualquiera. Y un gran ejemplo de esto lo podemos ver en los azulejos del Vía Crucis repartidos por la ciudad. Concretamente, en una recta larga. Una que recorre todo Luis Montoto y que va desde la plaza de Pilatos hasta la zona de la Cruz del Campo. Una tradición muy antigua ligada al Vía Crucis de, precisamente, la Cruz del Campo, que recorría la longitud anteriormente dicha (plaza Pilatos-Cruz del Campo). Estos paneles cerámicos representan literalmente las distintas estaciones del Vía Crucis y funcionan como pequeñas paradas.
Lo que más me fascina e ver como con el paso del tiempo siguen ahí intactos. No están salvaguardadas ni en un espacio cerrado, están en la mismísima calle. Y no solo es una simple cuestión estética, sino que también sirven como hilo narrativo de las escenas concretas de la Pasión de Cristo. Además, todos estos azulejos presentan a imágenes (de Cristos) las hermandades de penitencia que habitan y salen en Semana Santa en nuestra ciudad sevillana.
Un caso muy significativo lo podemos encontrar en el entorno de la iglesia de San Esteban, donde encontramos azulejos del Vía Crucis en su fachada, integrados directamente en el espacio urbano y cofrade. Para mí, lo destaco porque aquí se mezcla dos aspectos patrimoniales que me gustan mucho: lo mudéjar y lo cofrade.
Al final, estos azulejos permiten la combinación de lo dicho antes. Me parece curioso tener esta historia en Sevilla y que a su vez sea tan desconocida. En mi caso fue la curiosidad lo que hizo interesarme por esta misma historia, la curiosidad de verlos ahí y que seguían un mismo recorrido y un mismo orden. A partir de eso empecé a indagar y descubrir esta leyenda.
El recorrido es el siguiente: Águilas, plaza de Pilatos, San Esteban, Puerta Carmona, Luis Montoto y Cruz del Campo.




