Entrevistas

«El principio de la solución para los conflictos lingüísticos puede residir en la escuela»

Entrevista a Juan Jiménez Salcedo, profesor del Departamento de Traducción y Filología de la UPO y coordinador del libro “Políticas lingüísticas en democracias multilingües: ¿es evitable el conflicto?”

Juan Jiménez Salcedo.
El profesor de la UPO Juan Jiménez Salcedo.

El profesor de la Universidad Pablo de Olavide Juan Jiménez Salcedo ha publicado recientemente el libro “Políticas lingüísticas en democracias multilingües: ¿es evitable el conflicto?”, coordinado junto al profesor de la Universidad de Tours Jorge Cagiao. Jiménez Salcedo nos habla en esta entrevista de esta obra que reúne a una decena de autores de primer orden en el ámbito de las políticas lingüísticas, tanto desde el punto de vista de la Sociolingüística como del Derecho y la Filosofía Política. 

El título de su libro habla de la existencia de un conflicto lingüístico en las democracias multilingües ¿A qué se refiere? 

Hace alusión a lo que en Sociolingüística llamamos la “hipótesis del conflicto lingüístico”, que parte del principio de que dos lenguas en un mismo espacio no pueden convivir normalmente. Ese bilingüismo ideal o idealizado hasta ahora es imposible, ya que cuando dos lenguas conviven en un territorio o comunidad, una de ellas intenta desplazar a la otra.

¿Podría mostrarme algunos ejemplos de democracias con estas características? 

Siempre se habla de tres ejemplos,  uno que es muy conflictivo, otro que es relativamente conflictivo y otro que es supuestamente pacífico. El más conflictivo de todos es el caso de Bélgica, donde hay dos lenguas separadas, cada una en su territorio respectivo, pero que conviven en la ciudad de Bruselas. El francés, la lengua mayoritaria, tiende a desplazar al neerlandés, que es la lengua de la comunidad supuestamente minoritaria, pero que al mismo tiempo es una lengua con mucha importancia económica.

Un caso de conflictividad media es el de Quebec, Canadá, donde hay una mayoría francófona y una minoría anglófona, pero esa minoría tiene un poder económico muy importante. Esto hizo que hasta los años 80 el francés fuera una lengua que solo se empleaba en la vida familiar, lo que llamamos diglosia. Poco a poco, gracias a la política lingüística, el papel del francés fue aumentando y esta lengua se convirtió en una lengua de uso público.

Y el caso más ideal es el de Suiza, donde las lenguas no conviven y, por lo tanto, no hay conflicto lingüístico. Según la zona del país, unos hablan francés, otros hablan alemán y otros hablan italiano. Lo habitual es que se entiendan en inglés.

¿Cuáles son los errores de las políticas lingüísticas conflictivas? 

Las políticas lingüísticas son imprescindibles, pero creo que el principal error es que los grupos políticos han utilizado las lenguas como arma arrojadiza en vez de verlas como instrumento de comunicación. Las lenguas son un patrimonio cultural, histórico y social que se tiene que conservar y que tiene que respetarse y mejorarse. 

¿Y las virtudes de las políticas lingüísticas exitosas? 

La principal virtud se expresa en términos de lo que llamamos “ecología lingüística”, que hace alusión a la conservación de las lenguas, del ecosistema lingüístico. La política lingüística ha permitido, por ejemplo, en el caso de España, que después de 40 años de represión de las lenguas autonómicas se haya podido conservar y mejorar el uso de estas lenguas que estaban amenazadas.

Por otro lado, otra de las virtudes de las políticas lingüísticas es también la mejora en la calidad del conocimiento. Es decir, una persona que habla más idiomas es una persona más culta, una persona que tiene otra visión de la realidad y, además, tiene oportunidades laborales mejores que una persona que no los hable. Se dice que el monolingüismo se va a convertir en el analfabetismo del siglo XXI. Aquí la escuela tiene un papel muy importante.

Entonces, ¿qué papel desempeña el sistema educativo en esas políticas lingüísticas exitosas? 

El principio de la solución para los conflictos lingüísticos puede residir en la escuela, ya que desde pequeños los niños podrían conocer la diversidad cultural y lingüística que nos rodea. En el caso de España, lo importante es que este tema no se politice en exceso.

En Andalucía, por ejemplo, tenemos un modelo de enseñanza bilingüe mediante un enfoque de integración de lenguas y contenidos que es muy mejorable, al que le faltan muchos recursos, que se concibió de una manera demasiado optimista, pero que es pionero a nivel internacional en la integración de las lenguas extranjeras, principalmente el inglés, en la enseñanza primaria y secundaria. En la UPO, por ejemplo, hay determinadas facultades que ofrecen grados bilingües. Estratégicamente para la universidad es muy interesante, ya que hemos tomado conciencia de que el inglés, como lengua global, es una lengua que sirve para hacer cosas, no solo para hacer ejercicios de gramática.

En el libro habla también del caso español y de la compleja cuestión de la articulación entre pluralismo lingüístico y democracia, centrado principalmente en Cataluña. ¿Cuál es la situación?

Como todos sabemos, la situación es muy compleja. Hay que tener en cuenta que la administración catalana tiene un mandato democrático de normalización del catalán que lo que ha hecho es “sacar” de la esfera privada esta lengua y convertirla en lengua pública. Para ello ha tenido que poner en marcha un sistema a través del cual el catalán debe aparecer, por ejemplo, en las señales de tráfico, en los carteles de las ciudades, en la escuela, en los tribunales, etc. Esto puede entrar en colisión con determinadas personas que consideran que esto es una imposición. Podemos quedarnos ahí y considerar que es una imposición estalinista o intentar entender que es un mandato del pueblo catalán. Esto es lo que yo creo que determinada órbita del  Estado español no ha entendido, y de ahí el conflicto.

Una de las formas de ser catalán es empleando la lengua. El nacionalismo catalán no es un nacionalismo étnico, es un nacionalismo sobre todo lingüístico y cultural. Entonces, aquello que vaya en contra de su lengua es un atentado contra su propia identidad.

¿Cómo se puede evitar o desactivar ese conflicto lingüístico?

En el caso de España, yo creo que es importante la territorialidad lingüística, tiene que haber un territorio en el que una determinada lengua sea “reina”, como dice el filósofo Philippe Van Parijs. Si en Cataluña la lengua reina es el catalán, vamos a dejar que sea el catalán, porque eso no es una amenaza para el castellano. Volvemos a la “ecología lingüística”, el castellano es una lengua que hablan 300 millones de personas, no necesita que nadie lo proteja, es una lengua fuerte.

Los catalanes sí necesitan sentir que su lengua es una lengua hábil, apta y válida. Si una comunidad específica ha llegado a la conclusión de que ellos quieren que esa lengua sea una lengua pública de comunicación y que se emplee en todos los ámbitos, desde la casa hasta los tribunales pasando por las universidades, dejémosles. Precisamente los que van en contra de ese tipo de sistema son los que se definen como muy liberales. Pues yo creo que lo realmente liberal es dejar que las comunidades gobiernen y gestionen su propio patrimonio cultural como a ellas les parezca.

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