Entrevistas

«El educador físico-deportivo debería contemplarse como un agente de salud más para las personas con trastorno mental»

El investigador de la Universidad Pablo de Olavide Javier Bueno destaca en una entrevista la importancia del estilo de vida activo y de la condición física para las personas con trastorno mental grave y explica cómo desarrollan los programas individualizados que están llevando a cabo desde la UPO

Javier Bueno es educador físico-deportivo interesado en aumentar la calidad de vida de personas con trastorno mental grave mediante la promoción de estilos de vida activos y la mejora de la condición física. El interés en esta temática comenzó gracias a su proyecto de tesis doctoral, con la que obtuvo en 2018 el grado de doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por la Universidad Pablo de Olavide y el Premio Joven a la Cultura Científica del Ayuntamiento de Sevilla. Impulsado por su curiosidad y sus ganas de ayudar a este colectivo “tan necesitado”, en enero de 2016 contactó con Simon Rosenbaum, referencia internacional en el ámbito de ejercicio físico en personas con trastorno mental grave, quien lo invitó a participar en el proyecto SIMPAQ, centrado en la evaluación de la actividad física en adultos de este colectivo de 23 países del mundo (y en el que se incluyó finalmente a España). Javier define su trabajo como muy “gratificante e ilusionante” y considera que para integrar a largo plazo un estilo de vida activo en personas con trastorno mental grave es necesaria la cooperación entre instituciones y la implicación de profesionales del ejercicio físico cualificados en los centros sanitarios.

¿Cuándo se inicia en la Universidad Pablo de Olavide una línea de investigación sobre esta temática?

 Fue en el año 2013, a raíz del proyecto de mi tesis doctoral. A diferencia de hoy, había poca investigación disponible sobre esta temática y ninguna en nuestro país. Desde entonces, me encargo de evaluar el estilo de vida, condición física y variables relacionadas con la salud, y de aplicar programas de ejercicio físico individualizados y supervisados en personas con trastorno mental grave. Para ello, cuento con el apoyo de mis compañeros del grupo de investigación ‘Actividad Física, Salud y Deporte’ (CTS-949). Un aspecto fundamental es que nos implicamos al máximo e intentamos que los interesados disfruten de su participación en un ambiente alegre y dinámico.

¿Qué balance podría hacernos de estos años de trabajo?

 Claramente positivo. He vivenciado muchas experiencias positivas que me han permitido mejorar a nivel personal y profesional, y que me animan a seguir luchando por mejorar la atención que recibe el colectivo de salud mental. Siempre digo que yo he aprendido más de ellos que ellos de mí.

Las últimas investigaciones publicadas en la UPO han puesto de relieve la importancia de la actividad física para las personas con trastorno mental grave, ¿en qué se centran las investigaciones en curso?

 Tratamos de evaluar el estilo de vida, condición física y variables relacionadas con la salud del mayor número de adultos con trastorno mental grave de la provincia de Sevilla y desarrollar una intervención de promoción de estilos de vida activos empleando medidores de actividad (weareables) y videojuegos (exergames).

La idea es entregar pulseras de actividad a los participantes que les permitirán cuantificar e informar de manera rápida y objetiva de su actividad diaria. Es importante para crear hábitos, rutinas, orden y también para implicar más a los usuarios. Además, un subgrupo participará de forma complementaria en un programa de ejercicio físico supervisado y basado en ‘exergames’. Estas herramientas ofrecen nuevas oportunidades de investigación y plantea nuevos desafíos para su aplicación en el ámbito de la salud.

Cabe destacar que hemos incluido nuevas variables de estudio, mejorado las herramientas de medida y adaptado la intervención a las preferencias de los usuarios de salud mental, con la intención de mejorar la viabilidad y adherencia al programa, así como con el objetivo de obtener beneficios saludables en más participantes.

¿Cuáles son las líneas de colaboración que establece la Universidad con el Gobierno andaluz o con otras entidades que trabajen en este ámbito?

Principalmente nos apoyan en la difusión, captación y gestión de citas con interesados en participar en el proyecto. También ponemos en común el informe de resultados de salud que se expide a cada participante al finalizar las evaluaciones y establecemos estrategias que puedan mejorar la calidad de vida de los mismos.

Aunque la relación UPO-SAS Salud mental comenzó en 2013, a mediados de septiembre de 2019 se creó un grupo de trabajo entre el grupo de investigación CTS-948 de la Universidad Pablo de Olavide, la Dirección General de Asistencia Sanitaria de Salud Mental del Servicio de Andaluz de Salud, responsables de todas las unidades de salud mental de Sevilla y FAISEM (Fundación Pública para la Integración Social de personas con Enfermedad Mental). De esta forma pretendemos que todas las personas que trabajan en el ámbito de la salud mental tengan la oportunidad de conocernos, participar y beneficiarse del proyecto. Estamos convencidos de que habrá un aprendizaje recíproco con estos profesionales y de que el proceso asistencial mejorará.

¿Cuáles son los retos que se han marcado desde su grupo de investigación en la UPO para los próximos años?

Evaluar las variables de interés (estilo de vida, condición física y otros parámetros de salud) en una muestra representativa de adultos con trastorno mental grave de Andalucía y aplicar programas de actividad innovadores viables y eficaces en otras poblaciones, y que todavía no se han aplicado en esta población.

La idea final es poder transferir a las unidades y asociaciones de salud mental herramientas de diagnóstico complementarias a las habituales (por ejemplo, pruebas de condición física), datos normativos y estrategias de promoción de salud viables y eficaces en personas con trastorno mental grave. En definitiva, información útil que pueda mejorar la evaluación y tratamiento de esta población clínica.

¿A qué obstáculos se enfrenta en el desarrollo de su trabajo?

 Todavía falta más conexión entre los investigadores e investigadoras de la Universidad y algunas unidades y asociaciones de salud mental. Esta conexión podría facilitar la difusión del proyecto y captación de participantes, y por tanto, el número de personas y entidades beneficiadas. Otro reto para los usuarios de salud mental, aunque muchos lo consideran una motivación, es la necesidad de realizar ciertas pruebas de evaluación en la UPO, un entorno desconocido para ellos y que requiere un desplazamiento. Para ello, se ofrece la posibilidad de acudir a las citas con compañeros y trabajadores de salud mental, así como familiares, amigos, para que se sientan cómodos en todo momento. También tratamos que hagan uso de los medios de transporte propios de los centros de salud mental, y del transporte público (la UPO tiene parada de metro y bus).

¿Considera que se deberían visibilizar más los problemas de salud mental de la población?

Más que visibilizar, deberían no seguir estigmatizándose. Por desgracia, es un creciente problema de salud pública y la sociedad debería reflexionar si la mirada que prestamos a las personas con estos trastornos mentales es adecuada. Como cualquier otro trastorno de salud, existen profesionales que velan por mejorar la calidad de vida de las personas que lo presentan. En este sentido, los educadores físico-deportivos deberían contemplarse como un agente de salud más en la prevención y tratamiento de las personas con trastorno mental.

Un aspecto que sí debería visibilizarse es la importancia de contar con educadores físico-deportivos cualificados para mejorar la calidad de vida de personas con trastornos mentales graves mediante la promoción de estilos de vida activos y la mejora de la condición física.

Más información:

Twitter Javier Bueno: @JaviBueAnt

Twitter grupo investigación en Actividad física, salud y deporte: @GrupoCTS948