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Inauguración Curso Académico 2014-2015

Inauguración Curso Académico 2014-2015

01 de octubre de 2014

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Es de justicia comenzar mis palabras con el recuerdo a los profesores, investigadores, gestores y estudiantes fallecidos durante el pasado Curso Académico. Sus nombres constan en la memoria de la Universidad, no sólo en la que el Secretario General ha expuesto hace unos minutos, sino en la memoria viva de nuestra Comunidad Universitaria, de la que formaron parte y que les honra a través de este recuerdo.

Como es tradicional, hemos asistido a la lectura de la memoria del curso académico que acaba (2013-14), lectura realizada bajo un formato novedoso e innovador que conjuga la secular solemnidad del Acto de Apertura con la utilización de los recursos tecnológicos y de comunicación actuales. Quiero agradecer el trabajo desarrollado y el esfuerzo aplicado al equipo de la Secretaría General, al Secretario General, Dr. Seco, Vicesecretaria General, Dra. Lucena, y a los Gestores que en los diversos servicios han hecho posible esta presentación de la memoria.

No menos tradicional es que la Apertura de cada nuevo Curso Académico incluya en su desarrollo el dictado de una Lección Inaugural a cargo de un doctor de nuestro Claustro Universitario. Este año la ha dictado uno de los Catedráticos más prestigiosos de nuestra Universidad, el Dr. Francesc Xavier Coller Porta, predicador y practicante avanzado de la excelencia y la calidad docente e investigadora. Catedrático de Sociología,xavier coller_14-15_marco nos ha ilustrado sobre un tema tan actual como esencial, dado el contexto de crisis política e institucional en el que estamos sumidos: “Las Ciencias Sociales y el estudio de la política: ¿cómo son, qué hacen y qué piensan nuestros políticos?”. No sólo cabe felicitar y agradecer al Dr. Coller por la magnífica Lección que ha impartido sino también por reivindicar el ámbito de las Ciencias Sociales y poner en valor así la labor docente e investigadora de las universidades. Y quizá sugerirle otro posible tema de estudio o investigación que sería especialmente útil para la clase política: ¿cómo son, qué hacen, qué piensan y qué necesitan las personas que votan a los políticos?

Nuestra Universidad, también en el respeto a las tradiciones, formaliza en el Acto de Apertura de curso la entrega de premios, honores y distinciones.

En este acto se han entregado los Premios Extraordinarios de Doctorado del curso 2012-13, por supuesto reitero mi felicitación y mi enhorabuena a los premiados, recordándoles que esta distinción es fruto de su trabajo, de su rigor, de su entrega, y también de su vocación universitaria, más apreciable y reconocible en estos difíciles tiempos para la docencia y la investigación; pero recordándoles, igualmente, que las distinciones a la labor extraordinaria, aparte de satisfacción y reconocimiento, de orgullo legítimo, implica una mayor responsabilidad: a más talento, mayor es el deber de aplicarlo a la tarea de construir una sociedad más justa, más igual, con mayor bienestar en la que esté garantizada la dignidad, la existencia digna, de toda persona por el mero hecho de serlo.

Hemos llevado a cabo la entrega de los Premios MoleQla en reconocimiento a las mejores contribuciones en la Revista del mismo nombre que es la Revista de Ciencias de la Universidad Pablo de Olavide. Con ello, algo no habitual hasta ahora en este Acto, hemos querido hacer visible ante la Comunidad Universitaria y ante la sociedad el fantástico trabajo que subyace en MoleQla (y que agradezco sinceramente a su principal impulsora, la Dra. Sofía Calero y a todo el equipo que hace posible la edición de cada número): la Revista que nació como un proyecto de innovación docente va camino de convertirse en pocos años en una revista de referencia nacional e internacional; de la vocación inicialmente ceñida al campo de la química va camino de ser una revista multi e interdisciplinar; pero el protagonismo inicial que tenían los estudiantes sigue presente como un valor añadido. Gracias a todos por el esfuerzo, por contribuir a la difusión del extraordinario trabajo que se hace en nuestra Universidad y enhorabuena a los premiados.

Y acabamos de escuchar la intervención del Secretario General de Universidades, Investigación y Tecnología, a quien agradezco su presencia en este Acto en nuestra Universidad, así como las palabras que nos ha dirigido. Creo que es justo reconocer que durante este último año ha habido un esfuerzo importante de la Junta de Andalucía para con sus Universidades Públicas, lo que además se debe agradecer. Nada de ello, aunque algunos quieran ver otra cosa, nos lleva a los Rectores a la complacencia acrítica con la Junta de Andalucía, pues existen cuestiones y problemas pendientes sin resolver o con soluciones mejorables. Bien conoce el Secretario General la posición de los Rectores en estos temas y nuestras reivindicaciones, algunas de las cuales, como diré luego, están en el buen camino para ser atendidas y otras no. Pero en cualquier caso, y esto lo digo bien alto, existe una vía de diálogo y una capacidad de trabajo en común en beneficio del Sistema Universitario Andaluz y, a veces, esto es casi más importante que alcanzar acuerdos y atender reivindicaciones.

Estamos en un momento crítico en el que las decisiones que se tomen, o el camino que se siga, en relación a las Universidades no sólo va a marcar el auge o declive de éstas sino también el de España, el de sus Comunidades Autónomas y, más importante, el auge o declive de la sociedad, de sus mecanismos de bienestar, desarrollo e igualdad, afectando gravemente al presente y al futuro de cada persona.

Medidas legislativas adoptadas en los últimos años, que, no se olvide, nacieron con vocación coyuntural vinculada a la crisis económica y cuyo cese venimos pidiendo de forma reiterada, han producido un proceso de descapitalización económica, material, humana, científica, investigadora que debe ser frenado en seco y que debe empezar a revertirse. No voy a insistir en lo que ya hemos denunciado los Rectores de manera reiterada: impugnación de plazas, tasa de reposición en un exiguo e insuficiente 10% en los dos últimos años, imposibilidad de plantear una carrera académica, jóvenes docentes e investigadores, con una excelente preparación y cualificación media, en precariedad y sin apenas perspectivas de estabilizarse, drástica disminución de los fondos de I+D+i y, lo que es más preocupante, falta de un política consistente y congruente con H2020 y RIS3 (donde ya vamos tarde), tasa de reposición 0 para el PAS, subida de tasas para los estudiantes y endurecimiento de los requisitos para acceso a las becas que atenta contra el principio de igualdad de oportunidades. Con la LOMCE ha cambiado también el Sistema de Acceso a la Universidad y de admisión de estudiantes en las distintas titulaciones, introduciendo otro factor distorsionador de este principio de igualdad.

Encima de la mesa están otras medidas que afectan al sistema de acreditación del profesorado, a la creación de Universidades y Centros así como a la acreditación de la calidad de éstos, figura novedosa. Y, sobre todo, doctores paraninfo_14-15_marcoestá al caer la nueva estructuración de los estudios universitarios: del actual sistema de 4 años de grado (240 créditos) y 1 de postgrado se quiere pasar a uno flexible en el que cada Universidad, según su propio criterio, podrá mantener esa estructura de estudios actual o pasarla a otra de 3 años de grado (180 créditos) más 2 de postgrado, y hacerlo en todas sus titulaciones o sólo en algunas, incluso diseñar grados de entre 180 y 240 créditos, por ejemplo 200 créditos que luego se complementaría con un postgrado de créditos suficientes hasta alcanzar el mínimo de 300. Hay que decir que nada de esto es satisfactorio ni en la forma en que se está haciendo, ni en el fondo de las medidas que implican un nuevo cambio de reglas en medio del partido, caso de la nueva regulación de la acreditación, o el inicio de un camino hacia ninguna parte concreta en el caso de la reforma de la estructura de los estudios: para conseguir una dudosa convergencia con Europa vamos a conseguir una certera falta de convergencia entre Universidades Españolas, vamos a destrozar la mínima homogeneidad del Sistema Universitario. Y esto sin hablar de las consecuencias en materia de financiación, tasas académicas, plantillas de profesorado y PAS, etc.

Y las Comunidades Universitarias, así como los Rectores que las representamos, somos conscientes de que es preciso acertar lo máximo posible en la adopción de las medidas que afectan a la Universidad, dado el momento crítico en el que estamos, y por ello estamos dispuestas a colaborar con el Gobierno de la Nación, aunque algunos piensen o digan otra cosa. Por supuesto, pedimos la reconsideración de las medidas que están produciendo la mencionada descapitalización, y pedimos, como ha sucedido con los proyectos de reforma actuales, tiempo y diálogo, reflexión conjunta y sosegada entre responsables ministeriales, autonómicos y universitarios, porque, insisto, es necesario acertar en las medidas y en las soluciones.

En alguna ocasión he dicho, y lo reitero, que falta perspectiva para abordar estas cuestiones. Creo que una de las fortalezas del Sistema Universitario en España es su carácter predominantemente público complementado por Universidades Privadas. No creo que este carácter deba cambiar ni ser malversado, pero sí creo que puede y debe funcionar mejor. Debemos definir un Sistema Universitario fuerte y sólido, debemos encontrar un modelo de Universidad verdaderamente al servicio de las personas y la sociedad. Permítanme esbozar algunas de las que, pienso, deberían ser la claves:

  • Apostar por la esencia de la Universidad, y en nuestro caso de la universidad pública, como referente formativo e investigador superior llamado a transformar a mejor la sociedad y a aumentar el bienestar común e individual. La revisión del modelo económico y productivo, la capacidad de generación de empleo, la renovación del conocimiento, es decir la innovación, el desarrollo social, no dependen en exclusiva de la universidad, pero son imposibles sin ella.
  • Unido a lo anterior, se deben garantizar los recursos humanos, materiales y económicos suficientes para alcanzar unos niveles razonables de calidad en la formación, la investigación, la gestión que, además, están comprometidos socialmente, es decir, se actúa desde los valores democráticos para conseguir siempre unas personas más preparadas, más cualificadas, con un mayor grado de bienestar y una sociedad en continua transformación hacia mayores niveles de igualdad, justicia y prosperidad.
  • Plantear y resolver seriamente cuatro debates al menos: qué se entiende por Universidad en el siglo XXI y para qué debe servir; qué medios personales, materiales, organizativos, deben disponerse y proveerse para el adecuado funcionamiento de las Universidades y para que puedan cumplir su función; qué clase de gobierno deben tener para lograr la más afinada aplicación de los medios disponibles a la consecución de los fines marcados; qué régimen de responsabilidad, rendición de cuentas y transparencia debe imperar en las Universidades.
  • Apartar, de momento, otros elementos que no sirven sino para distorsionar y sesgar el debate sobre sistema y modelo, por ejemplo el referido al número de Universidades, que no es un problema ni en España ni en Andalucía, o el manido y manipulado tema de los ranking. Y hay que hablar con franqueza y valentía de mapa de titulaciones, modernización de la oferta de títulos, especialización formativa e investigadora, política de tasas (por qué no la gratuidad a cambio de rendimiento exigente) y captación de estudiantes, optimización de la gestión, entre otras cuestiones capitales.

Y aquí expreso nuestro compromiso para trabajar en la consecución de un Sistema Universitario básicamente público, fuerte, al servicio de la sociedad y las personas, que crea en sus docentes, investigadores, gestores y estudiantes, y los cuide y respete.

Acabo de decir que hay que propiciar un marco normativo que garantice que la Universidad dispondrá de recursos humanos, materiales y económicos suficientes. En España, la financiación de la Universidades Públicas depende de las Comunidades Autónomas y en nuestro caso, obvio es, de la Junta de Andalucía. Debo decirles que para el año que viene esta financiación se ajustará a lo que dicta el modelo vigente desde 2007 y que se prorroga por tercer año consecutivo. Hay que reconocer los esfuerzos desplegados en el último año para ir rebajando la deuda con las Universidades (casi en un tercio), así como los esfuerzos realizados para garantizar una mayor liquidez a su tesorería. Ahora esperamos que la prórroga del modelo de financiación vaya acompañada de su cumplimiento en términos de dotar al Sistema Universitario Andaluz de los recursos suficientes, de la suficiencia financiera, y así lo pedimos todos los rectores. Pero es obvio que necesitamos un nuevo modelo de financiación que sea menos lineal que el actual, menos aferrado al peso de cada Universidad en el sistema y que con la garantía de la cobertura de los gastos operativos de cada Universidad (financiación incondicionada pero justificada) y la atención de las necesidades de infraestructuras, tenga más componentes ligados al cumplimiento de objetivos, a la innovación y a la competitividad.

Hay que decir también que nos esperan algunos cambios positivos en materia de personal, como la inminente autorización para la contratación de ayudantes doctores, que forma parte de un plan a 3–4 años vista, y que palia parcialmente los nocivos efectos de la tasa de reposición (que por cierto, parece que se aumenta al 50%, aunque lo lógico sería suprimirla). Pero también hay otros temas pendientes, que nos preocupan y que deben ser abordados y solucionados con la mayor rapidez posible, fundamentalmente los referidos a los Planes de Investigación (a todas las administraciones públicas: sin una política de I+D+i sustentada por una fuerte inversión, el futuro económico y la consecución del bienestar social seguirán siendo inciertos), la reordenación del mapa de titulaciones, la especialización de las Universidades, la necesidad de aproximar las tasas de postgrado a las de grado (incluso más necesario si se cumple el cambio de estructura de estudios y se introduce el 3+2).

Para nuestra Universidad se abre un nuevo curso. Sinceramente creo que es una fuente de oportunidades en el que tendremos que tomar decisiones importantes para nuestro presente y nuestro futuro: decisiones para cortejo_14-15_marcooptimizar más las tareas docentes, para sostener la investigación en niveles de excelencia (para tener solo 18 años, por tercer año estamos entre las tres mejores Universidades Españolas en productividad investigadora), para replantear nuestra oferta académica, para avanzar en la reforma estructural y funcional de los servicios. Hay tarea por delante, sin duda. Una tarea que exige priorizar recursos porque el contexto no invita a otra cosa; a una Universidad pequeña y joven como la nuestra las medidas que se han tomado le afectan mucho más que a otras: por ejemplo, con la actual tasa de reposición únicamente podemos incorporar o promocionar a un profesor por año, lo que significa que, teniendo un bolsa de más de setenta acreditados, tardaríamos más de setenta años en incorporarlos o promocionarlos a todos, y no creo que sea necesario añadir más. Esto genera un daño importante a una institución que está en crecimiento y que necesita consolidar un plantel docente e investigador acorde a sus necesidades de crecimiento y a sus estrategias docentes e investigadoras. Ni una tasa de reposición del 100%, entendida literalmente, nos serviría porque nuestra plantilla es joven, con pocas jubilaciones. Lo que debe hacerse es suprimir la tasa de reposición y permitir a las Universidades una política de personal ajustada a sus necesidades dentro de los límites presupuestarios, y así lo hemos pedido muchas veces. Con el PAS, la situación se resume diciendo que la tasa de reposición es igual a cero, saquen sus propias conclusiones para nuestra pequeña Universidad. Y pueden preguntar a nuestros estudiantes sobre las becas concedidas y las cuantías de las mismas, ambas magnitudes, en general, en disminución respecto a otros años y en particular para la UPO, aunque se ha concedido un 2% más de becas, la cuantía de las mismas ha tenido una reducción media drástica propiciado por el complejo sistema de cálculo introducido. Como dato puede apuntarse que un estudiante merecedor de la cuantía máxima de beca (6.000€) ha visto reducido su importe entre un 25% y un 50% comparando los cursos 2012-13 y 2013-14.

Debemos sobreponernos a este escenario otro año más. Hay datos que invitan a pensar en positivo: este curso que comienza nos ha dejado un 97% de cobertura de plazas de nuevo ingreso en la primera fase, más de dos mil nuevos estudiantes de grado; alcanzaremos otros mil en estudios de postgrado oficial; hemos avanzado en la internacionalización de la Universidad, camino en el que debemos avanzar más, con las pioneras experiencias en ADE, y las más recientes de Grados en Traducción e Interpretación con la Universidad italiana de Turín, y de Grado en Derecho con la Universidad alemana de Bayreuth, que comienzan en este curso. En este nuevo curso profundizaremos en el gobierno abierto, en open data, en reutilización de la información del sector público, en transparencia. Y permítanme que deje en estos los apuntes del nuevo curso, aunque deba añadir uno: para este curso nuestra Universidad ha crecido al tener un Centro adscrito, el Centro San Isidoro – CEADE. Creo que nos debemos felicitar por ello, que nos aporta valor y diversificación, posibilidades de hacer nuevas cosas. Y sobre todo, lo que es de agradecer, lo vamos a hacer desde el compromiso de la defensa de los valores públicos, en demostración de que lo público y lo privado pueden y deben trabajar conjuntamente, pero deben hacerlo desde el compromiso social efectivo.

Porque confío en que el nuevo curso nos saldrá bien. Porque hemos dejado atrás un curso académico difícil y complicado que hemos sido capaces de sacar adelante con buena nota gracias al esfuerzo de todos, de todas y cada una de las personas que integran nuestra Comunidad Universitaria. Gracias a todos y a todas, de verdad, porque habéis antepuesto el cumplimiento de las tareas docentes, investigadoras, de gestión, y os habéis aplicado a vuestros estudios, al impacto general y particular sobre cada uno de las medidas que reducen nuestros derechos e incrementan nuestras cargas. Habéis antepuesto los intereses de la Universidad Pablo de Olavide, como Institución Pública de educación superior, a vuestra rabia, frustración, desesperanza, desánimo. Y con ello, en un contexto de pesimismo, habéis construido un presente que invita a la esperanza y habéis sembrado el optimismo con el que encarar el futuro.

El año pasado también invoqué la necesidad de ser optimistas, de pensar en positivo. Sé que no es fácil, pero es el camino que debemos seguir: somos servidores públicos, muchos además por vocación, y debemos ser ejemplo para la sociedad; sobre todo, debemos pensar que en nuestra responsabilidad entra no darnos por vencidos ante las dificultades y superarlas con ahínco, no sólo por nosotros sino sobre todo por todos aquellos que tan mal lo han pasado y lo están pasado, los desesperanzados, los que se han quedado sin horizonte, a los que poco a poco se les está quitando la dignidad de un trabajo, de una vivienda o de una comida. Es nuestro trabajo comprometido desde lo público el que debe servirles a ellos, es nuestro compromiso, insisto, es nuestra responsabilidad. Y también sé que muchas veces tenemos dudas sobre si podemos hacerlo, sé que muchas veces nos ronda el cansancio y la tentación de abandonar la lucha. Cuando eso me pasa a mí, busco entre los recuerdos de las canciones -poemas de ese cantautor que ustedes ya saben que me gusta citar- y me digo, y me gustaría que os dijérais:

Hoy sé que no hay nada imposible
Anoche supe la verdad
Creía mi alma inservible
Pero era cansancio vulgar, nada más.

HE DICHO.

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