Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla


“Paciencia, devoción, mimo y buen pulso son los ingredientes imprescindibles para realizar un mosaico romano”

Santiago Recio, técnico auxiliar en Arqueología, explica cómo lo que comenzó siendo un elemento decorativo de techos y paredes, acabó convirtiéndose en ricos pavimentos de elaboración compleja

En la fotografía, de izquierda a derecha, Juan Ávila, alcalde de Carmona; Santiago Recio, director del curso de mosaicos; Josefa Vázquez, subdirectora general de Infancia y Familias de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales; David Naranjo, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Universidad Pablo de Olavide, y Francisco Hidalgo, director de la sede Olavide en Carmona, en el momento de recibir la donación del mosaico destinado a la sede Olavide en Carmona.

En la fotografía, de izquierda a derecha, Juan Ávila, alcalde de Carmona; Santiago Recio, director del curso de mosaicos; Josefa Vázquez, subdirectora general de Infancia y Familias de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales; David Naranjo, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Universidad Pablo de Olavide, y Francisco Hidalgo, director de la sede Olavide en Carmona, en el momento de recibir la donación del mosaico destinado a la sede Olavide en Carmona.

Aunque todavía se fabrican, el mosaico por excelencia es el romano, sobre el que los visitantes de los museos siempre realizan la misma pregunta: “¿cómo lo hacían?”. Santiago Recio Blanco, técnico auxiliar de Arqueología y monitor del curso de formación “El arte de crear mosaicos”, dependiente de la Delegación de Igualdad del Ayuntamiento de Carmona, lo tiene claro: “paciencia, devoción, mimo y buen pulso son los ingredientes imprescindibles para realizar un mosaico romano”, argumenta.

Recio ha realizado estas declaraciones coincidiendo con la inauguración del curso “Patrimonio histórico: el mosaico romano en Carmona. Taller práctico de elaboración”, que dirige hasta el viernes en el marco de los cursos de verano que la Universidad Pablo de Olavide celebra cada año en su sede de Carmona.

Según Santiago Recio, una de las producciones de la antigua Roma que más admiración causan son los mosaicos que adornaban suelos y paredes y, aunque no fueron privativos de Roma, sino que recogió una tradición ancestral y siguen fabricándose en época actual, “el mosaico por excelencia es el romano”, de manera que lo que comenzó siendo un elemento decorativo acabó convirtiéndose “en un proceso de elaboración algo complejo y propio de albañiles especializados”, explica.

Tanto, que en todas las ciudades importantes existían talleres de elaboración de mosaicos, bien fijos o itinerantes, que recorrían el imperio mostrando sus catálogos. Una vez que el cliente elegía el dibujo, el ‘pictor imaginarius’ lo hacía combinando motivos y el ‘musaerius’ dirigía a toda una cuadrilla de trabajadores especializados: el ‘calcis coctor’ preparaba el suelo o la pared; el ‘pictor parietarius’ dibujaba el motivo elegido; el ‘lapidarius’ cortaba las teselas; y el ‘tessellator’ las colocaba.

El experto en mosaicos del Ayuntamiento de Carmona explica que los mosaicos han sido empleados por diferentes culturas a lo largo de la historia, y que existe constancia de que “templos y palacios del antiguo Egipto se encontraban decorados con m osaicos”. La tradición se extendió luego por Oriente y por Grecia, desde donde llegó hasta Italia y al resto de las regiones del Imperio Romano, como Hispania, la Bética y, posteriormente, a la antigua Carmo.

“Los mosaicos podían adornar las paredes y techos de muchos edificios, pero sobre todo los de ‘domus’ y las ‘villae’, de las familias ricas”, explica Recio, quien añade que siempre que era posible, los mosaicos se construían con materiales existentes en la zona mediante diversas técnicas como incrustar las teselas en el mortero o encajar los trozos de mármol u otras piedras de forma geométrica.

Por último, afirma que “durante los dos primeros siglos imperiales predominó en Hispania el mosaico en blanco y negro, siendo en los comienzos del siglo III cuando empiezan a introducirse algunos colores”. Asimismo, la temática era muy variada y extensa, y a través de los mosaicos “quedaban reflejadas la forma de vida, las costumbres, los conocimientos culturales y el nivel económico de la sociedad que representaban”, concluye.

Donación de un mosaico a la sede Olavide en Carmona

Santiago Recio ha hecho entrega a la sede Olavide en Carmona – Rectora Rosario Valpuesta de la reproducción de un fragmento de mosaico policromo, hallado en la carmonense calle Prim, concretamente en el edificio de la oficina de Cajasol de Carmona. A dicho acto han asistido el vicepresidente ejecutivo de la Fundación Universidad Pablo de Olavide, David Naranjo; el alcalde de Carmona, Juan Ávila; la subdirectora general de Infancia y Familias de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales, Josefa Vázquez y el director de la sede Olavide en Carmona, Francisco Hidalgo.

Es un mosaico fechado entre final del siglo II y principios del III, de gran calidad técnica y que podría ser parte del pavimento de las termas romanas de Carmo.

Representa la parte superior de un thiasos o cortejo marino, de la diosa Anfitrite, ninfa del mar tranquilo y esposa de Neptuno, que cabalga a lomos de lo que podría ser un hipocampo, con esquemáticas estelas negras representando el viento y la espuma del mar, que van dejando los personajes.

La fracción contiene dos franjas horizontales de teselas negras, conteniendo en su interior una línea con nueva spinae de teselas policromas.


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