Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla


La Plaza de Julián Besteiro de Carmona podría convertirse en un nuevo foco de interés para el turismo cultural

El arqueólogo Juan Manuel Román aboga por “integrar, hacer visibles y poner en valor” los restos arqueológicos hallados en este emplazamiento urbano donde se realiza el curso de Arqueología de campo

Hallazgos arqueológicos en Carmona

Excavación arqueológica en Carmona

La plaza de Julián Besteiro podría representar un atractivo turístico más para los miles de turistas que visitan la ciudad de Carmona. Así lo cree, al menos, Juan Manuel Román, arqueólogo del Museo de la Ciudad y miembro del Servicio de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona, quien defiende la posibilidad de “integrar, hacer visibles y poner en valor” los restos arqueológicos hallados en el subsuelo de este emplazamiento urbano, lo que “dotaría a la ciudad de otro foco más de interés para las visitas turísticas vinculadas al patrimonio arqueológico” que, tratándose de Carmona, no son pocas.

Román ha hecho estas declaraciones en el marco de la XV Edición de los cursos de verano que la Universidad Pablo de Olavide celebra en la ciudad y donde codirige la actividad ‘Arqueología de campo’ junto a Ricardo Lineros, jefe de servicio de la Delegación de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Carmona y director del Museo de la Ciudad. Entre el 31 de julio y el 25 de agosto, los alumnos y alumnas del curso realizarán trabajo de campo en la plazuela de San José, ampliando las excavaciones que ya existen y que, paradójicamente, se iniciaron para descartar la existencia de restos de valor como trabajo previo a la construcción de un aparcamiento subterráneo en esta zona del centro histórico de la ciudad.

Según explica el arqueólogo, “Carmona fue una de las ciudades más importantes de la Bética” romana, especialmente durante los siglos I y II d. C, “y de ello dan fe los diferentes edificios públicos que han aparecido, como el anfiteatro, el teatro y el circo o los baños”. La plazuela de San José es un buen ejemplo. A lo largo de las diferentes fases de la excavación han aparecido interesantes restos de diversas etapas históricas. Los más recientes están vinculados al convento de San José, fundado por los carmelitas descalzos a finales del siglo XVII y que “ocupaba no sólo el espacio actual de la plaza sino de edificios colindantes”. De una época anterior a la construcción del edificio religioso, los arqueólogos hallaron restos de viviendas del siglo XVI de estilo mudéjar “que se conservaban en bastante buen estado”, subraya.

En niveles inferiores del subsuelo se han encontrado restos islámicos, pertenecientes sobre todo a infraestructuras de la época como pozos ciegos y canalizaciones, lo que confirma que esa zona de Carmona “estuvo habitada y urbanizada en época medieval”. En estos niveles se han recuperado gran cantidad de materiales de la época almohade (siglos XII y XIII), principalmente cerámica.

Pero, sin lugar a dudas, Juan Manuel Román afirma que los restos “más interesantes, visibles y potentes” de cuantos han aparecido en la plaza de San José son los de época romana. Así, en la actualidad se encuentra excavando unas termas que podrían ser públicas “por las dimensiones de lo que ya tenemos exhumado” y que serían las terceras termas romanas que salen a la luz en Carmona. Hasta el momento se ha identificado el espacio de cinco piscinas (una de agua caliente, una de agua templada y tres de agua fría) y la estancia que daría acceso a éstas, “y los resultados prometen”. Entre los trabajos que tendrán por delante los alumnos del curso, señala “la excavación de la zona donde se hacía el fuego (hipocaustum) para calentar el agua de las piscinas”.

De confirmarse el hallazgo, habrían aparecido las termas más antiguas de Carmona, sumándose a las de las calles Pozo Nuevo (siglo II d. C.) y Juan de Ortega, si bien éstas eran privadas y estaban incorporadas a una vivienda. Las de San José, calcula Román, “fueron construidas posiblemente en época de Augusto a principios del siglo I d. C. y son las más antiguas”. Además, se sabe que estuvieron en uso durante bastante tiempo “por las reformas que experimentó el edificio”, añade.

No obstante, antes de adentrarse en el subsuelo de la ciudad hasta llegar a la Carmona romana de dos mil años atrás, la primera lección que recibirán los futuros arqueólogos será “cómo se coge un pico y una pala”. A partir de ahí, aprenderán a realizar todas las tareas propias del oficio en una excavación de este tipo: “el trabajo de campo, cómo se lleva el registro, la estratigrafía, planimetría, fotografía… Aspectos en los que no se suele profundizar de forma más práctica en el ámbito académico”, aclara Román. Todo ello complementado con clases teóricas sobre temas administrativos, legislativos o metodológicos, ha finalizado el arqueólogo.


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