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¿Cuál es el verdadero impacto del programa Erasmus en el estudiantado universitario?

 

Shutterstock / DavideAngelini

Rosa M. Rodríguez-Izquierdo, Universidad Pablo de Olavide

En el año 1987, 3 200 estudiantes de diferentes países europeos participaron en un programa pionero, que, sobre la idea de fomentar la movilidad, la competencia intercultural y la dimensión europea, se considera todavía el buque insignia de la cooperación en materia de educación en la UE. Tres décadas después, aproximadamente 300 000 estudiantes se beneficiaban del programa Erasmus 2017. Ha tenido nueve millones de participantes en los 30 años y pico de vida.

La firma del tratado de Maastricht en 1992, con el que se crea oficialmente la Unión Europea, vino a apoyar la idea de la libre circulación de estudiantes e investigadores en el contexto europeo. Más adelante, la estrategia de desarrollo 2020 de la UE coincidía en la importancia de invertir en capital humano para impulsar el desarrollo económico y la internacionalización. La movilidad era una de las piezas centrales para un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) en 2025.

En 2017, el programa Erasmus (actualmente Erasmus+) celebró su 30 aniversario. Se trata, sin duda, de una reconocida y exitosa iniciativa de la UE, que ha otorgado becas para impulsar la movilidad de estudiantes y del personal, para el desarrollo de la competencia intercultural y la promoción de la dimensión europea. La idea detrás del programa Erasmus era visionaria: “Promover cursos de estudio conjuntos entre universidades e instituciones de educación superior”. No cabe duda de que el programa Erasmus ha estimulado los flujos de movilidad del estudiantado universitario y ha contribuido a la actual orientación internacional del EEES.

España, líder del programa Erasmus+

Con el tiempo, España se ha consolidado, en número de participantes, como el principal país de origen y destino del programa. El crecimiento de la movilidad internacional de estudios en España fue especialmente evidente entre 2001 y 2011, un período en el que el número de entradas y salidas se duplicó, alcanzando un total de 36 842 estudiantes salientes y 42 537 estudiantes entrantes en 2014–2015

En términos económicos, durante el año académico 2013–2014, el programa Erasmus invirtió más de 580 millones de euros para financiar la movilidad de estudios de alrededor de 272 000 estudiantes y 57 000 profesores y personal administrativo.

Para el período 2014–2020, la Comisión Europea aumentó la asignación presupuestaria del programa Erasmus+ en un 40 %, alcanzando un total de 14 700 millones de euros. Dadas las cifras involucradas, conocer el impacto real del programa en el estudiantado se ha convertido en un tema de creciente interés.

Tipos de movilidad

En la literatura se definen varios tipos de movilidad estudiantil. La movilidad vertical es la “movilidad hacia adentro desde otras partes del mundo, desde un nivel más bajo a un nivel educativo avanzado”, y la movilidad horizontal sería la movilidad intraeuropea entre programas de igual valor. En el EEES, la movilidad horizontal ha prevalecido desde que el proceso de Bolonia estableció programas de estudio coherentes donde poder estudiar en igualdad de condiciones.

Según la duración del período pasado en el extranjero, hay dos tipos de movilidad: la de titulaciones y la de créditos. La movilidad de titulaciones es una “movilidad a largo plazo de estudiantes con el fin de completar un ciclo de estudios completo y la adquisición de un título en el extranjero”, incluida la participación en un programa de grado otorgado conjuntamente.

La movilidad crediticia es “una matrícula temporal en el extranjero con el objetivo de continuar los estudios, pero finalizarlos en el país de origen”.

Otra distinción es su dirección: entrante o saliente. La movilidad entrante es “movilidad al país de destino” o “el país a donde el estudiante se mueve”. La movilidad saliente es la “movilidad desde el país de origen” o “el país desde donde el estudiante se mueve”.

En la guía más reciente del programa Erasmus+, el término movilidad en el aprendizaje cubre la movilidad para una variedad de partes interesadas (estudiantes, personal, asociaciones, voluntarios, jóvenes trabajadores y jóvenes) con el fin de aprender.

La guía especifica que, “si bien se recomienda encarecidamente la movilidad física de larga duración”, debe haber duraciones más flexibles para garantizar que el programa sea accesible para todos los estudiantes, con independencia de su origen, circunstancias y campos de estudio.

Impacto de la movilidad internacional

Pese a la enorme difusión del Erasmus, hay pocos estudios empíricos sobre la capacidad de los estudiantes para identificar y experimentar las diferencias culturales. Sería especialmente interesante investigar las variables individuales, como los antecedentes culturales de los estudiantes y sus diferentes contextos, y las diferentes características del programa de estudios en el extranjero.

Además, pocos estudios, si es que hay alguno, abordan las habilidades de los estudiantes para aprender, internalizar y reutilizar las competencias interculturales en sus vidas.

La mayoría de los programas de estudios en el extranjero buscan lograr múltiples objetivos, que incluyen habilidades académicas (por ejemplo, habilidades lingüísticas), desarrollo profesional (por ejemplo, sentido de responsabilidad), desarrollo personal (por ejemplo, flexibilidad) y competencia intercultural (por ejemplo, etnocentrismo disminuido).

¿Es siempre positivo?

Las universidades, los gobiernos, los empleadores y los propios estudiantes tienden a asumir automáticamente que la movilidad internacional de los programas de estudio tiene un impacto positivo.

Sin embargo, la exposición a las diferencias culturales durante el estudio en el extranjero no aumenta automáticamente la comprensión intercultural, a menos que los procesos reflexivos de los estudiantes se fomentan explícitamente por las instituciones antes de la partida y antes del regreso de las experiencias de movilidad.

El desarrollo de la competencia intercultural de los estudiantes puede depender, en particular, de sus niveles iniciales, del género (se benefician más las mujeres), de su desarrollo en los programas de movilidad internacional, o de las oportunidades de mantener relaciones interculturales.

La competencia intercultural

Nuestro contexto exige a las instituciones universitarias centrar sus esfuerzos en los ciudadanos de las próximas décadas. Deberán contar con competencias para afrontar los nuevos retos: el flujo de ciudadanos entre países, las reestructuraciones políticas y el orden socioeconómico anuncian transformaciones que harán necesaria la participación de ciudadanos responsables, sensibles a las diferencias culturales y conocedores del contexto internacional.

Dado que los participantes en programas de movilidad presentan características diferentes a sus pares en términos de capacidad, campo de estudio o antecedentes socioeconómicos, y que no se puede afirmar con certeza que las correlaciones observadas hasta la fecha sean de hecho causales, se precisa seguir fomentando la investigación vinculada a la movilidad internacional con el fin de cubrir las lagunas de conocimiento existentes.

Rosa M. Rodríguez-Izquierdo, Profesora Titular Dpto. Educación y Psicología Social, Universidad Pablo de Olavide

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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