
Los animales de compañía han dejado de ocupar un lugar secundario en muchos hogares para convertirse en una parte esencial de la vida de millones de personas. Hoy forman parte de las rutinas diarias, de los vínculos afectivos e incluso de los procesos terapéuticos y educativos. Sin embargo, comprender qué aportan realmente a nuestra salud y bienestar exige ir más allá de los tópicos. Así lo defiende Javier López-Cepero Borrego, profesor del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la Universidad de Sevilla y director del curso ‘Vínculos que transforman: el impacto de los animales en nuestra salud y bienestar. Una aproximación a las intervenciones asistidas con animales’, que se celebra hoy dentro de la 24ª edición de los Cursos de Verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona.
Según explica el investigador, el cambio experimentado durante las últimas décadas responde también a una transformación social. “Hoy disponemos de más recursos para cuidar de nuestros animales y eso ha permitido que su bienestar se convierta en una prioridad”, señala. En su opinión, el hecho de considerar a perros y gatos como miembros de la familia no resta importancia a otros modelos familiares, sino que refleja una sociedad que concede cada vez más valor al cuidado y a los vínculos afectivos.
Ese vínculo se construye, sobre todo, en los pequeños gestos cotidianos. “Cuando convives con un animal, está ahí cuando vuelves a casa. Te acompaña mientras haces las tareas diarias, mientras descansas o simplemente mientras compartís tiempo juntos. Muchas personas hablan con sus animales igual que hablarían a un bebé, no porque esperen una respuesta, sino porque comunicarse forma parte de la naturaleza humana. Esa presencia constante puede convertirse en una fuente de apoyo emocional y reducir la sensación de soledad”.
No obstante, López-Cepero insiste en que esos beneficios no aparecen automáticamente. “Todo depende de la calidad de la relación. Igual que ocurre con una amistad o una pareja, convivir con alguien no garantiza por sí solo que exista un vínculo positivo”.
Precisamente por ello, el profesor rechaza la idea de presentar a los animales como una solución universal frente a problemas como la soledad no deseada. “No podemos cargar sobre ellos la responsabilidad de resolver problemas que corresponden a la sociedad y a las personas”, afirma. A su juicio, los animales pueden convertirse en un apoyo muy importante, pero nunca sustituyen las relaciones humanas ni las políticas necesarias para afrontar este fenómeno.
Procesos educativos o terapéuticos
Más allá de la convivencia diaria, ese potencial también está siendo aprovechado en ámbitos como la educación, la atención sanitaria y los servicios sociales. Las denominadas intervenciones asistidas con animales incorporan perros, gatos u otras especies para facilitar determinados procesos educativos o terapéuticos. “Si algo no es terapia, incluir un animal no lo convierte en terapia”, aclara López-Cepero. Sin embargo, explica que los animales poseen una extraordinaria capacidad para favorecer la motivación, generar confianza y facilitar la participación de personas que encuentran mayores dificultades en los formatos tradicionales.
Actualmente existen programas dirigidos a personas mayores —con y sin demencia—, menores con trastornos del espectro autista, pacientes con ansiedad, depresión o estrés postraumático, entre otros colectivos. “En muchas ocasiones el animal ayuda a dar ese primer paso que permite iniciar el proceso de recuperación”, resume. El objetivo no consiste en sustituir el trabajo de los profesionales, sino en aprovechar un recurso que facilita la interacción y mejora la implicación de quienes participan en la intervención.
El investigador recuerda, además, que la evidencia científica muestra beneficios asociados a la convivencia con animales, como una mayor percepción de apoyo, una reducción del estrés o una mayor motivación para realizar actividad física. Sin embargo, insiste en que esos efectos dependen tanto del tipo de animal como del vínculo que se establezca con él. “Compartir casa con un animal sin apenas interactuar con él no produce beneficios relevantes”, explica.
Una de las cuestiones que más preocupa a López-Cepero son las contradicciones que todavía existen en torno a estos vínculos. “Decimos que un perro o un gato son uno más de la familia, pero muchas personas que viven en centros de acogida para víctimas de violencia de género o personas en situación de sinhogarismo no pueden acceder a ellos con sus animales”, señala. Según explica, muchas personas sienten que deben justificar continuamente la importancia de la relación que mantienen con sus animales porque el entorno no siempre la reconoce. “Cada persona construye su propio universo de relaciones importantes y debemos aceptar que ese mapa afectivo no tiene por qué ser igual para todos”, afirma.
Duelo por los animales
Esa falta de reconocimiento también se hace especialmente visible cuando un animal de compañía muere. Para López-Cepero, “una pérdida es una pérdida”, independientemente de que sea la de un ser humano o la de un animal de otra especie. En su opinión, la sociedad ha empezado a hablar con mayor naturalidad del duelo por los animales y cada vez son más las personas que buscan apoyo para afrontar ese proceso. Sin embargo, considera que aún queda mucho camino por recorrer.
“Apenas existen orientaciones sobre cómo acompañar este tipo de pérdidas y, en muchas ocasiones, son los propios profesionales de la veterinaria quienes asumen ese apoyo sin contar con una formación específica”, explica. Además, recuerda que situaciones tan habituales como poder despedirse del animal en sus últimos días o disponer de tiempo para vivir ese duelo siguen sin estar contempladas en la mayoría de los entornos laborales. “Son momentos muy difíciles en los que muchas personas se sienten desorientadas porque socialmente todavía no sabemos muy bien cómo responder ante estas pérdidas”, afirma.
El investigador considera que esta evolución forma parte de un cambio social más amplio. En las últimas décadas ha aumentado notablemente la sensibilidad hacia el bienestar de los animales de compañía, hasta situar a España entre los países europeos con mejores actitudes hacia su cuidado. “Cada vez conocemos mejor cuáles son sus necesidades y eso mejora tanto su bienestar como la convivencia con las personas”, señala.
No obstante, advierte de que esa mayor concienciación convive todavía con importantes desafíos. El abandono animal continúa siendo un problema persistente y las entidades protectoras siguen reclamando más apoyo y recursos. “Nuestra relación con los animales ha mejorado mucho, pero todavía presenta importantes contradicciones”, resume.
Para López-Cepero, reflexionar sobre el vínculo humano-animal también supone ampliar la mirada sobre la salud. “Nuestra relación con los animales afecta prácticamente a todo lo que hacemos, desde las experiencias más personales hasta la forma en que producimos alimentos o gestionamos el medio ambiente”, explica. Por ello defiende el enfoque One Health, que entiende la salud humana, animal y ambiental como una realidad profundamente interconectada.
El curso ‘Vínculos que transforman: el impacto de los animales en nuestra salud y bienestar. Una aproximación a las intervenciones asistidas con animales’ ofrece una visión científica y multidisciplinar sobre la relación entre personas y animales, analizando el papel que desempeñan en ámbitos como la salud, la educación, la intervención social y el bienestar emocional, así como los retos éticos y sociales que plantea una convivencia cada vez más estrecha entre especies.

