
Los teléfonos móviles, las tabletas y otros dispositivos digitales forman ya parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Sin embargo, la rapidez con la que estas tecnologías se han incorporado a la infancia contrasta con el creciente número de investigaciones que alertan sobre la necesidad de comprender mejor sus efectos sobre un cerebro que todavía se encuentra en pleno desarrollo. “Es fundamental comprender cómo el entorno digital moldea el neurodesarrollo”, afirma Raquel Chillón Martínez, directora académica del Grado en Fisioterapia del Centro Universitario San Isidoro, adscrito a la Universidad Pablo de Olavide, y responsable del taller ‘Infancias digitales: el precio oculto del brillo. Impacto neurocognitivo y socioemocional del uso temprano de pantallas’, que se celebra hoy dentro de la 24ª edición de los Cursos de Verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona.
“Cuando hablamos de un niño pequeño, hablamos de un cerebro que todavía se está construyendo”, explica la especialista. A su juicio, comprender ese proceso resulta imprescindible para que familias, docentes y profesionales sanitarios puedan tomar decisiones responsables sobre la exposición temprana a los dispositivos digitales. El objetivo, insiste, no es demonizar la tecnología, sino conocer con rigor científico cómo, cuándo y en qué condiciones influye sobre el desarrollo infantil.
El taller parte de una realidad compartida por la comunidad científica: nunca antes los menores habían estado expuestos desde edades tan tempranas a una cantidad tan elevada de estímulos audiovisuales. Esa transformación plantea interrogantes sobre sus posibles efectos en aspectos tan relevantes como la atención, el lenguaje, la regulación emocional, el sueño, el aprendizaje o las relaciones sociales.
Precisamente por ello, la jornada reúne a profesionales de distintas disciplinas para abordar el fenómeno desde una perspectiva multidisciplinar. La neuropediatra María Teresa Andrade analizará las principales evidencias científicas sobre el impacto de las pantallas en el neurodesarrollo infantil; la fisioterapeuta Natalia Povedano explicará cómo responde un cerebro en construcción a la sobreexposición digital; y la psicopedagoga Alejandra Pereira profundizará en las repercusiones que el uso intensivo de dispositivos puede tener sobre el aprendizaje y el rendimiento escolar.
Más allá de los riesgos, la responsable del taller insiste en que el objetivo no es generar alarma social. Las herramientas digitales forman parte de la realidad y ofrecen importantes posibilidades educativas y de comunicación cuando se utilizan de forma adecuada. El desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita aprovechar sus ventajas sin comprometer experiencias fundamentales para el desarrollo infantil.
Alteración de procesos del neurodesarrollo
En este sentido, Raquel Chillón recuerda que numerosos estudios apuntan a que el uso intensivo y precoz de pantallas puede alterar procesos esenciales del neurodesarrollo cuando sustituye actividades imprescindibles durante la infancia. “El cerebro necesita experiencias reales para desarrollarse”, resume. El problema, explica, no reside únicamente en el tiempo que un menor pasa frente a una pantalla, sino también en aquello que deja de hacer mientras la utiliza. El juego libre, la conversación con otras personas, el movimiento, la exploración del entorno o incluso el aburrimiento constituyen experiencias fundamentales para la maduración del cerebro.
La especialista señala además que determinadas aplicaciones y plataformas digitales están diseñadas para captar de forma continuada la atención del usuario mediante estímulos constantes y recompensas inmediatas. Según explica, diversas investigaciones muestran que este tipo de estímulos activan circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, lo que obliga a extremar la prudencia cuando se trata de cerebros que todavía están en pleno desarrollo. “El problema no son las pantallas en sí mismas, sino el lugar que ocupan cuando desplazan aquello que el cerebro necesita para madurar”, afirma.
Lejos de culpabilizar a las familias, la directora del taller considera que muchas afrontan esta realidad con incertidumbre. “La tecnología ha avanzado mucho más rápido que el conocimiento social sobre sus efectos”, señala. Por ello, defiende la necesidad de ofrecer información rigurosa y herramientas prácticas que permitan tomar decisiones basadas en la evidencia científica y adaptar el uso de los dispositivos a las distintas etapas del desarrollo infantil.
El taller pretende precisamente responder a esa demanda creciente de información por parte de familias, educadores y profesionales sanitarios, que observan con preocupación el incremento del tiempo de exposición a las pantallas y la dificultad para establecer hábitos digitales saludables. Frente a soluciones simplistas, los especialistas apuestan por combinar el conocimiento científico con estrategias realistas que puedan incorporarse a la vida cotidiana.
La jornada concluirá con una mesa redonda en la que los distintos ponentes debatirán sobre los principales retos que plantea la convivencia con la tecnología durante la infancia y la adolescencia, compartiendo distintas perspectivas sobre un fenómeno que afecta cada vez más al ámbito educativo, sanitario y familiar.
Más que ofrecer respuestas cerradas, el taller propone abrir un debate necesario sobre cómo acompañar a niños y adolescentes en una sociedad cada vez más digitalizada. “Las pantallas forman parte de nuestra vida y seguirán haciéndolo”, concluye Raquel Chillón. “El reto consiste en utilizarlas cuando aportan valor, sin que ocupen el espacio que necesitan el juego, el movimiento, el descanso o las relaciones personales durante la infancia”, concluye.
Fuente: Fundación Universidad Pablo de Olavide

