Entrevistas

Valle Oso: “El premio Humanitas ha sido el reconocimiento a un trabajo que era un premio en sí mismo para nosotros”

Esta profesora del IES La Palma ha coordinado el trabajo de investigación del alumnado ganador del Premio Humanitas 2017 de la Facultad de Humanidades

Valle Oso, profesora del IES La Palma
Valle Oso, profesora del IES La Palma

La profesora del Instituto de Enseñanza Secundaria La Palma de La Palma del Condado (Huelva) María del Valle Oso Leal ha coordinado el trabajo de investigación titulado “Relación epistolar entre Ignacio de Cepeda y Alcalde y Gertrudis Gómez de Avellaneda, el valor del patrimonio y los prejuicios sociales por encima del amor” por el que un grupo de estudiantes de segundo de Bachillerato ha ganado el Premio Humanitas 2017 que concede la Facultad de Humanidades de la Universidad Pablo de Olavide. Los premiados han sido Lourdes Domínguez Valdivia, Aroa García Ogazón, Santiago Mateo García, Lucía Palacio Savona y Águeda Vázquez Hidalgo que, junto a su profesora, han conseguido el Primer Premio, dotado con libros, material electrónico, informático y de comunicación por valor de 1.000 euros. Se trata de la tercera edición de este concurso destinado a jóvenes investigadores que pretende fomentar el conocimiento de las disciplinas humanísticas y la iniciación a la actividad investigadora en diversos campos del saber como la Historia, Historia del Arte, Arqueología, Literatura, Estudios Filológicos, Filosofía, Geografía, así como cualquier otro ámbito de las Humanidades.

Pregunta: ¿Cómo llega una profesora de Bachillerato a coordinar un trabajo de su alumnado sobre Ignacio de Cepeda y Alcalde y Gertrudis Gómez de Avellaneda?

Respuesta: Se han dado una serie de circunstancias únicas y excepcionales: una asignatura de libre configuración autonómica de segundo de Bachillerato de Humanidades llamada “Textos de la literatura universal”, con dos horas lectivas semanales y sin la presión de presentarse con ella en las PeVAU. Además de una disposición horaria que permitía echarle más horas al currículum, contando con recreos para prolongar las horas de archivo o los desplazamientos en coche; un grupo de cinco alumnos de enorme sensibilidad literaria y artística, excelente nivel académico y gran curiosidad intelectual; un equipo directivo facilitador de las tareas complementarias; una cadena humana de cooperantes y ayudantes en el desarrollo del proyecto -archiveros, historiadores, profesores, familiares, empleados y amigos-; y una profesora letraherida, que topó con la escritora más desconocida del Romanticismo español el mismo día de su onomástica, un 16 de noviembre, día de Santa Gertrudis, y el mismo día en que murió el amor de su vida, el hacendado ursaonense Ignacio de Cepeda y Alcalde. Y todo ello desde el mismo epicentro de su relación amorosa -el Condado onubense-, conectando Sevilla -donde se conocieron en verano de 1839-, y Madrid -donde ella triunfó como escritora y él alcanzó su cargo de parlamentario-.

P: En su intervención, usted se refirió a su alumnado como “una generación de excelencia académica”. ¿De dónde nace la motivación de sus estudiantes para elegir el tema de la investigación?

R: La motivación era intrínseca a cualquier objeto de investigación literaria dada la curiosidad del grupo. Esto se hizo patente en el Archivo de Protocolos Notariales de La Palma cuando fuimos en busca del tema y este nos salió al encuentro. Una antigua profesora del CEIP Manuel Siurot, Pepa González, nos puso sobre la pista de un librito de apenas 150 páginas publicado en Almonte con motivo del centenario de la divulgación de las cartas que la gran olvidada escritora romántica española le había remitido a un terrateniente local, abuelo del Vizconde de La Palma. En ese momento, la motivación se multiplicó: por un lado, rescatar a una figura poco estudiada del Romanticismo español que ofrecía mil y un atractivos -primera mujer en ser rechazada por la RAE, primera autora en publicar una novela abolicionista, primera dramaturga romántica española, primera directora de un periódico en España-; por otro lado, continuar el trabajo de la profesora Cristina Ramos Cobano sobre los Cepeda en el Condado onubense, que tanta influencia habían llegado a tener en el tránsito del Antiguo al Nuevo Régimen en la Baja Andalucía Occidental.

P: ¿Cuál cree que ha sido el mayor aprendizaje para sus alumnos y alumnas durante el desarrollo del trabajo de investigación?

R: Tal vez el autodescubrimiento, es decir, aprender diferentes técnicas de investigación -la paleografía, la genealogía, el lenguaje jurídico o el amatorio y el análisis de obras pictóricas, escultóricas o arquitectónicas- ha sido la vía iniciática para llegar a ellos mismos, para descubrir lo que quieren estudiar, a lo que se quieren dedicar profesionalmente. Es curioso que una de ellas se haya perfeccionado en el arte de escribir creativamente; otras se han reafirmado en su vocación de traductora o docente; y otro, en la investigación de las raíces culturales de nuestra localidad.

P: Se sentirá orgullosa de sus estudiantes, pero no sólo por el premio concedido.

R: Más que orgullosa, me siento agradecida. He tenido la oportunidad de conocer, aprender y disfrutar de un grupo de alumnos que, en estos tiempos de trinchera que en muchas ocasiones vivimos –como muy bien expresó la decana de Humanidades-, te ofrezca un espacio no solo para sobrevivir, sino para vivir sobre todo; para seguir creciendo académicamente, para hacer de la enseñanza postobligatoria un puente real con la universidad, para no cejar en el empeño de formar individuos críticos, autónomos y educados en la igualdad y en los valores del Humanismo permanente que es la educación integral. El premio ha sido el colofón del reconocimiento externo a un trabajo que ya constituyó un premio en sí mismo para nosotros: tener la oportunidad de disfrutar cada clase, cada hito investigado, cada viaje realizado, cada testimonio encontrado.

P: ¿Cree que los estudios de Humanidades están suficientemente valorados en las etapas educativas de ESO, Bachillerato y ciclos formativos de Grado Medio o Superior?

R: Como docente, en mis veinte años de profesión, he asistido a un ciclo natural muy corto de una serie de leyes educativas -LODE, LOGSE, LOE, LOMCE- que, si algo han tenido en común, ha sido su rápida sustitución por otra y su progresivo arrinconamiento de las Humanidades. Hemos perdido horas de la asignatura troncal fundamental Lengua Castellana y Literatura, pasando de cuatro horas con la LODE a tres con la LOGSE, no solo en Bachillerato sino también en 4º de ESO. Con el nuevo bachillerato LOMCE, se ha reducido la Historia de la Filosofía de tres a dos horas. Además, con la circunstancia añadida de que los recortes educativos no permiten ofertar todas las asignaturas de modalidad del itinerario de Humanidades que hay sobre el papel, como por ejemplo Patrimonio Cultural y Artístico de Andalucía. Y sin hablar de los Grados Medios y Superior, donde hace años que se suprimió el estudio de la Lengua Castellana y solo queda Inglés.

P: Las salidas profesionales parecen ser el estigma de los estudios universitarios en Humanidades. ¿Qué mensaje haría llegar a los estudiantes que se plantean cursar un Grado diferente por este motivo?

R: Mi consejo siempre ha sido el de no dejar que las salidas profesionales determinen los estudios universitarios, sino las aptitudes y las actitudes personales. La primera razón es porque las salidas profesionales cambian. Yo suelo ponerme de ejemplo para ilustrarlo: cuando elegí estudiar Filología Española en Barcelona en 1987, la opción mayoritaria era cursar Filología Catalana pues la implantación de la Lengua y la Literatura Catalanas en el currículum obligatorio aumentó la demanda de profesorado de esta especialidad. Sin embargo, el destino me llevó a La Palma del Condado y, con mi especialidad, pude optar a presentarme como profesora de Enseñanza Secundaria en Lengua Castellana y Literatura gracias a que escogí lo que más me gustaba y no lo que más se llevaba. La segunda razón es que en el trabajo vamos a pasar tantas horas como en casa, así que es mejor hacer de él nuestro segundo hogar que un continuo esperar que se acabe.

P: “Seguiremos luchando por un mundo más humano”, concluyó su alumnado en su intervención durante el acto de entrega del premio. ¿Qué verdad encierra para estos estudiantes esta afirmación?

R: Ellos están firmemente convencidos de que desde sus parcelas de saber -Humanidades y Traducción e Interpretación, Filología Clásica, Educación, Estudios Ingleses y Filología Española- se puede mejorar el mundo de los otros. Las grandes lecciones morales de los clásicos, la corrección y la riqueza idiomáticas, la afición y el placer lectores, las historias de la Historia, el estudio del Latín y del Griego, de la lengua materna y de las modernas, de la Historia o de la Filosofía enseñan a mirar el mundo  más  allá del ojo mohoso de la cerradura. Somos el penúltimo eslabón de una cadena que tiene diez mil años de historia, hija de la cultura mediterránea nacida en Oriente: romana, islámica y cristiana. Y que un día lo asumió todo para mirar a las estrellas y navegar en busca del  heliocentrismo, dejar a Dios en el altar y poner al hombre en el centro de la fiesta de las Ideas y de las Luces, y de las revoluciones y de las esperanzas. El estudio de las Humanidades nos recuerda que somos mitad lenguaje, mitad algoritmo. Porque según Wittgenstein, “los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro conocimiento” y porque los Principia Matemática de Newton fueron escritos en latín.