Entrevistas

Luis Mochón: “El Aikido tiene un profundo compromiso con la paz”

Luis Mochón Corredor
Luis Mochón | Foto: Fabio Branno

El Aikido es una disciplina que se distingue de otras artes marciales porque fue concebida por su creador, Morihei Ueshiba (Japón, 1883-1969), como un camino hacia la paz. En la práctica del Aikido no existen las competiciones, no se persigue derrotar a un oponente, sino que se pone el foco en el autocontrol; las personas que practican Aikido inician un camino de mejora interior en una búsqueda de armonía. Viéndolos entrenar, los aikidokas parecen más artistas marciales que deportistas. Luis Mochón Corredor, 6º Dan de Aikido por el Aikikai de Tokio –Fundación encargada de su desarrollo y difusión–, impartirá en la Universidad Pablo de Olavide un seminario los próximos días 29 y 30 de abril. Referente del Aikido en España, imparte cursos y seminarios en varios países, hablamos con él aprovechando su paso por el campus de la UPO.

¿Es el Aikido apto para todo el mundo?
En principio sí. Es con el paso de las primeras semanas o meses de práctica, cuando el practicante se irá encontrando aquellas dificultades físicas y, sobre todo, mentales y de carácter, que pueden entorpecer su aprendizaje. Y la medida de la aceptación de estas limitaciones, y la voluntad de continuar con la práctica, confiando plenamente en la disciplina y los consejos de su sensei, es lo que decidirá su continuidad en el Aikido.

¿Existen diferentes corrientes dentro del Aikido?
Hay diferentes escuelas de alumnos de Morihei Ueshiba (fundador del Aikido), que crearon ‘ramas’ separadas de la organización creada por la familia Ueshiba, es decir, el Aikikai. Y esta separación no es sólo a nivel organizativo, sino que incluso la forma tiene bastantes diferencias. Un ejemplo sería el Aikido Tomiki.

Dentro de la práctica Aikikai, a la que yo pertenezco, a su vez pueden verse diferentes formas de interpretar la práctica en función de los Shihan, pero diría que son diferentes formas de ‘sentir’ la práctica del Aikido o de enfocarla, enfatizando unos conceptos más que otros, pero existiendo una unidad evidente en la forma técnica, con variaciones insignificantes realmente.

El hecho de que no haya competiciones ¿no es un impedimento para que llegue a un público mayor frente a otras artes marciales?
Tengo la sensación que el no tener competición, además de ser un requisito esencial de nuestra práctica, ya que O Sensei expresó claramente que el Aikido no puede tener competición, es además un filtro que hace que determinadas sensibilidades, más afines con las ideas del Aikido, sean las que se acerquen a nuestra disciplina. La propia idea de ganar o perder está fuera de los planteamientos del Aikido de Ueshiba. En la práctica diaria vamos intercambiando los roles de atacante-defensor y ninguno tiene nunca la sensación de perder o ganar, sino de ayudar a crecer al compañero en el proceso de adquirir capacidades y pulir las ya existentes, a través del encuentro marcial. En lo personal, la verdad es que nunca he pensado en llegar a mucha gente, sino más bien en llegar a las personas que tengo que llegar.

El Aikido se caracteriza por ser un arte marcial que cultiva mucho la espiritualidad ¿cuál es el camino que sigue para sacar la mejor versión de uno mismo?
La práctica diaria. Una práctica constante y consciente de las técnicas y movimientos del Aikido, y, en mi caso concreto, siguiendo la dirección de mi sensei, Endo Seishiro.

Las personas que practican Aikido transmiten gran pasión por esta disciplina ¿a qué cree que se debe?
Como cualquier actividad, si alguien la practica poniendo el corazón y su corazón es apasionado, habrá pasión. En mi caso concreto, soy una persona que vive apasionadamente este camino, y por lo tanto me rodeo de personas con una búsqueda también apasionada.

«Ganar o perder está fuera de los planteamientos del Aikido. En su práctica vamos intercambiando los roles de atacante-defensor y ninguno tiene nunca la sensación de perder o ganar, sino de ayudar a crecer al compañero»

“El eco sostenido de lo que somos ampliará los límites de nuestro pequeño yo […], el eco de nuestro verdadero ser (…) puede despertarse y poner al pequeño yo a hacer lo que tiene que hacer”, son palabras suyas que recuerdan al budismo y la filosofía oriental –que nos advierte de que no debemos ser esclavos de nuestro yo– pero ¿qué debería hacer este ‘pequeño yo’ según un aikidoka?
Si continúa la cita que ha hecho a mi entrada en el blog, tiene realmente la respuesta. No sé lo que le contestará o pensará otro aikidoka, pero en mi caso, el ‘pequeño yo’ debe actuar recordando que no tiene una realidad propia, densa, desconectada de todo lo que le rodea. Debe de entender que es un proceso cambiante que surge del y en el verdadero YO, y que en ese verdadero YO todo es uno, todo el universo se manifiesta ahí, todo está conectado. Recordando las palabras del fundador del Aikido: “Yo soy el universo. Mi universo es grande y el vuestro es pequeño”. Creo que esa comprensión es el camino, y no sólo del aikidoka.

El Aikido no es una religión, pero O sensei lo definía claramente como una práctica espiritual, y como tal, es normal que principios o ideas espirituales presentes en las diferentes culturas o religiones sean rastreables también en conceptos presentes en el Aikido. Incluso O sensei llegó a decir que el Aikido completaba las religiones, era una persona con una fuerte búsqueda espiritual, incluso diría que era una persona ‘religiosa’, dentro de su contexto cultural, siguiendo las tradiciones y creencias shintoistas. También es importante resaltar la relación entre O Sensei y Masahisa Goi, fundador del Movimiento por la paz en el mundo (Byakko shinko kai). Lo que desde luego es el Aikido es un Budo con un profundo compromiso con la paz.

Huir de la competencia y la agresividad, lograr el equilibrio, la conexión con el interior y la armonía personal, parece que el Aikido va en contra de la sociedad en la que vivimos ¿Cómo se consiguen estas metas a través de su práctica?
Me gusta decir a mis amigos y amigas más cercanas que “somos la resistencia”. Pero no creo que sea el Aikido en sí; es una forma de sentir-se y sentir al mundo, como decía anteriormente. A mí me gusta pensar que mi entorno de personas, y por supuesto éste es un entorno principalmente de aikidokas, es una activa “resistencia” a una sociedad deshumanizada.

Su dojo, el Dojo Musubi de Granada, cumple 20 años en 2022; volviendo la vista atrás ¿cómo diría que ha evolucionado la práctica del Aikido en España?
Las medidas tomadas por la pandemia han hecho mucho daño a muchos dojos de Aikido. Sé que han desaparecido bastantes, otros se están reinventando y otros renaciendo. Antes de la pandemia el Aikido nacional crecía en practicantes a muy buen ritmo. Pero el Covid-19 ha sido un ataque directo a nuestra forma de practicar; una práctica que se basa en estar cerca, el contacto, la conexión…Pero creo que el aikidoka español, con todas las diferentes sensibilidades que hay, es en general una persona comprometida, y con mucha voluntad y corazón, y eso es lo necesario para salir adelante. El Aikido español tiene mucho corazón y saldrá, seguro, fortalecido de estos momentos difíciles.

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