Con ciencia de mujer

Cynthia Kenyon, descifrando las causas del envejecimiento

Manuel J. Muñoz
‘Con ciencia de mujer’: investigadores de la UPO nos hablan de sus científicas de referencia


Cynthia Kenyon,  Foto: Bengt Oberger
Cynthia Kenyon | Foto: Bengt Oberger

Todos estamos condenados a envejecer y aunque parece un destino bastante triste, la alternativa que se nos ofrece, al menos hasta ahora, es mucho peor. El conjunto de genes que posee cualquier ser vivo contiene las instrucciones para su construcción y correcto funcionamiento, moldeado por las circunstancias ambientales a las que ese individuo se vea sometido. En la historia de la genética, muchos investigadores se han dedicado y todavía se dedican a entender qué hace cada uno de esos genes para que se genere un individuo sano y perfectamente funcional, y cómo, cuando están estropeadas esas instrucciones, se desarrollan enfermedades genéticas. Pero, hasta que no se publicaron los primeros trabajos de Cynthia Kenyon sobre genes que regulan el envejecimiento, en el año 1993, nadie se había preocupado en estudiar los genes que deciden cuánto tiempo tenemos que estar sanos y funcionales. De hecho, nadie se había planteado siquiera que esos genes pudieran existir.  Un tema de candente actualidad y enorme repercusión, en unas poblaciones cada vez más envejecidas.

En su periodo de formación, Cynthia Kenyon trabajó en Cambridge, Inglaterra, como discípula del investigador Sydney Brenner, el cual recibió el Premio Nobel en el año 2002 por sus trabajos con un pequeño gusano denominado Caenorhabiditis elegans.  Este mismo gusano fue el que se llevó a su laboratorio de California cuando se independizó como investigadora y se dispuso a trabajar sobre los genes que podrían decidir sobre el momento de envejecimiento.

La incertidumbre de este trabajo residía en que si bien todos los investigadores asumían que los genes están diseñados para construir un ser vivo, no existía ninguna evidencia que indicara que existieran genes diseñados por la evolución para decidir sobre cuándo se debe destruir un ser vivo. Ella se atrevió a buscarlos, no sin dificultades. Ser pionera en algo siempre es difícil y uno de los principales problemas que se afrontan es conseguir la fuerza suficiente para seguir en el camino aunque nadie confíe que ése es el camino correcto. Es curioso, pero el primer artículo que publica lo lleva a cabo con estudiantes pregraduados porque nadie quiere trabajar en ese tema. De hecho, Cynthia Kenyon afirma en alguna entrevista que todos se fueron del laboratorio y fue ella la que terminó haciendo casi todos los experimentos.

Ese artículo, donde describe la existencia de genes que regulan el tiempo de vida, abrió de pronto un nuevo campo de investigación. A partir de ahí, a muchos nos pareció apasionante descubrir que, al igual que el número de dedos que debemos tener en una mano, el tiempo de nuestra vida está determinado por genes (con el permiso de las circunstancias ambientales).

Cynthia Kenyon tiene más de cien artículos científicos publicados, donde nos sigue explicando cómo los genes influyen en el tiempo de vida. Ha podido identificar distintos mecanismos que afectan la longevidad como son regulaciones hormonales o señales que provienen de las gónadas y ha generado una escuela enorme de investigadores que trabajan sobre este tema. Muchos de los resultados han podido ser replicados no sólo en gusanos, sino también en otros organismos incluyendo mamíferos como el ratón, que son bastantes similares a nosotros. Lo que nos hace pensar que los descubrimientos que está realizando en este organismo deben tener repercusiones también en humanos. Esto ha hecho que sean muchos los investigadores que opinen que eventualmente será candidata a Premio Nobel.

Actualmente, además de trabajar en la Universidad de California, San Francisco, es vicepresidenta de la empresa fundada por Google, Cálicio, cuyo principal objetivo es tener un envejecimiento saludable, mientras continúa investigando en los mecanismos que regulan la longevidad.

Cynthia ha tenido una carrera espectacular que ha servido de inspiración a numerosos científicos, con hitos que parecen soñados. Ahora desde la empresa Cálico, seguro que nos vuelve a sorprender con su ingenio.

Manuel J. Muñoz
Área de Genética. Departamento de Biología Molecular e Ingeniería Bioquímica / CABD
Universidad Pablo de Olavide. Sevilla

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