Con ciencia de mujer

Julia Kristeva y el lado oculto de las palabras

Guiomar Topf Monge
‘Con ciencia de mujer’: investigadores de la UPO nos hablan de sus científicas de referencia


Julia Kristeva
Julia Kristeva

Durante mi licenciatura en la Universidad de Granada, me preguntaba cuándo aparecería en la nómina de ilustres filólogos algún nombre de mujer. Desde el Positivismo hasta el Formalismo y el Estructuralismo, todas las teorías que contemplaba el plan de estudios habían sido concebidas por hombres. Hasta que, por fin, llegamos al 68 y al nacimiento del Postestructuralismo, cuya madre fundadora, entre otros padres fundadores, fue Julia Kristeva.

Nacida en Bulgaria en 1941, Kristeva emigró a París con 24 años, cuando todavía existía el telón de acero. Junto a Barthes, Lévi-Strauss, Benveniste, Foucault y Lacan, el nombre de Kristeva está íntimamente ligado al de la revista Tel Quel, el órgano de debate y difusión del pensamiento postestructuralista y deconstructivista. Publicaba asiduamente artículos que luego se han editado en manuales, y entre 1970 y 1983 llegó a formar parte del comité editorial de Tel Quel. Al mismo tiempo, desarrolló su labor docente como profesora de Lingüística en universidades francesas y estadounidenses, convirtiéndose en una prestigiosa académica con numerosos premios y nombramientos como doctora honoris causa.

Su labor como traductora ha sido determinante, pues gracias a sus traducciones de Bajtín se divulgaron en Occidente los conceptos bajtianos de la polifonía en la novela y de la comunicación entre los textos (a partir de la cual, Kristeva definió la noción de intertextualidad). Kristeva hizo de puente entre el Círculo de Praga y el Formalismo ruso, por un lado, y el Estructuralismo francés y la lingüística generativa de Chomsky, por otro. Su manual de introducción a la Lingüística ‘El lenguaje, ese desconocido’ recoge esa amplitud de miras y hace un recorrido histórico y metodológico tan conciso que sigue siendo un referente en las universidades de todo el mundo.

Desarrolló una rama científica para la que creó el término semanálisis: una semiótica basada en la lingüística estructuralista y en el psicoanálisis. Se trata de una ciencia crítica y, al mismo tiempo, una crítica de la ciencia porque sirve para analizar cualquier texto y cualquier práctica significante desde la perspectiva semiológica. A continuación, aplicó esta teoría semiótica a los textos literarios y en La revolution du langage poétique (1974) elaboró un análisis exhaustivo de las vanguardias literarias desde el siglo XIX. Su tesis de que tanto el lenguaje como el hablante son sujetos en proceso convierte la praxis de la literatura en una forma privilegiada para extender los límites de lo significable.

Tengo que reconocer que, al principio, sus libros me parecían fascinantes pero tan crípticos que no entendía ni la diferencia entre genotexto y fenotexto, ni la heterogeneidad de la significancia. No obstante, me intrigaba cómo Kristeva había desafiado a la tradición psicoanalítica, desde Freud a Lacan, criticando su visión de la mujer como hombre castrado. Quería comprender su modelo teórico de lo semiótico y lo simbólico, con el que conseguía nombrar lo femenino, a pesar de estar excluido del orden simbólico que estructura el lenguaje.

Fue una profesora de Máster en la Universidad de Brasilia quien me explicó que, para Kristeva, el concepto clave es la experiencia. Puso el ejemplo de una mujer que, al perder a su hijo, se derrumba, cae al suelo y grita de dolor, sin tener conciencia de lo que está haciendo. Dijo que esa experiencia límite constituía un momento pre-simbólico. No se puede reducir a un dato empírico porque no forma parte del sistema organizado simbólicamente a priori. Pero se puede imaginar a través del lenguaje poético cuando le da la vuelta a las palabras y nos muestra su lado oculto.

Para mí, esta relación semiótica entre lenguaje y literatura significó un redescubrimiento de los métodos filológicos porque me hizo centrarme en las estructuras profundas del texto. Me di cuenta de que los actos de habla performativos o realizativos son mucho más interesantes que los constatativos, pues no se dividen en verdaderos o falsos, sino que crean la acción a la que se refieren. Analizar los textos literarios como actos de habla y los recursos retóricos como enunciados performativos, como hace Kristeva, ha sido muy fructífero y me ha permitido abordar diversas líneas de investigación.

Utilicé el concepto de intertextualidad acuñado por Kristeva para un estudio diacrónico de la literatura regionalista brasileña e investigué una tradición oral afrobrasileña desde la perspectiva simbólica y semiótica. Durante mi estancia en la Universidad de Constanza estudié el lenguaje metonímico como recurso de una estética específicamente femenina en la narrativa de la escritora austríaca Ingeborg Bachmann. Ahora estoy trabajando en un análisis traductológico de las marcas de género en el par de lenguas alemán-español.

Aunque actualmente el feminismo interseccional de la tercera ola haya superado el esencialismo inherente a la idea kristeveana de lo femenino, no debemos olvidar que fue Kristeva quien nos enseñó a asumir que el lenguaje no representa la realidad sino que la crea. De hecho, sigue siendo una intelectual activa y polifacética que nos sorprende con aportaciones críticas sobre la semiótica del espectáculo de Trump y sobre los principios filosóficos que sustentan la idea de Europa.

 

Guiomar Topf Monge, Área de Filología Alemana
Departamento de Filología y Traducción, Universidad  Pablo de Olavide. Sevilla

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