Con ciencia de mujer

Lo que no se visibiliza es invisible: la doble hélice y Rosalind Franklin

Menta Ballesteros Martín
‘Con ciencia de mujer’: investigadores de la UPO nos hablan de sus científicas de referencia


Rosalind Frankin | Foto: NLM/Science Source / Photo Researchers / Universal Images Group
Rosalind Frankin | Foto: NLM/Science Source / Photo Researchers / Universal Images Group

Recuerdo a mis padres compartiendo las tareas del hogar en una época en la que las mujeres, especialmente las universitarias, recogían algunos éxitos que habían luchado sus predecesoras. Sin embargo, no recuerdo ni un solo día en el que en los colegios, institutos ni en la universidad donde estudié se hiciera mención a alguna mujer científica y yo nací en el año 1980. Es más, ya en mi tercer curso en la universidad, en el año 2000, leímos en la asignatura de Bioquímica el artículo de Nature ‘La doble hélice’ de Watson y Crick y no recuerdo que mi profesor nos hablase de Rosalind Franklin, su imprescindible labor y su invisibilidad en ese artículo. Después os contaré más sobre ella, pero ahora quisiera quedarme con esta palabra: invisibilidad.

Es invisible la mujer creadora en ciencia y en todos los campos donde el hombre ha sido visible, incluso desde la prehistoria. Invisible al no aparecer en los libros de texto cuando desde el simio primitivo parecido al mono (Dryopithecus) hasta el Homo sapiens las editoriales nos dibujaban la evolución humana en clave masculina. Invisible cuando estudiábamos Historia o Matemáticas en el colegio. Invisible cuando hablábamos de Filosofía o Literatura en el instituto e invisible en la universidad donde solo había tiempo para memorizar para el próximo examen. Solo algunos nombres sueltos, allí estaban, anecdóticas y el resto eran emperadores, matemáticos, filósofos, escritores… Ellas siempre estuvieron ahí. Fue la imposibilidad de ver la tribu como un águila con dos alas (mujer y hombre) que necesitan ser iguales para alzar alto el vuelo, como dijo un sabio jefe tribal, lo que relegó a media humanidad al anonimato. Y ese fue el referente para las mujeres de mi generación: otras antes no pudieron. Daba igual que sí hubieran podido, a mis ojos eran invisibles.

¿Y quién fue Rosalind Franklin? Otra de tantas mujeres científicas invisibles que sufrió discriminación por ser mujer en su ámbito de trabajo y cuyos datos experimentales fueron claves para dilucidar la estructura de la molécula de ADN. Ella era experta en una técnica muy potente (cristalografía de rayos X) para la determinación de la estructura de moléculas. Rosalind tomó la famosa ‘imagen 51’, una imagen de difracción de rayos X del ADN que emplearon Watson y Crick y que les valió el premio Nobel en 1962 junto a Wilkins y que nunca llegó a conocer pues falleció cuatro años antes. Se sabe que fue activa en organizaciones sindicales y en el movimiento del sufragio femenino, por lo que desde aquí agradezco su esfuerzo del que hoy puedo yo recoger mucho de lo sembrado. Recojo como mujer y recojo como científica, ya que el descubrimiento de la estructura del ADN abrió la puerta para entender muchos aspectos sobre su función y marcó el comienzo de una nueva era de miles de descubrimientos en la Biología molecular que formaron los cimientos de una gran parte de la investigación de vanguardia actual y que no podría detallar en este breve artículo.

¿Y cómo supe de Rosalind tan tarde si fue tan importante? Pues comencé a leer sobre divulgación científica porque un amigo me regaló ‘La cuchara menguante’. En la universidad parecía que leer sobre cualquier otra cosa que no fueran los apuntes era una pérdida de tiempo. Así que os animo a que disfrutéis del placer de leer sobre ciencia y a que divulguéis sobre las mujeres que sumaron a ésta. Así podremos visibilizarlas. Así nuestras hijas podrán porque sabrán que ellas pudieron. Porque como decía la propia Rosalind Franklin: «La ciencia y la vida cotidiana no pueden y no deben ser separadas».

 

Menta Ballesteros Martín es científica del Área de Ingeniería Química.
Departamento de Biología Molecular e Ingeniería Bioquímica. Universidad  Pablo de Olavide

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