La traducción automática ha democratizado el acceso al conocimiento y ha facilitado la comunicación entre personas de distintas lenguas y culturas, pero su desarrollo plantea nuevos desafíos relacionados con la calidad de los textos, la preservación de los matices culturales y el papel de los profesionales del lenguaje. Así lo sostiene Gustavo Filsinger, profesor de la Universidad Pablo de Olavide y director del taller ‘Traducción automática y posedición: recursos para la coherencia y precisión textual’, que se celebra hoy en modalidad online dentro de la 24 edición de los Cursos de Verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona. En este taller también participan como docentes Paula Garda y Laura Perassi, profesoras invitadas de la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
Según explica el especialista, los sistemas de traducción automática han ampliado de forma notable las posibilidades de acceso a información internacional. “Un usuario puede leer periódicos de distintos países, seguir debates globales o consumir productos culturales en múltiples idiomas casi instantáneamente”, señala. Esta accesibilidad favorece una participación más activa en espacios internacionales y contribuye a la circulación global del conocimiento.
No obstante, Filsinger advierte de que estas herramientas deben utilizarse de forma crítica. Aunque facilitan el acceso a avances científicos, académicos y tecnológicos, especialmente para quienes no dominan las lenguas más empleadas en la comunicación internacional, la calidad de los resultados depende del idioma y del ámbito temático abordado. “Si accedemos a traducciones de idiomas o materias que desconocemos completamente, difícilmente podremos evaluar la calidad de lo que produce la inteligencia artificial”, apunta.
El director del taller considera que la creciente automatización del lenguaje puede generar procesos de homogeneización de la expresión. «El efecto de automatizar el lenguaje trae consigo una neutralización y un empobrecimiento de la expresión», sostiene. A su juicio, el idioma constituye una forma de interpretar el mundo y la generalización de modelos estadísticos de lenguaje puede contribuir a neutralizar parte de la riqueza expresiva y cultural que caracteriza a las distintas comunidades lingüísticas.
En relación con la proliferación de contenidos generados automáticamente en internet, Filsinger subraya que la rapidez no siempre garantiza profundidad ni precisión. “Si queremos profundidad y certezas, además de corrección, necesitamos acudir a los traductores humanos”, afirma. En este sentido, recuerda que la labor profesional no se limita a corregir errores gramaticales, sino que implica comprender el contexto, la intención comunicativa y los elementos culturales presentes en cada texto.
Textos creativos, literarios o publicitarios
Especialmente compleja resulta la traducción de textos creativos, literarios o publicitarios. Para el experto, la inteligencia artificial presenta importantes limitaciones cuando se enfrenta a juegos de palabras, dobles sentidos o recursos estilísticos innovadores. “La genialidad literaria o el ingenio publicitario consisten precisamente en romper las expectativas lingüísticas, mientras que la IA funciona prediciendo las opciones más probables”, explica el profesor de la UPO. Por ello, considera que este tipo de contenidos sigue siendo uno de los ámbitos menos adecuados para una traducción completamente automatizada.
La necesidad de supervisión humana se vuelve aún más relevante en contextos donde la precisión del lenguaje resulta crítica, como ocurre en la diplomacia internacional o en la traducción de tratados y acuerdos multilaterales. Filsinger defiende que la inteligencia artificial debe actuar únicamente como herramienta de apoyo para la elaboración de borradores preliminares, siempre sometidos a procesos de revisión especializada. Asimismo, destaca la importancia de aspectos como la gobernanza de los datos, la trazabilidad de los textos y los mecanismos de control del riesgo.
Lejos de anunciar la desaparición de los traductores, el avance de estas tecnologías está redefiniendo su papel. “Lo que está ocurriendo no es la desaparición del profesional, sino una redefinición radical de su valor”, sostiene. En su opinión, el traductor deja de ser un mero ejecutor textual para convertirse en un estratega cultural, jurídico y tecnológico capaz de gestionar los riesgos asociados a la comunicación multilingüe.
De hecho, Filsinger considera que la transformación ya es una realidad. “Hoy, el profesional de la lengua es un ingeniero de la comunicación intercultural y un gestor de riesgos lingüísticos”, afirma, destacando que las competencias relacionadas con la posedición, la supervisión de sistemas automáticos y la evaluación crítica de contenidos serán cada vez más relevantes en el mercado laboral.
El taller ‘Traducción automática y posedición: recursos para la coherencia y precisión textual’ reúne a especialistas de distintos ámbitos para abordar algunos de los principales retos sociales, científicos y tecnológicos de la actualidad, como el uso de herramientas de traducción automática y técnicas de posedición orientadas a mejorar la coherencia, la precisión y la calidad de los textos traducidos.
Fuente: Fundación Universidad Pablo de Olavide

