
Cada vez resulta más frecuente escuchar hablar de relaciones tóxicas, dependencia emocional, miedo al abandono o dificultad para poner límites. Detrás de muchas de estas situaciones existe un elemento común del que hasta hace pocos años apenas se hablaba fuera del ámbito de la psicología: el estilo de apego con el que las personas aprenden a relacionarse desde la infancia. Sobre esta realidad gira el curso ‘Herramientas para pasar de un apego ansioso a un apego seguro y sano en tus relaciones’, que se celebra hoy dentro de la 24ª edición de los Cursos de Verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona, dirigido por la psicóloga Lourdes Moya Sánchez, orientadora profesional, técnica de empleo y emprendimiento de la Fundación Universidad Pablo de Olavide.
Según explica la directora del curso, muchas personas viven sus relaciones desde un estado permanente de alerta. La necesidad constante de aprobación, el miedo a ser rechazadas, la hipervigilancia ante cualquier cambio en la conducta de la otra persona o la dificultad para tolerar la incertidumbre son algunas de las manifestaciones más habituales del denominado apego ansioso. “El apego ansioso hace que la persona interprete muchas situaciones desde el miedo al abandono, reaccionando con ansiedad allí donde quizá no exista una amenaza real”, señala.
Para Moya, uno de los principales problemas es que muchas de estas dinámicas se han normalizado culturalmente y llegan incluso a confundirse con muestras de amor. “Confundimos intensidad con afecto, dependencia con compromiso o control con interés”, explica. A su juicio, identificar estas creencias constituye el primer paso para establecer vínculos más equilibrados tanto en la pareja como en las relaciones familiares, de amistad o incluso en el ámbito laboral.
La psicóloga recuerda que el apego no determina únicamente la forma de relacionarnos con los demás, sino también la relación que mantenemos con nosotros mismos. La autoestima, la capacidad para gestionar la incertidumbre, la manera de afrontar los conflictos o el diálogo interno que cada persona mantiene consigo misma están profundamente condicionados por esos patrones emocionales adquiridos a lo largo de la vida.
Del miedo a la seguridad emocional
El curso parte precisamente de una idea que la especialista considera especialmente esperanzadora: el apego seguro puede aprenderse. Aunque nuestras primeras experiencias dejan una huella importante, el cerebro conserva capacidad para incorporar nuevas formas de pensar, sentir y relacionarse.
Para ello resulta necesario reconocer primero los propios patrones de comportamiento, identificar las creencias limitantes que alimentan la ansiedad y comprender cómo responde el cuerpo cuando percibe una amenaza emocional. “Muchas personas viven con el sistema de alarma continuamente activado sin ser conscientes de ello”, explica.
A partir de ese conocimiento, el curso propone diferentes herramientas para favorecer la regulación emocional y sustituir respuestas automáticas por otras más conscientes. El programa combina contenidos teóricos con ejercicios prácticos de consciencia corporal, autocompasión y autorregulación del sistema nervioso, además de estrategias para transformar el diálogo interno y reducir los pensamientos repetitivos que alimentan la inseguridad.
Entre las competencias que se trabajan figuran también la capacidad para poner límites, comunicar necesidades de forma asertiva, diferenciar autoestima y amor propio o aprender a responder desde la calma en lugar de reaccionar impulsivamente desde el miedo. “No se trata únicamente de mejorar una relación concreta, sino de aprender a no abandonarse a uno mismo”, resume Moya.
La directora del curso considera, además, que el creciente interés social por la salud mental ha favorecido que conceptos como apego, regulación emocional o dependencia afectiva hayan dejado de ser exclusivos de la consulta psicológica para incorporarse al debate público. Sin embargo, advierte de que todavía existen numerosos mitos.
En su opinión, las relaciones saludables no son aquellas en las que nunca aparecen conflictos o emociones difíciles, sino las que permiten expresar necesidades, respetar los límites propios y ajenos y afrontar las diferencias desde la confianza. “La seguridad emocional no consiste en no sentir miedo, sino en que ese miedo deje de dirigir nuestras decisiones”, sostiene.
Autoconocimiento
Por ello, el curso dedica también una parte importante a fortalecer los recursos internos de cada persona. Frente a la búsqueda constante de validación externa, Lourdes Moya propone desarrollar una autoestima basada en el autoconocimiento, el reconocimiento de las propias fortalezas y la capacidad para afrontar la soledad o la incertidumbre sin que ello suponga una amenaza constante.
Las sesiones incluyen además ejercicios prácticos orientados a reducir la ansiedad, reconstruir patrones relacionales poco saludables y fomentar una mentalidad más segura y flexible, con el objetivo de que los participantes puedan trasladar estos aprendizajes a su vida cotidiana.
Lejos de ofrecer soluciones rápidas o fórmulas universales, la directora del curso insiste en que construir relaciones sanas requiere un proceso de aprendizaje continuo. “Construir un apego seguro no consiste en encontrar a la persona adecuada, sino en desarrollar herramientas que permitan relacionarse desde la calma, el respeto y la confianza”, concluye.
Fuente: Fundación Universidad Pablo de Olavide

