María José Parejo y David Cobos, especialistas en inclusión de los departamentos de Trabajo Social y Derecho público de la Universidad Pablo de Olavide, han dirigido un informe que pone el foco en cómo lograr la participación cultural plena de las personas con discapacidad, no solo como público, sino también como creadoras, programadoras y decisoras. El trabajo, impulsado junto a Fundación ONCE, advierte de que el principal obstáculo no es ya la falta de normativa, sino las inercias institucionales y los enfoques que siguen tratando la accesibilidad como un añadido y no como un principio de partida. Es necesario un cambio de paradigma en la gestión y promoción cultural: ‘la diversidad de capacidades debe contemplarse como parte normal y transversal de la diversidad humana’.
El informe, titulado Promoción y Desarrollo de una Cultura Inclusiva en las universidades españolas: la participación activa de las personas con discapacidad en la Cultura universitaria, combina una revisión sistemática de literatura científica reciente (2020–2024) con el análisis de cuatro grupos de discusión en los que participaron 24 personas expertas de perfiles diversos (gestión cultural, responsables institucionales, especialistas en inclusión y artistas con discapacidad, entre otros).

Parejo y Cobos organizan su diagnóstico en cuatro ejes —barreras, accesibilidad, marcos culturales capacitistas frente a cultura crip y visibilización— para concluir que el verdadero desafío no es únicamente normativo, sino que requiere un cambio institucional de calado: pasar de la inclusión como un ‘apoyo correctivo’ que se realiza a posteriori, a una inclusión radical, que normaliza, donde la diferencia se integre de forma plena también en la política, la producción y el consumo cultural dentro de la universidad.
El capacitismo, obstáculo invisible
En cuanto a las barreras, el informe subraya que los obstáculos no son solo físicos, sino también sociales, simbólicos, actitudinales —motivados por percepciones negativas, por desconocimiento y capacitismo— y tecnológicos. En conjunto, estas barreras expresan resistencias institucionales profundas, que afectan tanto al acceso y disfrute de actividades culturales como a la posibilidad de crear cultura desde la propia universidad. Respecto a la digitalización, el estudio pone de manifiesto que las tecnologías pueden generar nuevas formas de exclusión: muchas plataformas virtuales culturales no contemplan parámetros básicos de accesibilidad, los contenidos protegidos dificultan su conversión a otros formatos y las tecnologías se diseñan bajo una óptica capacitista, al ‘ignorar la diversidad de formas de interacción posibles’.
El segundo eje, dedicado a la accesibilidad en la cultura, propone salir de la idea de accesibilidad como ‘entrada’ y llevarla a la participación real: poder participar, cocrear, consumir y resignificar prácticas culturales desde una perspectiva de justicia social y diversidad funcional. El informe hace hincapié en que la accesibilidad no puede reducirse a lo físico o a lo técnico: necesita mediación cultural y recursos humanos adaptados, como intérpretes de lengua de signos o perfiles especializados en lectura fácil, y requiere abordar barreras actitudinales que, aun sin ser visibles, condicionan la experiencia cultural.
El tercer pilar del estudio se adentra en el corazón del debate cultural: el contraste entre lógicas capacitistas y cultura crip. El informe pone de relieve que ambos marcos conducen a modos muy distintos de concebir la inclusión y advierte del riesgo de una inclusión institucional que se limite a tolerar la diferencia sin transformar las reglas del juego, cuestión que describe como la trampa del ‘acceso tolerado’. Frente a un modelo asistencial o médico-rehabilitador, que pone el foco en corregir o adaptar al individuo, la perspectiva crip plantea un cambio estructural: no busca encajar la discapacidad en los marcos existentes, sino cuestionar qué cuerpos, tiempos, estéticas y narrativas se consideran legítimos en la vida cultural universitaria.
El cuarto eje analiza la visibilización de la discapacidad en la cultura universitaria y propone mirar más allá de la presencia simbólica. El informe plantea que la visibilidad ‘es un campo de disputa: puede ser emancipadora o estigmatizante, puede reforzar el capacitismo o desbordarlo’. El propio análisis distingue entre una visibilidad político-institucional, que puede aportar legitimidad y recursos, y una dimensión epistémico-artística, orientada a cambiar narrativas y autorías. De ahí que el documento insista en que el objetivo no debe ser solo el acceso como público, sino que la verdadera inclusión en la creación cultural ‘transforma esos espacios según sus lenguajes, cuerpos y horizontes’. Una perspectiva que implica una crítica ‘a las formas hegemónicas de entender qué es cultura, quién la produce y cómo se distribuye’.
La universidad, campo en disputa
A partir de estos cuatro ejes, el informe llega a una conclusión que funciona como hilo conductor de toda la investigación: la universidad es un campo en disputa y la cultura inclusiva no puede tratarse como un checklist, sino como una ‘orientación ética, estética y política’. En sus conclusiones, plantea superar la inclusión como ‘buena práctica’ limitada por la lógica de imagen y cumplimiento, y convertirla en un laboratorio de pensamiento y creación colectiva, donde la accesibilidad ‘opera como práctica crítica que reconfigura estructuras a partir de cuerpos reales y tiempos diversos, y no al revés’.
Cobos Sanchiz y Parejo Guzmán identifican prácticas inspiradoras, pero advierten que suelen ser escasas y dependen de iniciativas individuales, sin una política transversal institucionalizada. En su informe, concluyen que la cultura inclusiva universitaria no se logra ‘añadiendo accesibilidad’ al final del proceso, sino rediseñando desde la programación y la misma producción cultural, para que la participación de las personas con discapacidad sea posible desde el inicio, con poder real de decisión y con recursos estables. Ese giro, no solo beneficia a estudiantes y comunidad universitaria con discapacidad, sino que amplía la cultura universitaria en su conjunto, al abrirla a otras formas de creación, experiencia y conocimiento. La accesibilidad no es pues el final del camino, es el principio de una cultura universitaria capaz de dejarse transformar.
Referencia:
María José, P. G., & David, C. S. (2026). Promoción y desarrollo de una cultura inclusiva en las universidades españolas: La participación activa de las personas con discapacidad en la Cultura universitaria. Dialnet. https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=1021760
