Cursos de Verano

“El silencio es una necesidad vital, pero no hemos aprendido a cultivarlo, sino a temerlo”

Guillermo M. Palanco Puga, docente del curso ‘Valores para un mundo con valor’, asegura que vivimos en una sociedad que programa a sus miembros

Guillermo Palanco
Guillermo Palanco

“El silencio es una necesidad vital pero, no hemos aprendido a cultivarlo, sino a temerlo. Y se asocia a la soledad, otro terrible monstruo contemporáneo, aunque no tienen por qué ir necesariamente unidos”. Son palabras del abogado y escritor Guillermo M. Palanco Puga, docente del seminario ‘Valores para un mundo con valor’, que se está celebrando dentro del programa de los cursos de verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona y que dirige Pilar Rodríguez Reina, profesora del Departamento de Filología y Traducción de la UPO.

En un contexto en el que ciertos valores, dotados de amplia trayectoria y significado históricos, van perdiendo paulatinamente pujanza en beneficio de otro tipo de actitudes, este curso centra su foco en reivindicarlos con objeto de reintegrarles su vigencia, demostrando su utilidad. Y precisamente, el silencio es uno de ellos, puesto que, en opinión del docente, es fundamental y debe ser enseñado: “Hay que educar en el silencio, porque vivimos, para nuestra desgracia, en una cultura del ruido. Y España es un país que alcanza cotas de ruido muy elevadas”.

Para adentrarse en el silencio, Guillermo cree fundamental buscar tiempo, para  que puedan surgir preguntas “que nunca nos hacemos, como ¿quiénes somos? ¿por qué estamos aquí? ¿cuál es nuestro propósito? ¿estamos haciendo lo que realmente queremos hacer?, lo que nos provoca una sensación de falta de paz. Si nos hiciéramos esas preguntas importantes y, además, nos diéramos el tiempo de contestarlas como es debido, tendríamos la posibilidad de escucharnos. Sin embargo, preferimos consumir todo tipo de elementos sensoriales, que contribuyen a ese ambiente de ruido, por un deseo compulsivo de huir de nosotros mismos”.

Disfrutar del tiempo de la vida es otra de las cosas que se reivindican en este seminario, en contraposición al tiempo productivo. Según explica el escritor, obviamos el placer que nos reportan las pequeñas cosas, como contemplar un paisaje, escuchar el trino de los pájaros o el rumor de las olas del mar… “porque vivimos en una sociedad que programa a sus miembros; no en vano, estamos rodeados de ordenadores y de tecnologías varias. De esta forma, nuestros deseos no se corresponden con lo que, en realidad queremos, sino con lo que, a nivel social, se supone que debemos hacer. Por ello, en nuestro fuero interno sabemos que una actividad considerada socialmente improductiva o desenfocada, suele ser reprobada. Así es como surge el sentimiento de culpabilidad que asociamos a esos actos simples, humanos, a pesar de que, en realidad, son los que nos hacen conectar con nosotros mismos y crear entornos propicios para la felicidad”.

Por otro lado, el escritor también ha animado a cultivar valores como la paciencia y la constancia para que podamos ser conscientes de que las cosas no surgen de la noche a la mañana, sino que necesitan su tiempo; a veces, mucho tiempo. “Si uno quiere convencerse, puede dedicarse a observar algunas maravillas que nos ofrece la Naturaleza, como seguir el incansable y laborioso decurso de las hormigas, o visitar cuevas donde, por una acción incesante del agua durante, a veces, siglos, se forman increíbles y maravillosas estalagmitas y estalactitas”.

Además, considera que la gratificación instantánea es una contradicción en los términos, puesto que la gratificación no puede ser instantánea, porque suele ser el producto —y, por eso, viene precedida— de un trabajo previo y prolongado. “Y lo instantáneo difícilmente puede ser gratificación, porque tiene que ver más con la suerte, el regalo o, en todo caso, con un simple accidente”, puntualiza. “Como ilustra el título del libro de Ryan Holiday, ‘The obstacle is the way’ -es decir, el obstáculo es el camino- o, dicho de otro modo, el camino nunca es llano y diáfano, sino que está lleno de dificultades que hay que estar continuamente sorteando. Y esto exige constancia y mucha paciencia”.

Por último, otro de los temas que ha abordado el docente es la relación con nosotros mismos. A este respecto, considera que debemos ser razonablemente exigentes con nosotros mismos, puesto que nuestro objetivo debe ser mejorar día a día, buscando continuamente la excelencia, “pero sin dejar de tratarnos, al mismo tiempo, con altas dosis de comprensión, si es que llegamos a fallar, lo que entraría dentro de lo normal. Pero, ante todas las cosas, también hemos de ser comprensivos con los demás. La compasión —que proviene de la comprensión— siempre ha reportado muchos más beneficios que el castigo”, concluye el escritor.

 

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