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Pedro Sánchez se aferra al liderazgo: ¿comienza un nuevo momento político en España?


José-Francisco Jiménez-Díaz, Universidad Pablo de Olavide

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, informaba en su carta a la ciudadanía, publicada el pasado miércoles 24 de abril en la red social X, que se tomaría un periodo de reflexión de cinco días. “Necesito parar y reflexionar”, decía literalmente.

Justificaba su reflexión del siguiente modo: “Los ataques que estamos recibiendo mi esposa y yo, y la necesidad de dar una respuesta sosegada”. En la carta del 24 de abril se decía igualmente que se había “traspasado la línea del respeto a la vida familiar de un presidente del Gobierno”.

Cinco días después, el 29 de abril, el presidente declaraba en los primeros párrafos de su discurso, pronunciado en el Palacio de La Moncloa, una frase que enlaza directamente con el respeto a su vida familiar, en un intento de humanización de su persona: “Por muy alto que sea, no hay honor que justifique el sufrimiento injusto de las personas que uno más quiere y respeta, y ver cómo se intenta destruir su dignidad sin el más mínimo fundamento”.

Ante la decisión del presidente cabe hacerse dos preguntas: ¿ha cumplido Sánchez con su papel de líder político? ¿Comienza hoy un nuevo momento político?
Declaración institucional de Pedro Sánchez en La Moncloa el 29 de abril de 2024.

Tanto en la carta como en el discurso presidencial cinco días después, Sánchez entrelaza lo personal con lo político. La persona que dirige el Gobierno no es distinta del político que es y que quiere seguir siendo.

Mientras en lo personal se impone límites muy claros (el sufrimiento de las personas, aunque no sea “lo más relevante”), en lo político reclama la posibilidad de continuar en el cargo, asumiendo la tarea de “trabajar sin descanso, con firmeza y con serenidad por la regeneración pendiente de nuestra democracia y por el avance y la consolidación de derechos y de libertades”.

En lo político el presidente asume la prioridad de regenerar la vida democrática. Aunque en su comparecencia el presidente no ha indicado qué medios adoptará para la regeneración. Esta es una tarea pendiente que se le recordará en las próximas semanas.

Reflexión sí, pero también responsabilidad

Desde el punto de vista constitucional, no existe la posibilidad de tomarse un periodo de reflexión de cinco días. Para el presidente, no existe tal posibilidad en la vigente Carta Magna.

Desde luego, la reflexión es conveniente, y más en política. Pero la reflexión también ha de ir acompañada de la responsabilidad del cargo de presidente del Gobierno. Quizá ahora se asiste a una mutación institucional que tendrá consecuencias políticas en el corto y medio plazo.

Desde la perspectiva política, se sale de la incertidumbre de los cinco días anteriores. Pedro Sánchez sigue y no dimite, en contra del pronóstico hecho en los pasados días por diversos medios de comunicación, comentaristas y políticos. La imprevisibilidad y la resistencia parecen los dos rasgos más destacados del actual presidente.

“Seguir”, “fuerza” y “decisión”, sus tres palabras

En la lucha política diaria tales rasgos permiten la durabilidad de los liderazgos, incluso contra todo pronóstico: “He decidido seguir, seguir con más fuerza si cabe al frente de la presidencia del Gobierno de España”. Justo después añadía el presidente: “Esta decisión no supone un punto y seguido. Es un punto y aparte”. Las tres palabras más relevantes de estas afirmaciones del presidente son un verbo, “seguir”, y dos sustantivos, “fuerza” y “decisión”. Parece imponerse la resistencia, a pesar de todo, en esta fase de la legislatura. Recuérdese el título de su libro, publicado en 2019: Manual de resistencia.

Desde el punto de vista del liderazgo, las tres palabras destacadas en el discurso presidencial enfatizan la imagen de líder “decidido” y “fuerte”. Pero en el presente contexto de la modernidad líquida, dominada por la comunicación instantánea en las redes sociales, esa “fuerza” puede tornarse en debilidades diarias. Estas surgen cuando la supuesta decisión del dirigente no se basa en convicciones políticas estables y acciones coherentes.

En múltiples ocasiones se ha visto cómo algunas declaraciones pasadas del presidente se contradecían con varias prácticas de este en la actual legislatura: véase al respecto las posiciones mantenidas sobre la amnistía antes del 23 de julio de 2023 y después de esta fecha.

Quizá lo más sorprendente del discurso presidencial es que el gobernante sigue, pero sin someterse a ninguna de las previsiones constitucionales: cuestión de confianza, dimisión o emplazamiento a una convocatoria de elecciones generales. Esta última opción era, de hecho, inviable en este momento debido al plazo de un año que marca la normativa desde la última disolución de las Cortes (29 de mayo de 2023). Pero a partir de finales de mayo de este año la convocatoria de elecciones generales será una posibilidad efectiva.

En el Partido Socialista y en Sumar se temía la inmediata dimisión del presidente. Ese temor se basaba en hechos ya conocidos. Sustituir los liderazgos partidistas, en el contexto del hiperliderazgo y presidencialización de la política española, no es fácil. Hacer coincidir el liderazgo del partido con el liderazgo de la candidatura a la presidencia del Gobierno tiene costes elevados. Se pueden confundir los discursos partidistas con los discursos gubernamentales.

Recordemos cómo las retiradas de Adolfo Suárez (el único presidente del Gobierno que ha dimitido de su cargo en España), Albert Rivera y Pablo Iglesias, en sus respectivos partidos, provocaron crisis políticas hasta el punto de la práctica desaparición o irrelevancia de sus partidos.

La renovación del liderazgo político en España tampoco fue fácil en el pasado: recuérdese cómo las retiradas de Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy no fueron tranquilas. Hubo mucha incertidumbre y críticas en sus respectivos relevos. Los liderazgos fuertes no han sabido sucederse en sus partidos.

Cinco días es más tiempo del que parece

Por ahora, Sánchez cumple con el papel de líder en su partido y en el Gobierno, pero no sabemos si también para el conjunto de la sociedad española. Esta ha estado sumida en la incertidumbre cinco días, y en política esto es mucho más tiempo del que parece. La lucha política es constante gestión del tiempo, sobre todo en momentos de crisis.

Se iniciará un nuevo periodo en la política española, si desde el Gobierno de España se intenta regenerar la vida política y las instituciones. El movimiento 15-M de 2011, ante la creciente desconfianza institucional, reclamó la regeneración. Para que esta sea efectiva hará falta el acuerdo con diversos partidos políticos, reducir la polarización y alejarse de los discursos del odio. Las palabras del presidente lo atan a un programa creíble y real de regeneración política e institucional. Antes que pensar en la duración del Gobierno, es necesario meditar y pactar con otros partidos esa regeneración posible.

José-Francisco Jiménez-Díaz, Profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración, Universidad Pablo de Olavide

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