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El lanzamiento de penaltis en el fútbol tiene más de ciencia que de “lotería”

Lanzamiento de un penalti, imagen detalle del futbolista lanzandoJavier Galvez Gonzalez, Universidad Pablo de Olavide y José Manuel Cenizo Benjumea, Universidad Pablo de Olavide

Se acerca la Eurocopa de fútbol masculino de 2024 y, por desgracia, tendremos que escuchar la famosa frase tan periodística de “llega la lotería de los penaltis”. Según esta expresión, el resultado final depende más del azar que de la preparación de esta fase del juego.

¿Pueden permitirse los equipos encomendarse al azar en los penaltis? ¿Sirve de algo invertir millones en los mejores jugadores, las mejores instalaciones y alimentación o en avanzados sistemas de recuperación física y mental para después confiar en la suerte? La respuesta es no.

El resultado final siempre es imprevisible y depende de múltiples factores, pero si aplicamos la evidencia científica, las posibilidades de salir victoriosos aumentan considerablemente.

La importancia de las tandas de penaltis

La tanda de penaltis, con las que se deciden las eliminatorias y finales que terminan en empate tras el tiempo añadido, prevé diez lanzamientos, cinco por equipo. En caso de igualdad en los primeros cinco lanzamientos, se sigue hasta que uno de los rivales falle y el otro no.

En las dos últimas Eurocopas, el 23 % de los partidos de la fase de eliminación se decidieron en los penaltis, aumentando hasta un 28 % en los dos últimos mundiales. Y en las dos últimas Copas de América, de los 16 partidos de la fase de eliminación, seis (37,5 %) se decidieron en las tandas de penaltis. Con un porcentaje tan alto de probabilidad de llegar a este momento, su preparación debería ser intensiva por los que aspiren a ganar.

De acuerdo con las estadísticas, parece que las selecciones de fútbol no se esfuerzan lo suficiente en su preparación, pues en esas Eurocopas se fallaron 23 de 52 lanzamientos (el 44,2 %). En los dos últimos mundiales, de 52 se fallaron 28 (53,8 %). Hubo tandas con más errores que aciertos. En el caso de las últimas Copas de América, los porcentajes de fueron algo menores (43 aciertos y 15 errores, el 34 %).

Esta proporción de aciertos y fallos es muy diferente en los partidos de clubes. En la Champions League de 2022-23 se lanzaron 39, fallando solo 11 (28,2 %). ¿A qué puede ser debida esta diferencia? En los clubes, hay uno o dos especialistas encargados de todos los lanzamientos del equipo. Por tanto, la eficacia aumenta. El club que lanzó más penaltis en toda la competición sólo lo hizo en tres ocasiones, y es difícil llegar a las tandas de lanzamientos por el carácter de las eliminatorias a doble partido. Sin embargo, en la tanda de penaltis en una competición de selecciones, tienen que lanzar varios jugadores (hasta 9 por equipo en un partido de la Eurocopa de 2016, en el que se lanzaron 18 y se fallaron 7).

En estos casos no basta con tener uno o dos lanzadores con buen porcentaje de acierto, pues hay algunos que deben lanzar con la selección y nunca lo han hecho en sus clubes. ¿Están estos jugadores suficientemente preparados para la tarea a la que se enfrentan?

No es lo mismo lanzar un penalti en un partido aislado de una competición regular, en la que se ganan o pierden varios partidos sin trascendencia en la clasificación definitiva, que hacerlo en la tanda de penaltis de una fase final de un gran torneo, en la que un fallo significa la eliminación. En estos casos, la carga emocional puede condicionar totalmente el rendimiento.

Una lucha estratégica con el tiempo

El punto de penalti se sitúa a 11 metros de la línea de gol y la anchura de la portería tiene 7,32 metros. El lanzador debe buscar evitar al portero y se establece un interesante duelo estratégico. Si atendemos a las estadísticas de la mayoría de los partidos, se marcan aproximadamente el 70 % de los penaltis, lo que indica que el lanzador tiene ventaja. Esto incluye los penaltis con los que se sancionan las faltas cometidas dentro del área durante el tiempo de juego. Sin embargo, en las tandas de lanzamientos que deciden las eliminatorias si la prórroga acaba en tablas, las posibilidades de uno y otro se igualan.

Analicemos una posible opción, llamada estrategia independiente del portero: el lanzador chuta lejos del centro y suficientemente rápido para que no llegue. La mayoría de las paradas se producen en las zonas centrales de la portería y la mayoría de los goles anotados se consiguen cerca de los postes, aunque también se producen casi todos los lanzamientos fuera de la meta. ¿Merece la pena arriesgarse a lanzar cerca de los límites de la portería? En análisis de la liga inglesa, el riesgo a fallar lanzando a las esquinas superiores compensa el número de paradas en las zonas más bajas y centrales.

En esta estrategia, los lanzamientos son una lucha contra el tiempo. Lanzando a 80 kilómetros por hora (km/h) a la base del poste, será gol en 520 milésimas de segundo (ms). Un portero tarda entre 0,8 y 1 segundo en alcanzar una pelota situada a 70 centímetros del poste. Si el lanzador reduce la velocidad, el portero dispone de más tiempo para moverse y detenerla. A 70 km/h, la pelota tarda 590 milésimas de segundo, y a 60 km/h tardará 690 ms. Con estos valores el portero nunca podría detenerlo. Para lograr ese equilibrio entre velocidad y precisión, el lanzador debe entrenar lo suficiente para alcanzar la automatización de las acciones.

Los lanzadores prefieren engañar al portero

Sin embargo, la estrategia anterior no es la más elegida por los lanzadores, que en un 70 % de los intentos se decantan por la estrategia dependiente del portero. Esto es, conseguir engañarlo para que se lance a un lugar distinto al del balón.

¿Cómo podemos pensar que un portero se va a dejar engañar? Muy sencillo, porque éste ya sabe que si espera a ver dónde irá el balón, no llegará a atraparlo. Por tanto, intentará anticiparse y así ganar tiempo para llegar al objetivo. Hay estudios que indican que los porteros se mueven una media de 220 milésimas de segundo antes del golpeo, y algunos lo hacen hasta 600 ms antes. Con este tiempo ganado, sí pueden conseguir detenerlo antes de los 520 ms de vuelo del balón. Lanzamientos más lentos, mayor ventaja para el portero.

En esta estrategia dependiente del portero, los lanzadores aciertan plenamente si el guardameta se mueve 400 ms antes, pero la eficacia disminuye conforme el portero espera hasta 150 ms antes del golpeo.

Un lance decisivo, con firma de Premio Nobel

El premio Nobel de Literatura Peter Handke encontró en estos datos la inspiración para su relato “El miedo del portero al penalti”, llevada al cine por Wim Wenders. En el clímax de la historia, Bloch, un portero fracasado que ha cometido un crimen, ofrece la siguiente explicación al espectador que ve el partido junto a él: si el lanzador presta atención a los movimientos del portero al ejecutar la pena, puede ver en qué dirección se va a lanzar y redirigir su disparo en la otra dirección en el último segundo.

¿Cuál es la carga psicológica y emocional de las tandas de penaltis? Para entenderlo hay que partir de un axioma. El portero siempre es el mismo y puede usar varias estrategias durante la tanda. Sin embargo, el lanzador solo tiene un intento, de ahí la carga emocional que soporta. Siempre se habla de los errores de los lanzadores y de los aciertos del portero, así que ya sabemos quiénes van a ser los criticados y quiénes los aclamados cuando todo termine.

Estos son los datos y la narrativa muy resumida de algunas estrategias analizadas por la comunidad científica. Todo parece muy simple, aunque evidentemente no lo es. Las tandas de penaltis en las fases finales de los torneos tienen una trascendencia enorme en los resultados y, por tanto, deben ser preparadas a conciencia. No establecer una estrategia entre las varias existentes, y no entrenarla lo suficiente, reflejará una falta de profesionalidad en los técnicos.

Un deporte profesional que dispone de casi infinitos recursos económicos puede permitirse incorporar equipos científicos que asesoren a los técnicos sobre los avances en las ciencias del deporte.

Javier Galvez Gonzalez, Profesor de la Facultad de Ciencias del Deporte, Universidad Pablo de Olavide y José Manuel Cenizo Benjumea, Profesor asociado Facultad Ciencias del Deporte,, Universidad Pablo de Olavide

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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